Johana Ramallo: continúa la búsqueda

Johana no aparece. La última vez que fue vista fue el 26 de julio a la noche.

Día a día se eleva el número de mujeres, adolescentes y niñas desaparecidas en nuestro país. En total desamparo, hay que salir al mundo. Un mundo que no nos protege como mujeres. Pero estamos unidas y en lucha.

Johana falta desde el día 26 de julio. Cerca de las 20:00 hs. fue vista por última vez en 1 y 63. En ese momento, era una chica con un jean negro nevado, zapatillas blancas y una campera Reebok. 1 y 63 es una zona concurrida, donde hay mucho tránsito, y es cercana a las facultades de Medicina, Veterinaria y Periodismo, entre otras.

Sus familiares declararon que a Johana la subieron a un auto a la fuerza. Es una joven en situación de vulnerabilidad, que vive con su familia en el barrio de Villa Elvira. Su búsqueda fue impulsada por los familiares y las organizaciones sociales que tenían contacto con Johana. La familia tiene la sospecha de que ha sido capturada por una red de trata.

Esta mañana se convocó a una marcha frente a la fiscalía de 7, entre 56 y 57, bajo el lema “Buscamos a Johana Ramallo y queremos que aparezca y vuelva a casa”. La joven tiene 23 años, es delgada, de tez blanca y pelo negro sin flequillo (una diferencia con la foto que circula en las redes). A Johana no se la tragó la tierra, tiene que aparecer.

El pasado lunes 31 de julio los familiares de la joven fueron recibidos por Betina Lacki, titular de la UFI N° 2 a cargo del caso, quien se puso a disposición de los familiares.

Los números para comunicarse en caso de tener información son:

Las líneas 145 o 911

Los teléfonos 221-156188006 / 221-153040179

 Queremos vivir, necesitamos protección

Todos los días es un riesgo salir a la calle. Hacemos nuestras cosas, tenemos obligaciones y también una vida propia. El índice de desapariciones forzadas y muertes en el país se eleva semana a semana. Mientras que cada una de nosotras tiene que salir a la vida y quedar a la suerte de lo que pueda ocurrir. Vivir en permanente estado de alerta, siempre acompañadas, siempre con un teléfono a mano, en todo momento. No hay descanso. Es angustiante vivir así, y es doloroso e injusto que todo el día tengamos que pensar que estamos desprotegidas, que sólo queda unirnos entre todas para poder afrontar la realidad.

 

 

 

 

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