La despedida a Micaela: perfume al filo del dolor

El sábado 8 de abril apareció el cuerpo de Micaela. El final de una búsqueda desesperante que nadie hubiera querido afrontar. Ese día, miles y miles de mujeres nos encontramos, otra vez, cara a cara con el espanto. Hartas de sentirnos vulnerables, de que nuestras vidas no valgan. Ese día, todas la lloramos un poquito. Porque no importó cuánto habíamos gritado que no queríamos #NiUnaMenos, cada vez nos faltan más.

A Micaela García, de 21 años, se le había perdido el rastro el sábado 1° de abril a la salida de un boliche. Una semana después, su cuerpo fue encontrado en un descampado.

El autor del hecho, Sebastián Wagner, de 30 años, debería haber estado cumpliendo su condena por dos violaciones, pero había sido beneficiado con la libertad condicional por el juez de Ejecución Penal de Gualeguaychú, Carlos Rossi. Ningún informe de la penitenciaría recomendaba su liberación.

El detenido se declaró culpable del secuestro y la violación de la joven, pero acusó del homicidio a Néstor Pavón, dueño del lavadero de autos de Gualeguay donde trabajaba.

Wagner está imputado por los delitos de “abuso sexual con acceso carnal”, “homicidio calificado por alevosía y femicidio y criminis causa”, es decir, un delito que se comete para ocultar otro; en este caso, la violación. La pena que se prevé es de prisión perpetua.

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Aunque el caso parezca estar resuelto, Micaela nos falta a todos porque todos los mecanismos de control para prevenir un nuevo ataque de Wagner fallaron.

Falló el Estado, cuando el juez Rossi decidió la libertad condicional para un violador. Falló nuevamente, cuando no se le tomó la denuncia, un día antes a la desaparición de la joven, a una nena de 13 años que había sido manoseada por el asesino de Micaela, porque la jueza de menores no se encontraba en la fiscalía.

Banderas en tu corazón

Con sus 21 años, Micaela supo sembrar amor y esperanza en los niños de Villa Mandarina, el barrio donde militaba, en sus compañeros del Movimiento JP-Evita, en sus familiares y amigos. Es por eso que su despedida fue más bien homenaje  que hizo eco en distintas partes del país.

Miles de personas se acercaron al Estadio Cubierto de Educación Física de Concepción del Uruguay para celebrar su vida. Con banderas y cantitos, prometieron hacer realidad sus sueños. El Indio Solari, ídolo de la joven, cantó por teléfono su canción favorita “Juguetes perdidos”, aquella que le debía desde el recital en Olavarría.

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Las despedidas y los pedidos de justicia se replicaron en todo el país. El día del hallazgo del cuerpo, miles de personas se acercaron a las plazas principales de sus ciudades para hacer el duelo colectivamente. El 11 de abril, mientras Concepción despedía sus restos, las plazas de todo el país se llenaron nuevamente, no sólo para despedirla, sino también para exigir justicia y repetir la consigna #NiUnaMenos.

Micaela se incorporó a la larga lista de víctimas que deja el machismo a su paso. Esta vez, le tocó a ella ser símbolo de la lucha contra la violencia de género. Esta vez, le prometimos a ella que su vida y su ejemplo no habían sido en vano. Miles y miles levantamos sus banderas.

 


Fuentes consultadas

Imágenes extraídas de:

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