Acoso callejero: otra forma de violencia sexual

Del 7 al 13 de abril, se ha celebrado la semana internacional contra el acoso callejero: otra forma de violencia machista que afecta a diario a millones de personas, principalmente mujeres, y que está totalmente naturalizada en nuestras sociedades. 

El Observatorio Contra el Acoso Callejero de Chile define el acoso sexual callejero como aquellas prácticas de connotación sexual ejercidas por una persona desconocida, en espacios públicos, como la calle y el transporte, o espacios semipúblicos, que suelen generar malestar en la víctima. Estas acciones son unidireccionales, es decir, no son consentidas por la víctima, y quien acosa no tiene interés en entablar una comunicación real con la persona agredida.

A partir de alrededor de los 12 años, las niñas comienzan a vivir situaciones de acoso sexual callejero que se extenderán durante el resto de sus vidas. Este tipo de comportamientos incluyen desde los llamados “piropos”, comentarios obscenos o silbidos, hasta exhibicionismo por parte del acosador, persecuciones a la víctima e incluso tocamientos y agresiones físicas.

Un estudio realizado en 2016 por MuMalá y el Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana evidenció que el 100% de las mujeres encuestadas había sufrido en algún momento de su vida una situación de acoso en la vía publica. El 84% de ellas había recibido bocinazos o silbidos, el 70% había sido víctima de comentarios sobre su aspecto físico, al 47% de ellas las siguieron y un 29% llego a ser víctima de tocamientos.

Gran parte de la sociedad, en su mayoría hombres, considera que los “piropos” son halagos, e insinúa que las mujeres que se quejan de esta clase de comportamientos están exagerando. Incluso se tiende a culpar a la víctima tanto por su forma de vestir, por las calles por las que transita, por los horarios en los que hace uso del espacio público o por si se mueve sola o acompañada.

Estas personas consideran que llamar acoso sexual callejero a lo que ellos entienden como simples comentarios es un despropósito, porque no son conscientes de la forma en la que estas acciones condicionan el día a día de las mujeres. El mismo estudio antes mencionado destacó que el 87% de las mujeres evita zonas oscuras o con poca gente, el 67% opta por rutas alternativas, el 63% busca salir acompañadas y el 51% altera su vestimenta con el objetivo de pasar lo más desapercibidas posible.

El Observatorio Contra el Acoso Callejero de Chile recomienda responder al agresor siempre que el entorno sea seguro y el agresor no amenace nuestra integridad física. Debemos mantener una actitud calmada, con respuestas asertivas, claras y potentes, adoptando una postura segura, mirándolo a los ojos y hablando fuerte y claro. Asimismo, siempre se recomienda denunciar las situaciones de acoso y en lo posible recoger pruebas del hecho, como grabaciones o fotografías, siempre que sea seguro para nosotras obtenerlas.

Pero cuando pensamos en cómo debemos reaccionar ante este tipo de acciones, resulta indignante ver como es la propia policía la que en ocasiones recomienda a las mujeres no enfrentarse a los acosadores, tal y como sucedió en el caso de Aixa Rizo, la joven que denunció a través de las redes sociales la situación de acoso que vivía por parte de unos operarios que trabajaban en su calle.

El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires aprobó una ley que establece multas de entre 200 y 1000 pesos y entre 2 y 10 días de trabajo comunitario a aquellas personas que acosen sexualmente a otras en lugares públicos o privados de acceso público siempre que el hecho no constituya delito. Otros países también tienen sus propias leyes contra el acoso callejero, como Estados Unidos, que castiga con prisión los casos comprobados de hostigamiento sexual, o México y Perú, que también disponen de sus propios mecanismos legales contra el acoso sexual callejero.

El problema de este tipo de leyes, además de la dificultad que supone para una víctima de acoso callejero comprobar que ha sido acosada, es que, por si solo, el aumento de las penas no trae aparejada una reducción de los comportamientos que pretendemos modificar. De aquí la importancia de realizar fuertes campañas de educación ciudadana para concienciar al conjunto de la sociedad de que este tipo de prácticas son actitudes machistas que han de ser erradicadas.

Aquellas personas que sean testigos de acoso sexual callejero también han de pronunciarse, ya que de otro modo están siendo cómplices de la perpetuación de prácticas sexistas. Es importante que la ciudadanía entienda que el acoso callejero no forma parte de la libertad de expresión individual, ya que se está vulnerando de manera expresa el derecho al libre tránsito de las personas y nadie debe sentirse cohibido a la hora de utilizar los espacios públicos que nos pertenecen a todos.

 

 

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