La pornografía es una cuestión estatal

“El Estado es masculino en el sentido feminista. La ley ve y trata a las mujeres como los hombres ven y tratan a las mujeres”.

Catharine Mackinnon.

Catharine Mackinnon es abogada estadounidense, activista, profesora, escritora y experta en igualdad de género. Se doctoró en Derecho y luego en Ciencias Políticas en la Universidad de Yale y dedicó sus labores principalmente a la escritura en rechazo al acoso sexual, a la pornografía de estructura patriarcal y realizó trabajos internacionales intensos desde su área.

Batalló públicamente a la pornografía, atreviéndose a confrontar a uno de los negocios millonarios a nivel mundial. La autora sostiene que “la pornografía es el fascismo diario de las democracias” y que “no es una cuestión moral”. Uno de los argumentos de denuncia es que notoriamente “no hay voluntad política para erradicarla, el gobierno simplemente la ha hecho disponible para todos al no combatirla”.

A través de sus herramientas como especialista en Derecho, Mackinnon, junto con las habilidades de la activista y escritora Andrea Dworkin, crearon un Modelo de Ordenanza Antipornográfica, aunque el Estado liberal sólo optó por aproximarse a un intento falaz de regulación de la pornografía mediante las leyes de Obscenidad.

Mackinnon sostuvo al respecto en sus libros que la obscenidad es un concepto un tanto abstracto, y que remite netamente a prácticas morales, en cambio, la pornografía es en realidad una práctica política, por lo tanto, no aplica la teoría constitucional estatal. A partir de esta fuerte y valiente denuncia, la autora recibió amenazas de muerte para que deje de lado su postura pública.

¿Qué significa la sexualidad para una pensadora de magnitud como Mackinnon?

Es un constructo social de poder masculino, que está íntegramente definido por los hombres, impuesto a las mujeres y es constituyente del significado de género. Aunque la autora lamenta que para la cultura, históricamente, la concepción de lo sexual está puntualmente ligada a todo lo que produzca una erección a un hombre.

Dice Mackinnon: “Las mujeres son transformadas y se las hace acoplarse con cualquier cosa que sea considerada inferior al ser humano: animales, objetos, niños y (por supuesto) otras mujeres. Todo aquello que las mujeres han reclamado como propio -la maternidad, el atletismo, los puestos tradicionales de los hombres, el lesbianismo, el feminismo- se vuelve particularmente erótico, peligroso, incitante, castigado, apropiado por los hombres en la pornografía”.

Según dicho argumento, la pornografía es un medio a través del cual la sexualidad se construye socialmente, un sitio de construcción, mediante el cual el dominio de ejercicio es llevado a cabo por los hombres. Analizando sitios web que proveen audiovisuales pornográficos, podemos observar que en promedio, las categorías habituales son las siguientes:

  • Colegialas/ Jovencitas
  • Incesto
  • Culonas
  • Transexuales
  • Gordas
  • Anal
  • Mamadas
  • Doble penetración
  • Sexo fuerte
  • Fisting (introducción de la mano dentro del ano o vagina)
  • Lésbicas
  • Asiáticas
  • Latinas
  • Negras
  • Interracial
  • Sadomasoquismo
  • Vírgenes
  • Violaciones

Lo que se observa en la pornografía que circula libremente en las profundidades de la red, es lo que los hombres quieren: mujeres pasivas, atadas, sometidas, golpeadas, humilladas, violadas, o en el mejor de los casos, mujeres que desean ser usadas. Pareciera que las mujeres tienen derecho a desear, siempre y cuando deseen ser tratadas como objetos.

Pareciera ser además, que tanto lo prohibido, como los tabúes, son una maquinaria productora de excitación a niveles extraordinarios. El hombre ha sido históricamente el constructor social del “deseo femenino”, de todo lo comprendido como potencialmente “erótico”, “sensual”, “apasionado”, y hasta “violento”, término que nuestro lenguaje utiliza como un sinónimo más de la palabra “apasionado”. De ahí que durante años el periodismo haya utilizado la expresión “crimen pasional”, para referirse a los “femicidios”.

La restricción, el servilismo, la exhibición, la automutilación, la pasividad impuesta, la humillación, y la presentación del ser femenino como “algo bello”, se convierten en parte del contenido de la sexualidad adecuada para las mujeres. Asimismo, el supuesto de que las mujeres quieren lo mismo que los hombres desean de ellas, es lo que convierte a la violación, en sexo.

La pornografía muestra cómo los hombres ven el mundo, cómo se apropian de él, cómo lo poseen, cómo lo moldean. Si bien la autora hace una férrea crítica, su dirección está lejos de relacionarse con las moralidades, es un intento por mover las estanterías de lo estatal, ya que la búsqueda de una sexualidad igualitaria sin una transformación política, equivale a buscar la igualdad bajo condiciones de desigualdad.

Bibliografía:

MACKINNON, Catharine. “La pornografía no es un asunto moral” en MACKINNON, Catherine y POSNER, Richard. Derecho y pornografía. Siglo del Hombre Editores, Santafé de Bogotá, 1996.

MACKINNON, Catharine. “Sexuality”, capítulo del libro Toward A Feminist Theory of the State, publicado por Harvard University Press, USA (1987), pp. 127 – 154.

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