Erica apareció sana, pero no está a salvo

Erica Romero apareció. Sana y salva según algunos medios. Pero, como toda mujer que se corre de lo establecido, tuvo la condena pública de quienes seguían el caso como si hubieran preferido que apareciera muerta.

¿Cómo se determina quién sí o quién no? ¿El entorno o la opinión pública son capaces de determinar la vida ajena? Pareciera que sí. Para un segmento de la población –que no es menor– la búsqueda está bien según cada caso. Depende de quién sea la mujer, la niña, o la adolescente desaparecida. También depende de sus características particulares, y sus usos y costumbres. A partir de allí empiezan las “determinaciones” con un sinfín de acusaciones a la persona que no está, y en la mayoría de los casos también a sus familias. Porque, claro, si sale en los medios y si esa mujer  pudo irse sola, o estar rodeada de hombres, o en cualquier situación que ella hubiera (supuestamente) elegido, entonces “no merece ser buscada”.

En cada caso, la opinión pública se  para en un lugar y desde ahí emite juicios de valor y opina sobre todo lo que sale de los medios. Pero en tiempos de hiperconectividad, las redes sociales, hoy ya al alcance de todo el mundo y con una aparente instantaneidad, permiten que todos opinemos de todo. El grave error es no dar lugar al análisis y sí en cambio a la violencia feroz. Lastimar sin reparos, acusar con el dedo y muchas veces hacer circular información falsa.

El caso de Erica Romero indignó a muchxs. Erica, de 32 años, apareció sana y salva. Se habría ido por su cuenta con su pareja; además, se fue sin avisar, y es madre de un varón y una nena. Toda esta sumatoria de cosas fue su condena.  En redes como Facebook o Twitter se veía todo tipo de opiniones:  “Hubiera sido mejor que aparezca muerta”; “Que nos devuelva la plata que se usó para su búsqueda”; “Pobres sus hijos”; “Se fue con el macho, está en un telo”; y otras opiniones así.  Un porcentaje menor se alegraba por la aparición, pedía que no acusen sin saber o peleaban entre usuarios por defender una u otra postura.

La indignación que se observa para con la decisión de Erica, no se observa cuando el que se ausenta es un hombre. Históricamente, los hombres han dejado su hogar, sus familias e incluso sus hijos. Por un momento o de forma permanente. Pero eso, como sociedad, al parecer no nos hace cuestionarnos nada. Eso está bien, ¿no? Y si el hombre en cuestión se va con una mujer, es entendible porque seguro se cansó de la que tenía en su casa. Que sólo sabe ser madre, o protestar, o que no trabaja, o que cualquier otro tipo de excusas.

Si el hombre se va, y bueno, mala suerte. Si no se hace cargo de sus hijos amorosa y económicamente, también es mala suerte. Salvo a algún familiar cercano, o al círculo más íntimo, a los demás les importa poco y nada. No hay condena, no hay reprobación. Solo indiferencia. Debiéramos ser todos los que intentemos cambiarlo. Pero como eso sería casi plantear una utopía, podría el género ser más colaborativo. Es decir, juzgar menos y accionar más.

Tantas veces vi madres colapsadas. Amigas, parientes, mujeres cercanas o más lejanas que no daban más.  Que tenían que resignar sus horas de descanso, sus comidas, como algo básico. Siguiente, resignar sus sueños, su profesión, o ejerciéndola con la culpa acuestas de no poder partirse en mil pedacitos y estar en todos lados. Es decir, ser madre, cocinera, cuidar de los hijos, encontrarse un tiempo para sí mismas, buscar una compañía y tantas otras cosas. Son cosas casi “naturales” para una parte de la sociedad, y en realidad, de naturales no tienen nada. Es una construcción. Con ese chip, nos criaron a muchas generaciones. Es ese chip el que tenemos  que resetear.

Cuestionémonos con seriedad cada mirada, cada paso, cada opinión. Solidaricémonos entre nosotras. Corrijamos la historia. Evolucionemos para ser más libres, no más esclavas. Y repartamos obligaciones así como por tantos años nos han (hemos) quitado nuestros propios derechos.

¿Y si Erica no podía más? ¿Si realmente fue una de esas mujeres que colapsó? No lo sabemos, pero es una posibilidad. A veces, las elecciones no son las mejores, sino que son producto que lo que en ese momento pudimos hacer.  La tarea como sociedad no es juzgar. Es tratar de revertir la historia.

 

 
Fuentes utilizadas para análisis del caso:

https://10ahora.com.ar/el-estremecedor-testimonio-de-la-mama-de-erica-romero-166001/

http://www.infobae.com/sociedad/2017/05/02/aparecio-erica-romero-la-mujer-que-era-buscada-en-mar-del-plata/

 

 

 

 

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