Libre, rebelde y feminista

“Si no puedo bailar, no quiero ser parte de tu revolución”.

Con frases como esta, Emma Goldman pasó a la historia como una de las pioneras en la lucha por la emancipación de la mujer.

Durante sus 70 años, Emma Goldman (1869-1940) vivió sin dejar de apostar a sus ideales. Su primera reacción ante el patriarcado fue oponerse a la imposición de su papá de casarse a los 15 años mediante un arreglo. Un año después, se fue de Rusia a Estados Unidos con su hermana, Helena, donde comenzó a trabajar como obrera textil.

La llamaban “la mujer más peligrosa de América” por sublevarse contra los privilegios del género masculino en su tiempo. También peleaba a favor de los derechos de los trabajadores, el uso de anticonceptivos y el amor libre.

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Emma se casó joven, pero puso fin a su único matrimonio después de 10 meses. “Si alguna vez vuelvo a amar a un hombre, me entregaré a él sin que nos una un rabino ni la ley. Y cuando ese amor muera, me marcharé sin pedir permiso”, prometió.

La verdadera emancipación femenina, para ella, tenía que llevarse adelante sin la mediación del Estado, la Iglesia ni otros discursos moralizantes. De esta manera, se enfrentaba fervientemente a la institución matrimonial y el tipo de familia nuclear tradicional.

Su lucha no fue gratuita. “Emma la Roja”, como la llamaba la prensa, pasó largo tiempo en la cárcel, leyendo a teóricos que la influenciaron, como Emerson, Thoreau y Nietzsche. Fue allí que empezó a desarrollarse como enfermera, actividad que le hizo despertar su necesidad de defender el derecho al control de la natalidad.

“La mayoría de ellas [mujeres de obreros que atendía] vivía en un continuo terror de la concepción”, recuerda en su autobiografía, Viviendo mi vida (1931).

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La anarquista puntualizaba la importancia de los derechos reproductivos de la mujer y la ignorancia que existía en cuanto al tema (¡ya en el siglo XX!), rechazaba el derecho de cualquiera sobre su cuerpo y manifestaba que tendría hijos siempre y cuando ella quisiera hacerlo.

Revolucionaria para su época, predicó la doctrina del amor libre: “Exijo la independencia de la mujer, su derecho a mantenerse a sí misma, vivir para ella, amar a quien le plazca, o a tantos como le plazca. Exijo libertad para ambos sexos, libertad en la acción, en el amor, en la maternidad”. La volvieron a llevar a prisión: hablar en público sobre sexo y anticonceptivos era una actividad ilegal en 1916.

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Su interés en la realidad social y política que la rodeaba la llevó a escribir Anarquismo y otros ensayos (1910), en el que trató la cuestión sexual y la necesidad de un movimiento independiente de mujeres; su autobiografía en 1931; y a publicar una revista anarquista mensual llamada Mother Earth (1906-1917).

Dejó, así, un legado en materia de feminismo y derechos humanos que aún hoy reivindicamos. Si querés saber más de ella, acá van los links de una edición traducida de su autobiografía:

Viviendo mi vida (vol. I)

Viviendo mi vida (vol. II)

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