Morir en plena vida

Jennifer Farías murió a los 19 años, cuatro días después de haber dado a luz a Ian Giovanni en la habitación 114 del Hospital Santojanni. Desde que inició su internación hasta el día de su muerte sufrió insultos, maltratos e indiferencia por parte del sistema de salud. La familia nunca encontró justicia y la historia se sigue repitiendo, reflejada en miles de mujeres todos los días.

El pasado 8 de marzo, Evelin Santillán decidió ir por primera vez a la Marcha de las Mujeres. No había participado de ningún Encuentro Nacional de las Mujeres. Nunca le importaron demasiado los debates del feminismo, siempre le interesó más el tire y afloje cotidiano de la política en La Matanza, su barrio y su casa. Ese día, sin embargo, la convocó la memoria de su amiga de la secundaria, Jennifer Farías.

“A Jenni la mató la mala praxis y la violencia obstétrica”, explicaba con tono sobrio a periodistas e interesados que se acercaban a preguntar por la chica de la media sonrisa, el piercing negro sobre el labio y la panza abombada estampada en su remera.

Después, sentenció: “Todas acá cargamos con algo”.

Para las cuatro de la tarde, la Plaza de los Dos Congresos ya estaba rodeada de columnas de mujeres. En la esquina de Rivadavia y Rodríguez Peña, Evelin se perdía entre las militantes de los espacios kirchneristas y saludaba a conocidas de la organización en la que milita, la Corriente Peronista Descamisados. Le había costado llegar por la cantidad de calles cortadas y, además, como mujer nacida y criada en el límite entre las localidades de Isidro Casanova y Gregorio de Laferrere, no se lleva bien con la Capital.

“En esta foto tenía 19 años. La edad que tenía cuando falleció”, contaba mientras estiraba la remera hacia abajo con las dos manos para que se leyera con claridad la consigna: “JUSTICIA POR JENNI”.

En la noche del 18 de julio de 2012, cuatro días después de haber dado a luz a Ian Giovanni, Jennifer Farías murió en el hospital Santojanni. Los médicos le habían recomendado el alta ese mismo mediodía. Desde el parto, ella sentía molestias, decía que le costaba caminar, que le faltaba el aire y le dolía el pecho. Su madre insistió a los profesionales de la salud con que no la veía nada bien. La respuesta fue unívoca: se queja porque es primeriza, una caprichosa y una nena de mamá.

En su acta de defunción consta: “muerte por paro cardiorespiratorio no traumático”, sin más detalles, pero cuando se internó en el Santojanni para recibir a Ian, estaba saludable, con todos los controles al día y aprobados.

“Durante la internación se la veía triste, todo el tiempo pedía que la llevaran a la casa, que quería estar con el papá. Todo el mundo decía eso: Jenni estaba triste; pero nadie muere de tristeza”.

Ahora, bancátela

El sábado 14 de julio del 2012, Jennifer Farías entró en trabajo de parto. Viajó con su madre, Mabel Allegrini, y su pareja, Leonardo Ríos, desde su casa en Gregorio de Laferrere hasta el hospital Santojanni, en el barrio porteño de Liniers. A Evelin le llegó un mensaje en la madrugada del domingo 15 que le avisaba que su amiga había dado a luz por parto natural a un nene sano. Para ese momento,  el mecanismo de la violencia y el abuso institucional ya se había puesto en marcha.

Entre las 8 y las 10 de la noche, Jennifer fue separada de su familia y se le negó toda compañía. Ian nació a las 5:15 de la madrugada.

“A la madre le decían que no se meta, que estaban trabajando. Sostenían que sabían lo que hacían. Durante toda la noche preguntó y no le dieron información de si estaba bien o mal, si ya había tenido o no a Ian. A las 8 de la mañana del domingo le dijeron: Ah, ¿Farías? Si ella ya tuvo como hace tres horas”.

Jennifer, tras haber roto bolsa, tuvo que esperar durante cuatro horas, sola en un pasillo, porque no había camillas disponibles en la sala de parto.

Luego del nacimiento, le designaron la habitación 114, en el primer piso del hospital, para pasar su internación. Allí descansaban otras cuatro mujeres, pero la familia Farías quedó en contacto con la que, casualmente, compartía apellido: Nerina Farías. La compañera de cuarto se convirtió en la única testigo presencial del trato médico, pero nunca fue llamada a declarar durante el juicio.

