Caso Victoria Aguirre: Se espera la definición del juicio

Victoria está presa hace dos años, desde que llegó al hospital con su beba muerta. La mujer hizo la denuncia desde el primer momento y dijo que quien había matado a su hija era su pareja, Rolando Emilio Lovera. El hombre las había mantenido secuestradas durante ocho días y había violado a Victoria Aguirre. Esta semana comienza el juicio: Victoria lo espera en prisión, mientras que Lovera está en libertad por decisión de la justicia.

La historia de Victoria da escalofríos, y no deja de recordarnos otros casos de mujeres injustamente privadas de su libertad por determinación de una justicia que, de base, no toma en cuenta pruebas y argumentos, y además condena a las mujeres por el hecho de serlo. Aún están latentes los casos de Belén, a quien metieron presa acusada de homicidio agravado por el vínculo cuando tuvo un aborto espontáneo en el baño de un hospital público; o el caso de Higui, quien se defendió con un cuchillo de diez hombres que intentaron violarla en la calle “para quitarle lo lesbiana”. Y la lista continúa.

Victoria llegó al hospital Samic de Oberá (Misiones) muy temprano -a las 5:45- el 29 de enero de 2015. Fue directo a la guardia, con su beba de dos años y cinco meses. Según el informe médico, la beba ingresó ya sin vida al hospital y con múltiples hematomas en su cuerpo. No era la primera vez que ingresaba. Lo había hecho dos días antes, y la médica de guardia había solicitado que quedase internada por una lesión en su mano, y además porque la niña presentaba hematomas y escoriaciones.  Ese día -es decir, dos días antes de la muerte de la beba- Lovera, la pareja de Victoria, comenzó a gritar  desenfrenadamente para que no se produjera la internación. En ese momento Victoria firmó el alta voluntaria y se fueron los dos con Selene, hija de Victoria.

Ante estos hechos es que aparecen la condena social y, además, la condena de la justicia. Pero si vamos más allá, se puede analizar el caso con perspectiva de género y no sólo cuestionar por qué Lovera está en libertad y Victoria Aguirre en prisión, sino también recordar que tanto Victoria como su hija fueron víctimas de la violencia y víctimas de un sistema que sigue acusando a las mujeres, que sigue actuando en favor de los que vulneran la integridad de todxs. Un sistema que condena a la mujer por ser mujer.

Rolando Emilio Lovera tuvo secuestradas a Victoria y a su hija durante ocho días. Durante el encierro, violó en reiteradas ocasiones a Victoria, las hizo dormir en el piso y golpeó a la nena varias veces, hasta que la mató de un golpe y obligó a Victoria a ser quien la llevase al hospital. Ahí mismo Victoria quedó detenida.

Lo que se pide desde distintos movimientos feministas es que se analice el caso de Victoria poniéndose en sus zapatos. Es decir, pensando su accionar dentro de las posibilidades y los recursos que ella tuvo, y sobre todo teniendo en cuenta que hubo testigos de las condiciones en las que se encontraba la niña y la reacción de Lovera. La violencia de género existe, es permanente, limita, coacciona, nos mata cada día. Muchas veces, a gran parte de la sociedad le resulta difícil entender el sometimiento al que puede llegar una víctima de violencia de género. Tal vez por crecer en otros contextos, tal vez por negar lo que sale a la luz, o inclusive lo que pasa puertas adentro en ciertas relaciones.

Victoria y Selene comenzaron a vivir con Lovera en 2014. Por supuesto que, como en la mayoría de los casos, la violencia surgió desde el comienzo. Victoria -como tantas otras mujeres- quedó atrapada en ese círculo del que nunca más pudo escapar. La violencia era permanente, era su realidad. Vivían encerradas y dormían en el trabajo nocturno del hombre. La familia de Victoria intentaba comunicarse, pero el aislamiento era total. Los mensajes los contestaba Lovera, con historias inventadas falaces, como la de unas vacaciones que no existieron -subiendo fotos a las redes sociales y poniendo palabras amorosas- para que no se supiera la realidad.

Como tantas otras veces, claro que hubo avisos. Pero hay personas que deciden no meterse, por pensar que son cosas de pareja. Esto es lo que le ocurrió a Victoria al pedirle ayuda a un vecino, para que le avisara a su padre lo que estaba pasando. El hombre decidió no meterse. Digamos, el hombre eligió mirar hacia otro lado.

El juicio está suspendido por la recusación del abogado defensor de Victoria. Lo que se trató de hacer fue culpar a Victoria de haber matado a su hija, debido a que permaneció en esa convivencia. Es decir, se le recrimina a la mujer por qué no se fue y de inmediato se exime de responsabilidades al asesino de Selene, violador de Victoria y secuestrador de ambas,  Rolando Emilio Lovera.

 

 

 

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