Asesinos sueltos, mujeres encerradas

El accionar de la justicia en relación a casos de violencia de género.

El reciente caso de Micaela García trajo consigo una carga de debates relacionados con el sistema judicial y su eficacia. En Argentina, a lo largo de los años, más de una vez se han presentado casos donde asesinos ya encarcelados recibieron la libertad por “buena conducta” o simplemente por prácticas ilegales entre jueces y representantes del sistema legislativo. Esto lleva a pensar que los casos no son aislados, sino que se apoyan en todo un aparato que es violado constantemente, lo que genera trágicas consecuencias: violadores y asesinos libres.

“Le dije que estaba soltando a una fiera, le pregunté dónde estaba la buena conducta si este sujeto no se puede contener ni dentro del penal y me dijo que era inocente hasta que se demostrara lo contrario”, expresó una de las víctimas de Rubén Galera, quien fue acusado de violar a tres mujeres y, tras recibir 16 años de condena, sólo cumplió 12 dado que al observar su “cambio de conducta” fue premiado con la libertad condicional. Su última víctima sostuvo que “vive en agonía” desde que él volvió a las calles.

Andrés Soza Bernard había sido condenado a 13 años de cárcel por el asesinato de su novia, de los cuáles sólo cumplió 6. Según la ley, el tiempo de las condenas se puede reducir para aquellos que estudian en la cárcel; en este caso, tras las rejas, Soza se dedicó a hacer dos cursos de comercio exterior, entre otros, y además en 15 de las 18 evaluaciones que le hicieron lo habian calificado como “ejemplar”. A pesar de esto, en 2016 fue condenado nuevamente por el homicidio de un joven de 21 años.

Manuel Díaz, había sido sentenciado a prisión por abusar de su hija menor de edad. Cuando fue liberado,  volvió en búsqueda de la niña y una noche la golpeó salvajemente, la llevó a un terreno baldío y la volvió a violar. Luego, la chica fue encontrada inconsciente por una vecina que dio aviso a la policía y la trasladaron al hospital. El hombre fue capturado de nuevo, pero el daño ya estaba hecho por segunda vez. La madre de la víctima ya había advertido el riesgo de que Díaz saliera en libertad pero ni el juez ni los fiscales escucharon sus advertencias.

Después de abusar de una sobrina que ahora tiene 15 años, “Pipo” estuvo preso 3 años y fue puesto en libertad. En enero del 2017, el hombre volvió a ser detenido tras ser acusado de abusar a dos hermanas de 4 y 10 años, caso que salió a la luz cuando la madre de las víctimas notó que las chicas se comportaban de manera extraña, y una de ellas le reveló que su tío “Pipo” la había besado en la boca y también en sus genitales.

Como sujetos de una sociedad donde rigen el estado ejecutivo y el judicial, es importante que surja la siguiente pregunta: ¿por qué la justicia es tan “floja” con situaciones de esta magnitud? ¿Por qué, justamente, siempre en casos relacionados con violaciones y abusos sexuales? La respuesta es simple. En Argentina, las leyes se crearon sobre estatutos antiguos donde las mujeres aún no valían nada. El estado está formado bajo un universo de significaciones machistas que, de una forma u otra, terminan con la liberación de criminales. Entonces, la conclusión inevitable es que en un futuro, si las cosas no se transforman y progresan, las mujeres estarán encerradas en sus casas y los violadores o asesinos caminando con total libertad por las calles.

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