¿Emancipación de la mujer o independencia femenina?

Partiendo de una visión feminista radical, Emma Goldman sostiene en La tragedia de la emancipación de la mujer que, si bien existen diferencias fundamentales entre desigualdad económica, racial y de género, hay un punto donde todas estas convergen y se desarrollan creando un todo: sociedades fundadas en la ambición egoísta y la ignorancia.

Acerca del contexto de producción
El contexto de producción de este texto, publicado en 1906 -cuando aún no se utilizaba la noción de género desde la complejidad que entendemos que requiere hoy- en la revista política estadounidense Mother Earth, se caracteriza por un clima de agitación social: para aquella fecha, numerosas organizaciones obreras se manifestaban en contra de la explotación capitalista salvaje de principios del industrialismo. En los medios masivos, se percibía un bombardeo cultural para legitimar la participación de los Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial y, además, comienza a surgir en algunos países el debate por la aprobación del sufragio femenino.

“La paz o la igualación entre los sexos y los individuos no depende necesariamente de una superficial igualación entre los seres humanos, ni tampoco supone la eliminación de los rasgos y peculiaridades individuales”.

Al momento de escribir, la autora se encuentra situada en un momento histórico clave: las mujeres están siendo empleadas como maestras, estudian Derecho y Matemáticas, son poetas y escritoras, y algunas comienzan a ser obreras en fábricas. Con los hombres siendo reclutados en el ejército estadounidense, las tareas y los cargos que ellos solían ocupar se ven acaparados por el sexo opuesto.

Goldman propone que este cambio simboliza una emancipación externa o momento de independencia. En la inclusión en el mercado laboral, la mujer se entiende a sí misma como un ser superficial. Deja de depender en lo económico de un hombre, pero es, en la mayor parte de los casos, simultáneamente una ama de casa, y como tal carga con el doble de trabajo. Tiene la posibilidad de votar, lo que garantizará más votos a tal o cual político, pero ninguno de esos candidatos le brindará libertad en el sentido de ofrecerle la posibilidad de ser en verdad libre de opresiones. Asimismo, su entendimiento del mundo y su forma de relacionarse con los otros continúa a ser coaccionada por las relaciones de poder patriarcales.

Con la eliminación del potencial subversivo de la aspiración de la mujer a la libertad, la emancipación externa no garantiza el libre desarrollo individual: muy por lo contrario, crea la idea de que al acceder a la explotación que padecen los hombres, la igualdad está dada.

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¿Cómo sería la emancipación interna?
Goldman explica que la sensibilidad y complejidad que tienen los esquemas psicológicos femeninos, que pueden ser no sólo brillantes sino también comprensivos y empáticos, tienden a ser ocultados porque el estereotipo de feminidad (de 1900) aceptado socialmente, rechaza con firme testarudez cualquier indicio de diferencia o libertad.

El miedo a ser rechazada, al qué dirán, a la opinión pública, somete a la mujer a roles predeterminados. Poder enfrentarse contra ellos, expresar el ser en su particularidad y, sobre todo, salir de una posición soberbia y permitirse entenderse con los otros constituyen factores determinantes para la emancipación radical.

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