Nerina contó que, cuando entraban las enfermeras, le decían a Jenni: “ésta es la que se portó mal en la sala de partos, la nenita de mamá”. También, le gritaban: “cuando te abriste de piernas no llamabas a mamá, ahora bancátela”.

“Cuando te abriste de piernas no llamabas a mamá, ahora bancátela”.

Día de lluvia

Una semana después del Paro Internacional de las Mujeres, Evelin entró en la cafetería Carreto a las 5:30 de la tarde. Afuera se había desatado una lluvia espesa y Arieta, la calle principal de San Justo, estaba empapada. Se quitó la capucha y asomó una sonrisa. Su amiga, Johanna o Campanita, como le dicen afectivamente, acababa de ser mamá por tercera vez. Desde el 2008, Campanita, Evelin y Jennifer compartieron todas sus jornadas escolares.

“Éramos un grupito, andábamos siempre juntas. En la primera clase de Salud y Adolescencia me hicieron sentar con Jenni y nos caímos bien. Ahora, la mayoría de las que conocí en la escuela son mamás”.

Jennifer era la más reservada del grupo. Evitaba tratar a quienes no conocía y no hablaba demasiado sobre su vida. Cuando se sentía mal, lo escondía para no preocupar. Evelin se enteró en el velorio que Jennifer pedía todos los días irse del hospital, que no soportaba la estadía. El martes 17 de julio a la noche, llamó llorando a su madre para que la fuera a buscar. Tampoco le había contado que había sufrido un importante desgarro durante el parto.

Desde inicios de la semana, pidió expresamente a sus amigas a través de mensajes de texto que no la fueran a visitar: “Estoy bien, comprá la comida para la juntada del viernes”. El 20 de julio se celebraba el Día del Amigo y planeaban festejarlo en la casa de Jennifer, con el nuevo integrante de la familia.

“También era re celosa. Yo pienso que, si ella estuviera viva, no me hubiera dejado militar nunca”, Evelin imaginaba y se reía. La vista se le perdía a través de los ventanales de la cafetería y se posaba en la cortina de agua que caía del toldo del restaurante.

*

El miércoles 18 de julio del 2012 también llovió mucho. Jennifer parecía empeorar. Sin embargo, los doctores consideraban que estaba en condiciones de irse y le dieron el alta. Mabel se rehusó a llevar a su hija a la casa ya que notó que le costaba respirar.

Una doctora aceptó dejarla en internación un día más, para que “recuperara fuerzas”, y ordenó hacerle una ecografía.

A Jennifer se le complicaba levantarse de la camilla. Su mamá intentaba ayudarla pero la doctora ordenó: “no la ayudes, que se vaya caminando sola porque ya puede caminar”. Cuando volvió de la visita al ecografista, se desmayó en el pasillo. La llevaron hasta su camilla, aunque su habitación no tenía tubos de oxígeno para tratar su insuficiencia respiratoria.

A las 9 de la noche, Jennifer murió. Sus últimas palabras fueron para Nerina, su compañera de cuarto: “Cuidame el bebé”.

violencia

Tapar la negligencia con más negligencia

“Esa ecografía que ella se hizo el 18 de julio de 2012 nunca apareció. No está en la historia clínica”.

Evelin hablaba despacio y suave, pero aun así era fácil distinguir la indignación en su voz. El lunes 23 de julio la familia se presentó en la comisaría N° 42 de Mataderos para denunciar las irregularidades del hospital. Ya habían acudido el día de la muerte de Jennifer, pero el policía de turno no tomó la denuncia porque en el acta de defunción figuraba “muerte por paro cardiorrespiratorio” y, por lo tanto, no hacía mérito. Cinco días más tarde, el mismo oficial aceptó su pedido.

Iniciado el proceso judicial, Andrea Farías, hermana mayor de Jennifer, pidió al Santojanni su historia clínica. Lo extraño fue que los administrativos demorasen cuatro horas en entregarle las 33 fojas anilladas que comprendía.

Evelin y Andrea se tomaron su tiempo para revisarla con detenimiento. Así, encontraron un papel llamativo: un acta que desligaba de toda responsabilidad al hospital en caso de que ocurriera algo dentro de la sala de partos. Estaba fechada el día del nacimiento de Ian y, supuestamente, había sido firmada y acatada en todos sus puntos por Jennifer mientras lidiaba con las contracciones.

Al pie del acta, en el campo correspondiente a la firma del paciente, constaba un garabato en cursiva, al estilo de “gancho”. Pero algo no cuadraba: Jennifer no tenía firma. Solía escribir su nombre y apellido en la documentación importante. Tampoco escribía en letra cursiva, sólo en imprenta minúscula.

