#Imaginario Anahí: a un mes del hallazgo de su cuerpo

El pasado 5 de septiembre se cumplió un mes del hallazgo del cuerpo de Anahí Benítez.

No conocí a Anahí. No fui su amiga. Tampoco su compañera de escuela. Pero si lo hubiera sido, le habría dicho algo como esto:

“Me senté en el lugar de siempre y vi tu silla vacía. Esa silla en la que te sentabas y luchabas día a día. Contra compañeros, contra profesores, contra el patriarcado, contra el mundo. Ese espacio que era (es) el centro de comando del mundo más justo que peleabas por crear, ese banco en el que te indignabas cuando una más desaparecía, y también en el que llorabas cuando te enterabas que nunca más iba a aparecer.

Tu silla estaba vacía y el lugar estaba más frío que de costumbre; supongo que el fuego en tu pecho y el fervor con el que llevabas adelante tu lucha eran los que calentaban la habitación. Pero cómo explicarle a aquel que está vacío de convicciones lo mucho que quema un ideal cuando la situación es apremiante, cómo explicar el calor que emana de un movimiento cuando la situación es urgente.

Sólo tu silla estaba vacía, pero la habitación se sentía completamente desierta. Porque cuando vos hablabas tu voz se multiplicaba, porque tu mensaje era la voz de todas, porque en ella incluso se escuchaban las que ya no están. Hablaba una, pero se escuchaban miles.

Tu silla estaba vacía, pero a la vez estaba llena de ausencia, llena de preguntas, de cómos y de por qués. Y en ese vacío avasallante, en esa ausencia silenciosa, la falta era tan desgarradora que tu silla vacía me repetía con voz enojada, triste, aterrorizada y temblorosa, como si hubiera sido ayer (si es que no fue ayer): “Si un día no vuelvo, hacé mierda todo”.

Me reí cuando me lo dijiste. Una nunca piensa que esas promesas van a tener que cumplirse.

Pero ahora siento el nudo en la garganta. Ahora desde mi silla me indigno cuando una desaparece, y lloro cuando me entero que no va a aparecer nunca más. Ahora me siento en mi silla y lucho contra compañeros, contra profesores, contra el patriarcado, contra el mundo. Porque ahora siento el fuego de las convicciones en el pecho. Porque por fin entendí que la situación es urgente. Porque ahora comprendo que es posible no volver, y tengo la certeza de que casi siempre una se va (se la llevan) para no volver.

Y vos no volviste, compañera.

Y como te lo prometí.

Desde mi silla.

Con tu silla vacía al lado.

Voy a hacer mierda todo”.

Pero aunque no haya sido su amiga ni su compañera de escuela, de alguna manera fuimos, somos, seremos, compañeras de lucha.

Según dicen sus amigas, Anahí era arte. Y el arte nunca muere.

Anahí vive en todas nosotras, las que seguimos resistiendo.

 

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