Emma Córdoba: Otro femicidio que nos derrumba

Emma Córdoba era estudiante de Medicina y vivía en Punta Lara, donde estudiaba junto a una amiga. Su amiga logró sobrevivir a las vejaciones perpetradas por un vecino. Emma no. Hasta ahora, él es el único imputado en la causa por la muerte de Emma. Su amiga sigue internada y con asistencia psiquiátrica. 

Qué hacer ante la situación crítica de violencia que sufrimos día tras día. Cómo logramos justicia para todas las mujeres que ya no están. Preguntas que no encuentran respuestas, y días de profunda tristeza.

Las jóvenes estudiantes de Medicina se habían reunido a estudiar y prepararse para exámenes próximos. Emma había ido a buscar a su amiga a la parada del colectivo en la tarde. Más tarde, en la noche, cuando abrió el portón de su casa para entrar a sus perros, un hombre la amenazó con un arma de fuego y entró a la fuerza.

Lo que allí sucedió fue un horror. Tanto Emma como su amiga –quien pidió que se resguarde su identidad– sufrieron la violencia y la saña de un hombre que se cree impune, un hombre que según las declaraciones del caso fue a buscar al exnovio de Emma y, al no encontrarlo, desató el infierno para las dos chicas. Las amenazó, las ató, abusó de ellas, las golpeó y quiso prenderlas fuego. Emma murió por los golpes, su amiga sobrevivió y la encontró la policía cuando llegó al lugar.

El acusado por el asesinato de María Emma Córdoba y A.L.G. -la otra víctima- es Ariel Báez, vecino de la casa lindante a la del crimen. Luego de lo ocurrido, Báez volvió a su casa y se acostó a dormir con su beba de un mes y su mujer. En principio, se negó a declarar, y luego aseguró que él no había sido, que había sido otro hombre al que había visto salir de la casa de Emma, pero no pudo dar nombres precisos. Su coartada de lo que hizo entre la noche y la madrugada se cae.

Fue A.L.G. quien pudo precisar los datos de quién había entrado a la casa esa noche y cómo habían sido los hechos. Ella sabía el apodo del hombre debido a que horas antes se lo habían cruzado en la parada de colectivos. La fiscal platense que quedó a cargo del caso es Virginia Bravo, e imputó a Báez por el crimen de Emma y el intento de asesinato y el abuso sexual de su compañera, que todavía sigue internada.

El padre de Emma y el hermano hablaron con los medios. El padre dijo no poder entender cómo el sospechoso pudo reducir a Emma, y su hermano agregó que ya conocían al acusado, y que una vez había tenido una discusión con el exnovio de Emma, que todos en el barrio lo conocían como un tipo violento.

El día diez por la tarde, se convocó a una marcha para reclamar justicia. Toda la comunidad educativa se movilizó y el resto de la ciudadanía acompañó. En la facultad de Medicina se pintó un mural para recordar a Emma, y quienes la conocieron hablaron de su activismo, de que luchaba cada día por construir un mundo mejor. Mundo que un hombre le arrebató por completo a ella, y también a su amiga, porque si bien sobrevivió, sabemos lo que estos hechos significan en la vida de una persona, con el adicional de tener que procesar la muerte de su amiga.

 

El circo de la información y acusar a las víctimas

Como en otros casos, asistimos una vez más al lamentable manejo obsceno de la información. No conformándose con tomar la información como mercancía, la hacen morbo, mienten y titulan como si algo pudiera justificar lo ocurrido. Las acusaciones recaían una vez más sobre quienes sufrieron el horror, y sobre alguien que ya no está.

Se trataron de instalar versiones -que fueron desmentidas- tales como que las chicas estaban consumiendo pastillas y alcohol. Como si eso -en el caso de que hubiera sido cierto- habilitara a que pase todo lo que pasó. Se acusó a Emma de tener “problemas para relacionarse amorosamente” y otras barbaridades mediáticas que no sólo asquean, sino que hacen visible el eje y el rol de ciertos medios.

Emma ya no está, A.L.G. está en recuperación y le espera un camino por recorrer. A todos nosotros nos queda seguir luchando por las que no están, pero sobre todo para que algo pueda cambiar y mejorar. Entender de una vez y para siempre que las mujeres no somos pertenencia de nadie, que no tenemos dueño ni somos objeto de intercambio. Sobre todo, enseñar desde la primera infancia que hombres y mujeres somos iguales, somos humanos, tenemos los mismos derechos y, en especial, que el amor no daña. Que la posesión no es amor, que la manipulación no es amor, y que la vida vale, y vale mucho.

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s