#Opinión El alto costo de la vida

El día 23 de abril de 2013, las personas que se encontraban en sus puestos de trabajo habituales observaron anomalías y grietas en las paredes del edificio pero, a pesar de las quejas y por pedido de sus supervisores (los cuales aseguraban que el lugar era seguro), sin tener otra alternativa, al día siguiente retomaron sus tareas en el lugar.

Alrededor de las nueve de la mañana del 24 de abril se produjo el colapso del edificio Rana Plaza, en Savar, distrito de Dacca, Bangladesh, que dejó un total de 1127 muertos y 2437 heridos. Fue el segundo derrumbe más grande después del ocurrido en 2001 en el World Trade Center de Nueva York. A partir de ese día, en el Rana Plaza nada sería como antes; en un segundo, aquel edificio de 8 pisos pasaría a ser solo escombros teñidos de sangre.

Les propongo hurgar en la naturalización de uno de los bienes más comunes que tenemos y que, a su vez, es una de las industrias que más dinero recaudan a nivel mundial. Una industria que genera devoción en algunos, extremo rechazo en otros, y un sentimiento de indiferencia o acostumbramiento en la mayoría de nosotros: la famosa industria de la moda.

Pocas personas cuestionan a este negocio al nivel que lo hacen a otro tipo de industrias, como las alimenticias, financieras, o tecnológicas. ¿Pensaron alguna vez qué hay oculto atrás de ese mundo de alta costura, chicas hermosas, y creatividad sin límites?

Si pensaron más allá de lo simple, están pensando bien: ocultos detrás todo eso se pueden encontrar salarios bajos, desigualdad de género, niños alejados de sus familias, hacinamiento, violencia, trabajo infantil, consumismo, malas condiciones laborales, contaminación, enfermedades y muertes, sólo por nombrar algunas cosas.

No es habitual hablar de la precarización laboral en los países menos desarrollados de Asia, ya que estos tópicos quedan tapados por las problemáticas de precarización en nuestro territorio latinoamericano, pero sin embargo deberíamos empezar a mirar hacia el este con una nueva perspectiva.

Este texto surge del documental The True Cost, el cual da en la tecla dentro de la cabeza del espectador como algo que se rompe y nunca más podrá arreglarse. ¿Acaso no es una de las sensaciones más desgarradoras pero apasionantes cuando nos ponen la realidad en la cara?

Sin tapujos ni censura, este documental te frota los ojos con la problemática y grita “Mirá, esto es lo que vos naturalizás todos los días. Esta es la injusticia que ignorás cuando te levantás cada mañana. Esto pasa en el mundo también y vos sos cómplice”. Como espectadora, me sentí invadida, vulnerable y culpable, por todas las veces que miré a un costado y sin siquiera preguntarme el por qué de muchas cosas.

Como bien se titula, el documental trata el verdadero costo de la ropa que usamos cada día de nuestras vidas, de lo que se conoce como Fast Fashion (“moda rápida”). Así es como nos tiene (mal)acostumbrados el consumismo que, a su vez, es generado por el sistema capitalista en el cual nos encontramos envueltos, y que se alimenta de sí mismo.

La “moda rápida” es fácil de definir: utilizamos y tiramos. Los must de la indumentaria son desechables en menos de un mes y las dos temporadas pasan a ser obsoletas con el objetivo de vender más en menos tiempo. ¿Quiénes son los damnificados detrás de esta industria? Desde los compradores compulsivos que nunca logran saciar sus necesidades de consumo hasta los niños que no tienen agua potable porque los ríos de sus pueblos están contaminados.

Como vemos, la moda low cost tiene su verdadero costo en el factor social. Marcas tales como H&M, GAP, Zara y Wal-Mart, entre otras, son partidarias de este sistema perverso en el cual al costo de vida le bajan el costo de la ropa. La ropa que usamos todos los días  puede estar contaminando ríos y lagos, o quizás esté siendo fabricada por las manos de un nene de 10 años que debería estar aprendiendo en el colegio o jugando en un parque.

El día que vi el documental, no pude parar de llorar. “Somos monstruos” me dije a mí misma con una camisa de Zara puesta. Me dí asco. Pero con el tiempo quise que ese asco se transformase en voz.

Entre los datos más desgarradores involucrados en la moda tratada en el documental, podemos contar que:

  • Alrededor de 250 000 productores de algodón en India se suicidaron en los últimos años por deudas contraídas en la compra de semillas de algodón genéticamente modificadas.
  • En todo el mundo, la compra de ropa aumentó en un 400% durante las últimas dos décadas.
  • El 90% de la ropa que se tira termina en vertederos o contaminando ríos, lagos y mares.

¿Acaso esto no es motivo suficiente para que nos demos cuenta de que algo malo está pasando? Los invito a que vean The True Cost, y se sientan tan o más invadidos que yo.

Motivos hay miles, pero comenzar a pensarlo es parte de la solución.

 

 

Fuente consultada:

https://truecostmovie.com/

https://www.youtube.com/watch?v=iSa2SwzhzT0

 

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