“Había una ecografía con fecha del 24 de octubre del 2011 (nueve meses antes del parto), el día de mi cumpleaños. Y para el día de mi cumpleaños, ella no se atendía en el hospital ni sabía que estaba embarazada. Ese día estuvo conmigo”, afirmó Evelin mientras daba sorbos a un café que ya estaba frío.

Más tarde, los resultados de la autopsia indicaron que la muerte había sido causada por un edema agudo de pulmón, generado por una insuficiencia cardíaca de larga data. Es decir, Jennifer siempre había cargado con un corazón con ventrículos y miocardio aumentados: un corazón más grande que lo normal. Esa condición le aportaba un riesgo de muerte en el puerperio o post-parto.

Su patología podría haber sido tratada y controlada, si hubiera sido detectada. Pero, aparentemente, ningún estudio ni doctor lo localizó a tiempo, o lo descubrieron pero no hicieron nada para prevenir su muerte.

La indiferencia generalizada del personal del hospital hacia la preocupación de la familia y hacia los síntomas de Jennifer derivó en negligencia, agravada por la falta de suministros del hospital, como camillas y tubos de oxígeno. Después de todo, solo era una primeriza que “se quejaba por maricona”.

El dato perdido

Nerina Farías no murió, pero reconoció su paso por el Santojanni como parte de los peores momentos de su vida. Se puso a disposición de la familia de Jennifer para contar su versión de los hechos y para hacer justicia por la violencia que ella había sufrido. Las enfermeras también la habían tratado de “nenita”, “mamita”, “mimada”.

Pero la Justicia nunca la llamó a declarar y, por ende, en la causa N° 27.213 por “Averiguación de Muerte, causante: Jennifer Farías” tramitada ante el Juzgado de Instrucción N° 48, no consta un dato que podría haber sido crucial para la investigación:

Nerina notó que la historia clínica que Jennifer tenía colgada a los pies de su camilla decía “Nerina Farías”. A su vez, en la de Nerina figuraba “Jennifer Farías”. El mismo apellido, al parecer, podría haber sido causal de equivocación para las enfermeras y médicos.

La trataron con una serie de medicamentos de los cuales aún hoy guarda los paquetes. Medicamentos que ella no entendió bien para qué servían. Su internación se prolongó más de lo usual: entró en el Santojanni un día antes que Jennifer y estuvo ahí hasta después de su muerte. Alrededor de una semana, en total.

Este punto no fue investigado. Así como tampoco se prestó a Nerina la atención psicológica que merecía tras haber sufrido los mismos agravios que Jennifer y haber sido testigo de su muerte. Actualmente, la causa está cerrada y archivada.

Las paredes siguen valiendo más

El 7 de agosto del 2012, días después de la muerte de Jennifer, entre 60 y 70 personas entraron al hospital Santojanni, escracharon las paredes y agredieron al personal médico. Exigían justicia, expresaban su bronca. Los familiares de Jennifer desconocieron tener relación con la gente que irrumpió en la institución, pero la consigna “Justicia X Jenni” en aerosol quedó en las paredes del hospital por mucho tiempo más.

“Después de eso, levantaron el caso en todos los medios. Pero lo levantaron como ‘incidentes en el hospital’. Y recién después hablaban de su caso”.

Los titulares de Clarín esa semana hicieron referencia al paro de actividades, las agresiones y a una “muerte dudosa”. La Nación habló de “un día de furia”. La mayoría hizo hincapié en la falta de seguridad hospitalaria y el caso de Jenni se fue desdibujando en las páginas.

A raíz de la protesta, la Asociación de Médicos Municipales (AMM) convocó un paro de actividades para el día siguiente, para reclamar mayores medidas de seguridad. Este hecho se inscribió como uno más en una serie de episodios violentos que el hospital había vivido en el lapso de unos meses: desde el apuñalamiento del joven Sergio Paravagna mientras estaba en la guardia en 2011, hasta la irrupción de la barra brava de Nueva Chicago que perseguía al jefe de la barra de Las Antenas en el 2012.

El contexto: la pulseada por la seguridad de los hospitales porteños. Nilda Garré era Ministra de Seguridad de Nación y había retirado a la Policía Federal de la custodia de las instituciones de la salud de Capital, con el pedido de que la Metropolitana, a cargo del gobierno de Mauricio Macri, cubriera esos territorios.

