#Opinión: Con nosotres no van a poder

Asistimos a un momento de transición, en el cual las voces ya no se callan. Se dice lo que está pasando; estamos perdiendo el miedo y eso nos empodera, nos da valor. Pero en muchos sectores eso molesta, se niegan el abuso, las violaciones, y se termina cuestionando -como en tantos otros casos- a la víctima.

Hace años, se vienen gestando nuevas formas de representación y de acción al pensar en lo femenino y lo masculino, así como también han surgido nuevas elecciones de género con todo lo que esto conlleva.

El movimiento es mundial. En nuestro país, por dar tan solo un ejemplo, desde el colectivo #NiUnaMenos se visibilizan los casos de violencia de género en todas sus formas, se convoca a salir a la calle, se apoya a quienes hayan sido víctimas, y por sobre todo se construye un nuevo escenario donde se intenta crear conciencia de que no debemos callar.

Que nadie tiene derecho a coartar nuestras libertades, ni a forzarnos sexual o psicológicamente para realizar actos que no queramos.

Hemos tomado conciencia (más tarde o más temprano) de que los mensajes, las palabras y las acciones que vienen colándose por todos las fisuras de la sociedad avalan un eje machista, patriarcal y heteronormativo.

Además, empezamos a ver la cantidad de veces en que el micro-poder (que muchos creen tener sobre nosotres) es y ha sido utilizado en cada intersticio de nuestras vidas, por creerse los ajenos dueños de nuestros cuerpos, de nuestras mentes y de nuestras vidas.

Damos batalla, claro. Pero hay que ser constante y no dejar pasar nada.

En estos meses,  el ambiente de Hollywood, se dieron a conocer casos que habían estado ocultos por décadas. Harvey Weinstein fue el primero; leer cada relato, cada caso, es confirmar una vez más que quien ejerce la violencia se siente impune, se ampara en su poder, al mismo tiempo que crea una red que lo consiente, lo avala y hasta llega a poner sus ojos sobre las víctimas.

Se cuestiona por qué “no hablaron antes”, por qué siguieron en la industria, cuál es el fin de denunciar ya ocurrido el hecho, y una multitud de preguntas que conducen como mínimo a dos respuestas: ¿para qué? Alzar la voz para que no siga ocurriendo, y dejar de cargar con ese dolor y la culpa de no haber hablado.

Alguien que fue abusado, acosado, o que fue víctima de una violación no encuentra fácil decirlo. Se necesita mucha fuerza, y una cierta red de contención para que, cuando cuente lo ocurrido, sepa que va a estar a salvo. La víctima vuelve a revivir lo que le ha pasado, y se expone. Expone su intimidad, se abre y lo que suele recibir son más golpes de toda una sociedad que se supone debiera estar de su lado. Pero no, no lo hace.

Harvey fue la gota que rebalsó el vaso, pero detrás de él vinieron Kevin Spacey, Ed Westwick y Casey Affleck, entre otros.

A medida que las denuncias salían a la luz, así también empezaba a quedar expuesta la forma en que el mercado propicia este tipo de situaciones y mira para otro lado, hasta que todo explota en sus caras. Entonces comienzan los comunicados, los “despegues” tal vez más mediáticos que sinceros, y el rol de los medios como algo fundamental una vez más.

En nuestro país, de unos años a esta parte también hemos asistido a “la caída” de ciertos ídolos, sobre todo en los ámbitos de la música y la televisión. Ya no son impunes, ya no se les tiene miedo, aunque eso muchas veces implique quedarse sin trabajo, quedar expuesto y recibir todo tipo de cuestionamientos y amenazas en la era 2.0 que todo lo ve y todo lo opina.

En redes y en otros ámbitos se banca a “los ídolos”, y uno llega a preguntarse ¿ídolos de qué?

Empezando con las declaraciones de Gustavo Cordera, que le costaron mucho más que su condena mediática, y cómo se intentó fingir que no había pasado nada, o al menos que no había sido para tanto: desde Vorterix, Mario Pergolini, un hombre hábil para los medios y los negocios así como también uno de quienes mayor acceso tienen a todo este mundo, decía que no creía que lo de Cordera hubiera sido tan grave.

Puntos a su compañera de piso, quien se puso firme y al aire le cuestionó su postura.

Hace poco tiempo se dio una situación similar en una entrevista a Santiago Aysine (cantante de Salta La Banca), quien fue denunciado por abuso de parte de distintas mujeres. En la misma radio y bajo las mismas reglas, se le dio la palabra a Aysine y hubo un intento de limpiar un poco su imagen.

Con una lectura un poco más profunda de aquella entrevista, hay cosas que suenan poco creíbles o, como mínimo, demagogas. Y claro, nosotres no tenemos la verdad, pero la verdad es necesaria para las víctimas, y si alguien hizo uso de su fama, su estatus o su nivel para forzar a otra persona a hacer algo, eso es abuso, acá y en todas partes.

A fuerza de lucha, lectura y conciencia, el pensamiento ha cambiado y nuestra fortaleza también. Nadie puede hostigarnos, ni tocarnos, ni hacernos absolutamente nada que no deseemos, y si lo hacen, sepan que no nos vamos a quedar quietxs ni calladxs. Porque sabemos quiénes somos, hacia dónde vamos, y lo que valemos.

En la vida diaria no se hace fácil esa lucha, pero la damos porque es necesaria. Cada día, están presentes esos paradigmas y pensamientos que atrasan siglos, pero muchxs tratamos de combatirlos: argumentamos, leemos, escribimos, ampliamos otras voces, ponemos un tope en cada fisura por donde intenten colarse esas formas de poder, esas normas, esas personas que se sienten dueñxs de otres.

Ahí estaremos, y ahí estamos para contarles y mostrarles que no.

Que con nosotres ya NO VAN A PODER.

Un comentario en “#Opinión: Con nosotres no van a poder

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