A. Heller: “Las ciencias sociales no nos asegurarán certezas; al contrario: nos darán libertad”

¿Qué conocimiento podemos obtener de las Ciencias Sociales? ¿Es posible pensar lo social como un conjunto de reglas que puedan encaminarse hacia un rumbo determinado? ¿Cómo pudieron los ideales de libertad, igualdad y fraternidad desembocar en los totalitarismos de mediados del siglo pasado?

Sobre la autora 
A una semana de su cumpleaños, retomar un poco del pensamiento de Agnes Heller parece oportuno: la filósofa húngara, nacida en 1929, moviliza sus estudios en torno a las preocupaciones de su contexto. Ella, junto con su madre, lograrán evitar la deportación al campo de concentración nazi en Auschwitz. Sin embargo, parte de su familia no correrá la misma suerte. Dolida por la pérdida de seres queridos y la continua persecución en Europa, comenzará a estudiar Física, carrera que abandonará para adentrarse en la Filosofía. Discípula de Lukács, se aferrará a un pensamiento marxista crítico que la llevará a cuestionar en profundidad a la Unión Soviética y el rumbo de la Posmodernidad en Occidente.

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En 1989, escribe junto con Ferenc Fehér Políticas de la postmodernidad, un compilado de ensayos donde exponen una crítica cultural para tratar de perfilar el concepto de lo social que trae consigo el nuevo paradigma. A continuación, una breve reseña del capítulo: De la hermenéutica en las ciencias sociales a la hermenéutica de las ciencias sociales.

¿Qué nos pueden ofrecer las Ciencias Sociales?
La autora comenzará explicando la transición que sufre la noción de ciencia desde su concepción hegemónica en la Modernidad hasta la actualidad. Originalmente, por la influencia del positivismo, la ciencia social tuvo como objetivo la comprensión de la sociedad a partir de la búsqueda de significados que asignasen un sentido a los hechos. Sin embargo, Heller afirmará que hoy podemos percibir una resignificación de las investigaciones que apunta a la interpretación de las ciencias sociales en sí mismas, lo que al mismo tiempo simboliza un constante intento de autocomprensión, de tratar de acercarnos al autoconocimiento: no se trata de entender lo que ocurre observándolo “desde afuera”, sino que la tarea del cientista debe ser analizar los sentidos que circulan, que nos atraviesan, en cada esfera de la vida social, para examinar los problemas en su complejidad y rechazar el reduccionismo funcional a los intereses de unos pocos.

Siguiendo esta tesis, que retoma conceptos hegelianos, nuestra comprensión de lo que atravesamos, en otras palabras, nuestro propio pensamiento, estaría condicionado por factores histórico-culturales que determinan nuestras posibilidades, al mismo tiempo que nos limitan, creando una suerte de paradoja: la prisión del presente sólo permite huidas ilusorias”.

La objetividad como convención social
Para superar esta problemática, será necesario encontrar algún punto arquimédico que pueda mediar de manera objetiva, sin caer en relativismos absolutos. Como solución, Heller propondrá establecer diferencias entre la noción de Verdad y el conocimiento verdadero. El primer concepto es definido como un tema del que se ocupa el campo de la Filosofía, que es absoluto y, al mismo tiempo, subjetivo, por ser un valor cuya noción varía según la interpretación de cada sujeto. En cambio, el conocimiento verdadero se establecería como un proyecto fiel a sí mismo, objetivo en tanto que responde a criterios de verosimilitud, y relativo porque, para funcionar, deberá adaptarse a ciertas normas que se establecen en determinada comunidad científica, en un momento histórico-cultural único y particular.

Con esta resolución se pone un freno a la falsificación del conocimiento que, sin embargo, no impide la interpretación – reinterpretación de las teorías, algo que la autora considerará fundamental tener en cuenta en los estudios sociales, siempre y cuando se realice este intercambio en los términos de lo mencionado anteriormente, lo que enriquecerá el saber cuando se aporte una visión diferente a las que ya se conocían.

Algunos criterios de verosimilitud

  • La no manipulación de los datos para orientar la investigación hacia fines predeterminados.
  • La traducibilidad, es decir, el esfuerzo por hacer entender a otros (en referencia, principal pero no exclusivamente, a los que no pertenecen a la comunidad científica) lo que hemos comprendido nosotros mismos.
  • Justicia, entendida como un equilibrado estudio de los hechos desde un lugar parcial, que tenga criterio suficiente para escuchar todas las voces, respetarlas y arribar a conclusiones constructivas, en lugar de inclinarse hacia un lado u otro por convicción personal.
  • El consenso de la comunidad. Lo investigado debe haber sido compartido, debatido, desmenuzado por otros y por uno mismo, interpretado y reinterpretado, para finalmente alcanzar validez.

En síntesis
Frente al desencanto con el proyecto de la Modernidad, Heller tiene una mirada más bien optimista: ya que somos conscientes de nuestras posibilidades y limitaciones histórico-culturales, lo que podemos hacer con nuestra contingencia es transformarla en destino: tomar cada decisión que nos toca teniendo en claro a dónde estamos apuntando con aquello que estamos eligiendo.

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