Orgullo y Prejuicio: Trabajo Sexual Autónomo

La Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (Ammar), fundada en 1994 e integrante de la CTA desde 1995, presentó en 2013 su proyecto para la regulación del trabajo sexual autónomo. Desde entonces, luchan por su tratamiento en el Congreso Nacional. Reclaman que son invisibilizadas, no sólo por los políticos y los grandes medios de comunicación, sino también por sectores del feminismo abolicionista.

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Con varios años de lucha a sus espaldas, las afiliadas de Ammar eligieron autodefinirse como trabajadoras sexuales y no prostitutas, para dejar de cargar con el estigma que recae sobre su actividad. Con el mismo objetivo, intentan dejar bien en claro la diferencia entre proxenetismo y trata de personas con fines de explotación sexual –ambos delitos- y trabajo sexual autónomo –actividad lícita-.

Desde Ammar reclaman que quiénes defienden el lema “mi cuerpo es mío” muchas veces olvidan que las trabajadoras sexuales tienen el mismo derecho que cualquier otra persona a la autodeterminación de su cuerpo y su sexualidad, y que no necesitan que nadie hable por ellas. Cuestionan las condiciones en que ejercen su actividad y no a la actividad en sí misma.

La asociación denuncia que aún existen en Argentina medidas que penalizan el trabajo sexual. Por ejemplo, el Código Contravencional de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el Código de Faltas de la Provincia de Buenos Aires (Decreto Ley 8031/1973) establecen multas y/o arrestos para quienes ofrezcan o demanden sexo en espacios públicos. Además, el decreto 936/2011 prohíbe la difusión de mensajes con ofertas sexuales.

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Debido a la situación adversa en el ámbito legislativo que fomenta la clandestinización de su actividad, proponen el tratamiento de un proyecto de ley que regule su ejercicio. Definen como trabajo sexual a “la actividad voluntaria y autónoma de ofrecer servicios sexuales a cambio de un pago y para beneficio propio”. Mediante estas precisiones, buscan protegerse del proxenetismo y desprenderse de la vinculación con la trata de personas.

De a poco, y cuestionando el sentido hegemónico sobre la sexualidad, las mujeres de Ammar se van ganando un lugar en la lucha feminista. El 8 de marzo, fueron incluidas por primera vez en el manifiesto que se leyó en la marcha por el Paro Internacional de Mujeres.

Sin embargo, el debate sigue vigente entre quienes sostienen que todo comercio sexual implica explotación y debe ser erradicado, y quienes denuncian que la decisión es individual y debe ser respetada la autonomía de cada mujer sobre su propio cuerpo.

 


Fuentes:

Imágenes extraídas de:

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