María Eugenia Vidal, entonces vice jefa del Gobierno de la Ciudad, declaró públicamente que habían recopilado filmaciones e información para probar que los disturbios habían sido causados por “una patota política” kirchnerista. También, calificó al hecho de “inaceptable”.

“El Gobierno de la Ciudad salió a decir que las paredes de un hospital no se pueden pintar de esa forma; pero de Jenni, nada. Bueno, las paredes no se pueden pintar, pero la piba se puede morir. Como siempre, te indigna más la pared pintada que la muerte de la piba”.

Nos queda la política

La ley N° 26.485 de Protección Integral a las Mujeres, sancionada en 2009, tipificó la violencia obstétrica como una modalidad de la violencia que se ejerce sobre las mujeres de manera sistemática. La Ley de Parto Humanizado (N° 25.929), redactada en 2004 pero reglamentada apenas en 2015, reconoce los derechos de toda madre a ser informada sobre todas las intervenciones médicas, la evolución del embarazo y del parto, y a elegir acompañante para todo el proceso. La realidad demuestra que la legislación no siempre es acatada.

La organización Las Casildas creó en octubre del 2015 un Observatorio de Violencia Obstétrica (OVO). Tomó como muestreo las experiencias de más de 4900 mujeres en sus partos o cesáreas, la mayoría de ellas primerizas, para delinear el estado de situación de la atención perinatal en Argentina.

Los resultados fueron alarmantes. Ante el maltrato verbal por parte de los profesionales de la salud, que se presentó como una constante en la mayoría de los casos, más de la mitad de las mujeres admitieron no poder expresar sus miedos. Entre 2 y 3 de cada 10 mujeres recibieron insultos o comentarios irónicos por demostrar emociones antes y durante el parto o cesárea. “Bien que te gustó” y “dejá de quejarte, maricona”, entre otras, son las herramientas de una violencia sistematizada, ejercida del personal médico hacia la paciente en situación de vulnerabilidad.

El 53% de las madres fueron tratadas con sobrenombres o diminutivos como “mamita”, “nenita”. El OVO explicó que, en el contexto de relación asimétrica profesional-paciente, el sobrenombre acentúa el carácter unilateral del poder: básicamente, a ninguna mujer se le ocurriría tratar de la misma manera a un médico. Es un rasgo más del paternalismo que rige a la atención médica.

Por último, la ausencia de “testigos”: al 30% de las mujeres se les negó el acompañamiento de un familiar durante el trabajo de parto, al 40% durante el parto o cesárea, y al 20% en el post-parto.

Estos números se desprenden de un sistema que se empeña en considerar al embarazo como enfermedad, a la mujer como inestable e incapacitada para decidir, y a su cuerpo como un territorio pasivo de ser intervenido a piacere. El portador del ambo tiene la potestad de decidir sobre la vida y la integridad de la madre y su hijo o hija, sin necesidad de consentimiento.

“En ese momento, no sabíamos bien nuestros derechos. Ni antes ni durante. Y ni la Justicia ni ninguna institución jugó a nuestro favor”.

Cinco años después, Ian acaba de empezar el jardín, casi a la par del nacimiento de la tercera hija de Campanita. Evelin guardaba el celular en la cartera mientras explicaba que ya era hora de irse: la esperaba una reunión de la militancia. Todo cambió mucho desde el 2012.

Mientras se levantaba de la silla, Evelin se detuvo unos segundos y concluyó:

“Estas cosas nunca se arreglan en la Justicia. Nos queda la política”.

Para contactarse:

https://www.facebook.com/justiciaxjenni.farias.7

Fuente imagen:

http://www.mundotkm.com/ar/sociedad/816111/que-es-la-violencia-obstetrica-y-por-que-es-violencia-de-genero

