¿Me veo bien? Body-monitoring

¿Alguna vez te pasó que saliste a pasear y de repente sentiste que tu cabello no estaba en la posición correcta, o que tu maquillaje podría estar corrido, o que quizás necesitabas reacomodarte la falda?

Estas son sólo algunas de las formas en las que nosotras, como mujeres, monitoreamos nuestro cuerpo, [hábito] también conocido como “body-monitoring“. Caroline Heldman planteó este concepto por primera vez en el marco de su charla TED titulada The Sexy Lie. Este término hace referencia a la idea de que estamos controlando de forma constante cómo luce nuestro cuerpo. La autora introduce el tema afirmando: “Nos preocupamos por la forma en que ponemos nuestras piernas, la forma en que luce nuestro cabello, quién nos mira, quién no lo hace“.

Y no sólo tenemos esas preocupaciones: la mujer promedio se monitorea a sí misma cada 30 segundos. Esta estadística representa muchísimo control a lo largo del día, y sin mencionar el tiempo que significará este hábito en el total de nuestra vida. ¿Te imaginás cuánto tiempo libre tendríamos si no tuviéramos que estar constantemente preocupadas por cómo luce nuestro peinado, o nuestra camisa, o nuestro maquillaje?

Pero el habitual body-monitoring también habla de un problema más profundo. Resalta la idea de que las mujeres se evalúan a sí mismas desde lo superficial; interiorizamos la mirada masculina y luego la usamos para controlarnos a nosotras mismas cada treinta segundos. John Berger añade en [su trabajo] Ways of seeing:

“Los hombres miran a las mujeres. Las mujeres se miran a sí mismas siendo observadas. Esto determina no sólo las relaciones de los hombres con las mujeres, sino también la relación de las mujeres consigo mismas”

Cuando estás controlando de manera constante cómo te ves en los ojos de otros, estás eligiendo percibir tu cuerpo en lugar de estar, de hecho, dentro de tu cuerpo. Esto resulta un problema porque define la relación de una mujer con ella misma basándose en la percepción superficial de su imagen, en lugar de enfocarse en disfrutar de su cuerpo y las vivencias que puede atravesar con él. Si no gastáramos tanto tiempo con pensamientos críticos en torno a nuestra apariencia, tendríamos más tiempo para experimentar cuán maravilloso se siente vivir dentro de nuestros cuerpos.

Demás está decir que este hábito de incorporeidad (de dejar de ser nosotras para transformarnos en quien nos observa y evalúa) y de la autocosificación, tiene efectos negativos. Se ha demostrado que se reducen las funciones cognitivas por toda la energía encausada en pensamientos repetitivos relacionados a la preocupación por la apariencia corporal. Además, reduce el autoestima y daña la confianza con una misma.

Si sentís que padeces este problema, debes saber que es un fenómeno social y no un caso aislado. Nuestra sociedad está llena de mensajes de cosificación hacia la mujer, y un efecto secundario de esto es que ella termine conviertiéndose en un objeto para sí misma. Estar alerta y saber de este hábito es el primer paso para reducir la fuerte problemática que trae consigo el body-monitoring. Además, un entendimiento crítico de los miles de mensajes que recibimos, los cuales terminan influyendo en la manera en que nos percibimos a nosotras mismas cada día, también es un gran paso de empoderamiento.


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