No tengo tiempo para ser madre

La entrada masiva de las mujeres al mercado laboral y su creciente acceso a estudios superiores dio paso a un modelo de mujer muy diferente al que la sociedad estaba acostumbrada. Una mujer empoderada, con ansias de crecer en lo profesional e intenciones claras de hacerse un espacio en un mercado laboral profundamente masculinizado. Al día de hoy, ya con toda una generación de profesionales formadas y capacitadas de excelencia, conceptos como mujeres directivas o conciliación familiar aún nos parecen demasiado lejanos. 

Si bien cada vez se pone más énfasis en la idea de que las mujeres debemos estar empoderadas a través de la cultura, la formación y la emancipación en todos los niveles, el discurso predominante nos habla de un tal “instinto maternal” y de algo llamado “reloj biológico” que, al parecer, sonará dentro nuestro seguramente entre los 25 y 30 años y nos despertará unas ganas incontrolables de ser madres, aunque eso no encaje en nuestros planes.

Existen cada vez más mujeres que deciden no ser madres, en contra de aquellos dogmas sociales que las presionan para hacerles creer que están dando la espalda a su verdadero cometido en el mundo. Aun si los motivos por los que las mujeres deciden no tener hijos son muy diversos, centrémonos en el aspecto profesional. A pesar de vivir en una sociedad en la cual la incorporación de la mujer al mercado laboral es plena, el acceso a puestos directivos no es equitativo, por lo que, en ocasiones, han de escoger entre la maternidad o su carrera.

Este artículo no pretende ser una especie de “manifiesto antinatalista”, pero los datos hablan por sí solos: en la actualidad, los hijos y las hijas suponen un obstáculo en el crecimiento profesional de los progenitores, que recae prácticamente al cien por cien en la madre. El Instituto Nacional de Estadística de España deja constancia de que, a mayor número de hijos, menor es la tasa de ocupación de las mujeres, la cual cae hasta la mitad mientras que la de los hombres apenas sí sufre variaciones.

En esta brecha de oportunidades profesionales entre hombres y mujeres ganan gran protagonismo los permisos por maternidad y paternidad. Pocos son los países en el mundo que regulan que esta clase de permisos sean remunerados y, entre aquellos que lo hacen, las diferencias son sumamente amplias. En Argentina las trabajadoras disponen de 90 días naturales de permiso por maternidad mientras que los trabajadores tan solo disponen de dos días naturales, con lo cual si su hijo o hija nace un día viernes, el permiso de paternidad es inexistente.

Son países europeos nórdicos, como Suecia, Islandia o Noruega, por el contrario, los que ofrecen mayores beneficios a la hora de conceder esta clase de permisos. En Islandia, por citar un ejemplo, en el año 2000 se equipararon los permisos de maternidad y paternidad, estipulando la misma cantidad de días de forma intransferible para ambos progenitores y dejando un margen de días a repartir según decisión de cada pareja.

Con esta clase de políticas se persiguen dos objetivos claros: por un lado, no desperdiciar el talento femenino ya que, si las empresas han de otorgar la misma cantidad de días de permiso por paternidad que por maternidad, el hecho de que sea la mujer quien de a luz no será un factor determinante a la hora de contratarla. Por otro lado, se fomenta la participación de los padres en la crianza de sus hijos e hijas y la repartición equitativa de las tareas domésticas.

Si bien la normativa de la Organización Internacional del Trabajo exige que los permisos de maternidad tengan un mínimo de 14 semanas, la clave no está tanto en la duración de los permisos para las madres sino para los padres. Las políticas de conciliación familiar van siempre enfocadas a que las mujeres traspasen la responsabilidad completa del cuidado de los hijos; esta situación oculta la realidad de que el verdadero éxito está en políticas que establezcan permisos de paternidad y maternidad de una duración considerable para ambos progenitores, y que estos permisos sean de un tiempo equitativo e intransferible, de manera que los padres tengan mayor presencia en el hogar y deje de penalizarse la maternidad por parte de las empresas en el mercado laboral.

 

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