¿Qué hacemos cuando lo personal es político?

Presentamos un breve recorrido por las ideas de una de las autoras de teoría feminista radical más trascendentes, Kate Millett: “Sean cuales sean las diferencias sexuales ‘reales’, no las conoceremos hasta que ambos sexos sean tratados con paridad”. (1)

Kate Millett nació al noroeste de Estados Unidos, en el estado de Minnesota, en septiembre de 1934. La reconocida feminista radical, fallecida a principios de este mes, transitó su juventud en un contexto cultural sumamente combativo: la revolución sexual, la efervescencia de los reclamos reivindicativos pacifistas, antirracistas y estudiantiles en plena Guerra Fría, el auge del movimiento hippie (entre otras prácticas contraculturales de principios de los sesenta) y  los resultados de la Guerra de Vietnam en Estados Unidos.

Todos estos eventos impactarían directamente sobre su cosmovisión. Como militante, participó en diferentes agrupaciones como National Organization of Women (NOW, Organización Nacional de Mujeres) y más tarde en el grupo feminista radical New York Radicals Women (Mujeres Radicales de Nueva York).

Su obra más conocida e influyente es Política sexual (1970), la cual fue su tesis doctoral. En ella, realiza una fuerte crítica a la sociedad patriarcal en Occidente que desarrolla a partir del análisis discursivo de obras literarias de Henry Miller, D. H. Lawrence y Norman Mailer.

En dichas obras, detecta elementos machistas y misóginos que le sirven como base para argumentar el planteo fundamental de su texto: el orden patriarcal no deriva de la esencia humana, sino que es un producto histórico-cultural y, por tanto, una práctica política transformable.

El pensamiento de la autora es clave para comprender la famosa frase (que hoy en día funciona a modo de eslogan del feminismo radical, lo que puede dejar un poco perdido su contenido práctico) «Lo personal es político», y quizás sea este el aporte ideológico más significativo de Millett para nuestra época.

Entender al patriarcado como un conjunto de estratagemas destinadas a perpetuar un sistema implica hacer una lectura que visualiza una noción de orden donde se invisibiliza el factor dominante para dar por sentado un estado natural de las cosas que, en realidad, es una construcción funcional a intereses de un grupo (los hombres).

Mediante resortes de poder (apropiación de la producción de la ideología, la industria, las finanzas, el ejército, la política, etc.), buscan explotar la mayor cantidad de beneficios a costa de los intereses del otro grupo (las mujeres).

De esta manera, las prácticas que llevamos en nuestra cotidianidad y, sobre todo, la configuración de nuestra sexualidad (que se figura a nivel masivo a partir de un modelo único y hegemónico: la heteronormatividad) perpetuarían la reproducción de una política sexual que oprime, limita y regula nuestros comportamientos de manera -casi- involuntaria.

Asimismo, esta obra expone nociones de teoría feminista poco trabajadas con anterioridad. Resultan fundamentales para comprender qué es lo que estamos deconstruyendo hoy en día y de dónde surgen los reclamos de la tercera ola:

El concepto de sexismo, entendido como actitud discriminatoria de quien infravalora a las personas según su sexo; y

El concepto de heterosexismo, con una connotación crítica a la hegemonía mucho más marcada cuando se define como la consideración de la heterosexualidad y el heterorromanticismo como la naturaleza de las relaciones sexuales y románticas.

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Siguiendo esta línea de pensamiento, la autora hace una lectura crítica al marxismo ortodoxo en tanto que argumenta que el patriarcado no desaparecería con el fin del capitalismo, porque, entendiéndolo de esta manera, la explotación del hombre sobre la mujer no está originada en las condiciones de producción sino en la dimensión superestructural.

Existe una construcción cultural, que necesariamente repercute en las prácticas económicas, que no se pone en crisis con la mera transformación de dichas formas de producción.

Un ejemplo de esto sería una revisión del modelo soviético que, pese al objetivo teórico movilizado a partir de los ideales comunistas, expone ciertas ansias de emancipación de la mujer, propugnados sobre todo por Engels en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado.

Desde el primer momento de la Revolución, la lucha por la mujer desarrollada desde el interior del Partido se basaba en la creencia de que, una vez los corruptos valores capitalistas fueran reemplazados por la nueva ideología socialista, las personas se sacudirían el yugo de la propiedad y la misma sociedad se alejaría naturalmente de la religión, el prejuicio ético, el nacionalismo y el sexismo, y abrazaría un humanismo tolerante e igualitario.

El problema fue que esta reeducación de una población ampliamente tradicional no llegó a darse de forma espontánea, tal y como se esperaba, y la mentalidad no cambió aunque las leyes sí lo hubieran hecho.

(Clements, 1992, The Utopianism of the Zhenotdel) en Mosaicos Feministas.

(1) Frase extraída de Política sexual (1970).

2 comentarios en “¿Qué hacemos cuando lo personal es político?

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