#Reseña: Las Chicas del Cable

El pasado mes de abril se estrenó mundialmente la primera serie original de Netflix producida en España, que ya tiene confirmadas dos temporadas más: una para diciembre de este año y la siguiente para 2018. ¿Serie feminista? Las Chicas del Cable ha suscitado amantes y detractores por igual. Acá les contamos SIN SPOILERS las razones para verla.

Protagonizada por Blanca Suárez (Alba/Lidia), Ana Fernández (Carlota), Maggie Civantos (Ángeles) y Nadia de Santiago (Marga), la serie se centra en la historia en común de cuatro mujeres que convergen en Madrid en la década del 20.

Aunque tienen realidades socioeconómicas diferentes y personalidades distintas, las une un propósito en común: la lucha por la independencia, en un mundo gobernado por y para los hombres.

La voz en off de la principal protagonista (Alba/Lidia) a inicios del primer capítulo permite situar histórica y socialmente la época que les toca vivir a Las Chicas del Cable:

“En 1928, las mujeres éramos algo así como adornos que se llevaban a las fiestas para presumir de ellos. Objetos sin poder de opinión ni decisión. Es cierto que la vida no era fácil para nadie. Pero mucho menos si eras mujer. Si eras mujer en 1928, ser libre era algo que parecía inalcanzable. Porque para la sociedad las mujeres sólo éramos amas de casa, madres, esposas”.

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¿Quiénes son “Las Chicas del Cable”?

Para ellas, como para muchas otras mujeres, la posibilidad de emancipación estaba directamente vinculada a la difícil tarea de conseguir un trabajo. Es así como las cuatro jóvenes se trasladan a la capital española con el objetivo de trabajar en una moderna empresa de telecomunicaciones. Ellas son las encargadas de establecer las comunicaciones a ambos lados de la línea.

Alba es una ladrona de joyas, atada a su pasado, que se debate entre un viejo y un nuevo amor; Ángeles es madre joven y ama de casa, y sueña con su desarrollo profesional mientras el control de su marido machista la acorrala; Marga es la pueblerina que llega a la gran ciudad con más miedo que ganas, pero con la intención de superarse; Carlota se rebela contra su padre militar y los mandatos de su familia acomodada.

Entre los aciertos de una serie que se deja ver en maratón se encuentran la notable reconstrucción de época, con escenografía y vestuario impecables, y el recurso de una banda sonora contemporánea que funciona a la perfección, porque permite establecer puentes entre las luchas de aquellas mujeres del pasado y las del presente. Las actuaciones, además, son excelentes. 

Entre los puntos flojos, podemos mencionar un guión con excesos de cliché y hasta meloso por momentos. Nada grave.

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El “miedo” a la etiqueta “feminista”

Los actores se han mostrado en varias entrevistas confusos respecto de lo que el término implica. Preocupados de que la serie sea catalogada como “de mujeres”, se han desligado del término “feminista”. 

Por ejemplo, sus dos protagonistas masculinos –Martiño Rivas (Carlos) y Yon González (Francisco)– han tenido frases poco felices al respecto. En específico, González ha señalado que “el machismo y todo esto se cuenta siempre a favor de la mujer” (Eldiario.es). Sin embargo, Las Chicas del Cable habla de un período histórico particular en el que la mujer comenzaba a emanciparse política, profesional y sexualmente. 

A lo largo de la primera entrega, que consta de 8 capítulos, se tematiza sobre el machismo en el trabajo, el abuso de poder (¿amor o acoso laboral?), los prejuicios familiares y la violencia de género. También se muestra, aunque en un segundo plano, a las sufragistas arrestadas por exigir su derecho al voto y a practicar la libertad sexual.

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Por momentos edulcorada y con excesivos enredos de amor que abarcan gran parte de la trama, la historia aborda la lucha de las mujeres por su independencia en una sociedad donde no tenían voz ni voto, y pasaban de depender de sus padres a sus maridos. 

Aunque algunos de los protagonistas masculinos escapan al esquema del hombre machista de la época (resultan en exceso permisivos), la serie sirve para entender que los derechos conquistados son el resultado de la lucha de aquellas mujeres.

Las Chicas del Cable está teñida de feminismo porque se ambienta en una época en la que las mujeres no tenían absolutamente ningún derecho, y sirve de recordatorio de cómo era la lucha de nuestras predecesoras para conseguir que hoy nosotras podamos estar aquí trabajando” (Eslang.es), dice Blanca Suárez mientras nos devuelve la convicción (e ilusión) de que es posible –y necesario– educar en el feminismo a quienes hoy lo rechazan.

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