3 comentarios en “Morir en plena vida

  1. Yo sufri algo similar en el santojanni un 31 de diciembre del 2012 me realizaron una cesárea dedpues de aver ido cinco dias y me dedian q no estaba en fecha q nobpodian hacer nada estube con contracciones todos esos dias el 31 fuy al bsño aser pus y tenia algo verde como una pasta fuy urgente al hospital me dijeron q me ivan a realuzar cesarea de urgencia entre a sala de parto con mucho miedo era mi primer bebe y una me dijo q pasa cambia la cara q ahora tenes miedo yo le contedte q te parese mibprimer hijo y por cesarra el anestesusta se porto muy bien me hablo trato de distraerme y me hablava mientrss ellas hanlaban de mi cuerpo de mis defectos una total falta de respeto nacio mi hijo se lo llebaron no estaba bien el teniadis pulmones complicados me ddejaron en un pasillo muerta de frio avia una chica atada de manos porq desian q se pegaba en la panza porq no dilataba la cuestion q esa chica se la llebaro a sala de parto con el bebe colgando del dolor de agarto de mi camilla y me aranco el suero le dije ala enfermera y me dijo espera q venga otra yo ya me voy tenia frio mareo pasaron las parteras le repeti lo mismo q le habia dicho a la enfermera y ellas muy riéndose con la cara dibujada co maquillaje artistico porq estaban festejando q ya era año nuevo tenia una lata de espuma la de los corso y me iso un sombrero de espuma en la cabesa y me dijo espera q te encuentren cama y te suban ay le desis a la enfermera cuando subi me areglaron el suero ami familia le dijeron q todo habia salido bien q enseguida subían a mi bebé cosa q no era asi y pedi q ballan a verlo y despues q tanto mi marido insistio le dijeron no mira no lo podes ver esta mal tiene liquido meconial en los pulmones dos días despues de no conocer ami bebe porq estaba en neo pude bajar eir a verlo ese mismo dia empese cob precion muy alta 20/13 19 /12 me desian q eran los nervios al cuarto dia seguia muy mal yo no me dejaban bajar a ver a mi bebe por mi precion y esa noche era como q me desmallabaen la camilla me deapertaba avia doctores enfermeras a mi aalrededor una persona escuchaba yo q desia mañana mismo le das el alta no la podes tener aca asi me aplicaron 3 inyecciones ese dia alotro dia me quisieron dar el alta yo me nege porq alguien me dijo q lo isiera q mientras mi bebe siga internado podia estar ay asi q lo ise al otro dia me mandaron hacer una ecografia y el q asi la ecografia no estaba asi q esperamos un dia mas cuando me la isieron se enojo mucho dijoq dia tuviste estan todas iguales q les isieron yo no entendia nada termine la eco fuy aver a los medicos y no estaban baje a ver a mi bebe luego suby y mi vcompañera de sala me dijo q me havian ido a buscar me aserco de nuevo al consultorio de los medicos y me dijeron q ases dando bueltas no se puede esperar mas estas mal yo no entendia nada me acostaron me sacaron la faja yo vi q agarro un vistury y empeso a cortar mis puntos yo le dije para q me estas asiendo dijo yo soy la doctora yo le dije es mi cesarea y me dijo tenes liquido adentro tenes una infeccion si yo no te abro se va hacer puz me abrieron y me metieron medio paquete de azucar porq eso me iva sicatrizar esa sola ves me limpiaron y me curaron porq no me lo hacian solo una enfermera le mostro una ves mas aun pariente mio como lo tenia q hacer asi q ese pariente me lo tenia q hacer todo los dias al 10 dia ya tube a mi bebe conmigo alos 14 dias recien me dieron el alta pedi mi historia clinica porq queria hacer algo ya q las once cesareas q hubo ese dia todas estabamos iguales abiertas toda la cesaria y asiendonos curaciones con azucar fuy a pedir mi historia me dijeron q en una semana la balla a buscar volvi a buscarla y me dijeron q no estaba q estaba desaparesida q hable con la doctora q me atendio después del parto para q me la reaga se lo pedi y fue envano ya q no tubo en cuenta ninguno de sus errores para mi sorpresa el dia del parto los q me operaron eran aprendises ya q me lo confirmo el cirujano de la clinica paredes dos años después q fuy a tener ami segundo bebe el era el cirujano de el santojany y el no estubo en mu cesarea lo cual ahora mi primer cesarea me trajo problemas la mala cicatrisacion de esa cesarea mal echa formo aderencias casi no soporte mi segunda cesarea mis organos edtaban todos pegado hoy estoy embarazada nuevamente con riesgo de vida posiblemente no lo aguante pero es lo q hoy me toca solo pido poder estar muchos años mas por lo menos para mis hijos

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    1. Hola, Carolina, es muy fuerte tu historia. Sin lugar a dudas, es lo que le pasa a muchas mujeres en diferentes hospitales. El Santojanni ya viene recopilando varias historias, pero casi ninguna llega a la Justicia o a los medios. Es la organización entre familiares, víctimas y militantes lo que debería ayudar a visibilizarlo y a ejercer presión para encontrar una solución. Muchas gracias por compartir tu experiencia y tu preocupación acá, ayuda a seguir dejando expuesto las diferentes formas que toma la violencia obstétrica. Saludos.

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