Mujeres que corren con los lobos (en la inmensidad)

Clarissa Pinkola Estés es la psicóloga que escribió este libro, que puede ser un tesoro. Invirtió más de veinticinco años en los recopilatorios de la mitología popular, para narrar diferentes momentos y representaciones de la mujer que habita en todas las demás. La Mujer Salvaje saldrá a la luz cuando dejemos de temerle a nuestro poder.

 

El libro llegó a mí en forma de regalo, como tantos otros. La diferencia fue que era un momento especial, de mucho cambio y autoconocimiento, y ahí estaban una vez más esas mujeres amigas que venían a enseñarme mucho más de lo que imaginaba.

Pinkola Estés es psicoanalista Junguiana, poeta, contadora y guardiana de los antiguos relatos de la tradición latinoamericana. A través de los años se ha dedicado a enseñar, y también a curar -o liberar (me gusta pensarlo en otros términos)- a sus pacientes mujeres de la opresión impuesta por la sociedad, por la misma psiquis y por una cultura que desde su nacimiento le temió al poder de las mujeres.

Los cuentos y las recopilaciones, minuciosamente seleccionados por la autora, tienen diferentes procedencias, así como también representan distintos momentos por los que atravesamos las mujeres, diferentes batallas a las que se enfrenta la psiquis. Cada cuento o relato es distinto y tiene un sentido, representa un modelo arquetípico; sobre todo, están puestos al servicio de la figura de la Mujer Salvaje.

Porque de eso se trata: de que cada una encuentre o pueda reconocer a esa loba que lleva dentro, esa mujer indómita, llena de instintos, de creatividad, de intuición y de sabiduría. Llena de vida interior y poder. Ella apela a la narrativa oral y recrea las historias que le fueron contadas por sus ancestras en distintas partes del mundo.

Lo hace con una profunda vocación, y convencida de que a la psicología tradicional muchas veces  le faltaban respuestas o miradas sobre algo fundamental para todas las mujeres: lo intuitivo, lo arquetípico, lo sexual y lo cíclico, las edades, el saber innato y el adquirido, y el fuego creador.

A través de cada página vamos comprendiendo y entendiendo lo que Pinkola Estés plantea, a dónde quiere llegar. Todo comienza a cargarse de sentido, no solo en esas páginas sino, además, en cada acto nuestro. Cada amor, cada cuento, cada encuentro sexual, cada proyecto por donde pudimos expandir ese fuego creador del que ella habla.

Allí está todo en la palma de la mano, para demostrarnos que sí, que somos esa Mujer Salvaje, y que nos habitan también nuestras ancestras, todo nuestro linaje (las que deseamos que lo hagan y las que no; las que quisimos y las que no quisimos).

Ahí están todas las mujeres, todas las diferencias y las similitudes unidas en la generación que sigue, y así  hasta el infinito. En nuestro andar, en nuestras voces, en la forma de movernos o de habitar los espacios; en nuestra caderas finas o anchas, en nuestros cabellos, en el brillo de los ojos, e incluso en nuestras elecciones diarias, en profesiones y vocaciones, en la maternidad o no maternidad, y en cada cosa que representa la vida.

“Todos sentimos el anhelo de lo salvaje. Este anhelo tiene muy pocos antídotos culturalmente aceptados. Nos han enseñado a avergonzarnos de este deseo. Nos hemos dejado el cabello largo y con él ocultamos nuestros sentimientos. Pero la sombra de la Mujer Salvaje acecha todavía a nuestra espalda de día y de noche. Dondequiera que estemos, la sombra que trota detrás de nosotros tiene sin dudas cuatro patas”.

Esto puede leerse en el prefacio, que es la invitación perfecta para abrir las puertas y disfrutar del viaje que propone la autora. Un viaje que no necesariamente deja excluido a ningún hombre, pero que sí incluye e identifica fuertemente al género femenino, y en una mirada mucho más actual puede incluir a otros géneros.

“Mujeres que corren con los lobos” es un libro completo, para leer con atención y disfrutarlo. Sin prisas, identificando cada detalle, pensando y repensándonos. Además de cada narración, coincidente con un momento y modelo arquetípico, tiene un apéndice que permite consultar y salvar dudas si algo no quedó claro.

Los relatos elegidos, que surgen a partir de su consultorio, recrean los dramas psíquicos de sus pacientes. Sobre todo, muestran el papel de redención de la Mujer Salvaje, que no surge así como así sino que sólo escapa cuando nos corremos de todo aquello que la cultura, la sociedad, y nosotras mismas hemos marcado: mostrarnos más dulces, comprensivas, cariñosas, egoístas o débiles de lo que somos en realidad.

Clarissa viene con su libro a hacernos ese chasquido de dedos, ese aplauso para que sacudamos la cabeza y despertemos (si es que estábamos adormecidas). Para que veamos todo aquello que los guardianes de la conciencia aconsejan no ver. La autora se corre del eje que marca el psicoanálisis y focaliza en el alma.

Dirá: “Cuando trabajamos el alma, ella, la Mujer Salvaje, crea una mayor cantidad de sí misma”. Para eso hay que hacer espacio, soltar los viejos patrones y asumir quienes ya somos. Es decir, la Mujer Salvaje.

La mujer tiene otros nombres en las distintas culturas: la que sabe, la Trapera, la Huesera o la Loba. Todos los nombres representan la feminidad, la potencia de la mujer, su luz y su oscuridad, pero sobre todo, representan su fuerza y ​​poderío.

Los relatos nos invitan a conocernos, a vernos, a tomarnos tal cual somos y pensarnos en relación a lo femenino y nuestros vínculos.

Algo interesante respecto del compañero que elegimos: será auténtico compañero aquel que acepte y desee a la Mujer Salvaje. Quien realmente entienda esa esencia y no quiera domarla sino acompañarla y vivirla como se presenta. Habrá quiénes no quieran encontrarse con La Loba.

En esencia, Mujeres que corren con los lobos funciona como una llave mas no para abrir una puerta a una habitación confortable y llena de objetos de ensueño. No. La llave abre la puerta y se sale al bosque, donde hay tormentas, hay ruidos, hay hombres que aparecen, hay guardianes que intentan frenar la marcha, hay mujeres que desean acomodarnos y brujas que quieren enseñarnos.

Hay de todo, y depende de nosotras lo que recojamos allí afuera o cuanto tardemos en darnos cuenta de todo lo Salvaje que somos y seremos.

En palabras de Pinkola Estés, debemos salir a que nos ocurran los cuentos, es decir la vida, y trabajar con ellos en nuestra propia vida. Regarlos con nuestra sangre, nuestras lágrimas y nuestras risas hasta que florezcan. Hasta florecer.

 

Bibliografía:

Clarissa Pinkola Estés, “Mujeres que corren con los lobos”, Editorial: B de bolsillo.

 

 

 

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