#PoesíaVenenosa: figurita repetida

No me acostumbro a la desgracia de ser mujer

Hoy tuve que colgar un cartel
en el lugar donde trabajo
para que dejaran de acosarme.
Era uno como aquellos que rezan:
Cuidado con el perro“,
pero que pedía
que se reserven los comentarios
acerca de mi cuerpo
y de mi vestuario.

Debería rezar:
“Cuidado con la feminista:
está harta de caminar por las calles
con los ojos llenos de lágrimas”.

Durante esta semana, hemos experimentado algo así como un flashback televisivo. Por desgracia, no es nada nuevo que los derechos de las mujeres sean vulnerados e incluso ridiculizados todos los días.  Sin embargo, cuando esta ridiculización se realiza frente a una cámara y en horario de gran llegada al público, es de esperar que el hecho se repita por todos lados como el eco en una cueva.

Los dichos del cantante Cacho Castaña nos hicieron recordar a aquella entrevista de Gustavo Cordera con estudiantes de periodismo en TEA ARTE, donde soltó comentarios repulsivos y cargados de machismo acerca de las mujeres y las violaciones.

Hagamos un poco de memoria: “Hay mujeres que necesitan, porque son histéricas, ser violadas, porque psicológicamente lo necesitan y porque tienen culpa y no quieren tener sexo libremente”. ¿Lo recuerdan? Porque yo sí.

No quiero ni imaginar cómo se habrán sentido, cómo habrán quedado marcados a fuego, los dichos de este tipo en aquellas mujeres que fueron violadas, no porque “necesitan”, no porque “son histéricas”, no porque “tienen culpa”, como sostuvo este señor; sino porque algún hijo sano del patriarcado se dio cuenta que está inmerso dentro de todo un sistema que lo avala, que le permite decidir qué hacer con el cuerpo, la vida, la mente de una mujer que, para el planeta entero y desde el principio de los tiempos, siempre ha sido menos que él.

Los dichos de Cordera ocurrieron a mediados de 2016. Justo cuando pensábamos que, con la lucha de todos los días, las masivas convocatorias, las numerosas charlas, los grandes movimientos en las calles y en las plazas, y las pequeñas revoluciones en las escuelas, en las universidades y en las casas, ya estábamos ganando terreno y combatiendo al sistema que  nos vulnera y oprime desde que nacemos hasta que morimos, aparece el señor Castaña a decir que “si la violación es inevitable, relájate y goza”.

Lo dijo en tono gracioso, en un móvil de televisión, y sus dichos fueron recibidos tras un silencio en el aire, seguido por intentos de justificaciones por parte de algunos panelistas y el propio conductor del programa Involucrados, nada más ni nada menos que Mariano Iúdica.

(No olvidemos que Iúdica también cuenta con comentarios machistas en su historial, por ejemplo con respecto al acoso callejero: “Las que inventaron que no hay que decir piropos son todas feas, para emparejar de abajo con las lindas”, dicho en el marco del programa Polémica en el bar, también de América).

Respecto a los dichos de Castaña, Iúdica sostuvo que sabía con qué concepto lo había dicho el cantante, como intentando abrir el paraguas ante las inminentes críticas que casi al instante cayeron sobre su entrevistado por parte de reconocidxs del ambiente televisivo.

Más tarde, el cantante argentino intentó disculparse públicamente, alegando que solo repetía “un viejo refrán” que, en sus tiempos de juventud “resultaba gracioso” pero que, sin embargo, entendía que hoy en día ese tipo de dichos ya no causaban gracia y que nunca lo diría en serio ya que “no es su característica ofender a la mujer”.

En su momento, Gustavo Cordera también se había disculpado mediante las redes sociales, además de haber suspendido sus conciertos próximos a realizarse luego de sus declaraciones.

Sin embargo, lxs víctimas, lxs que se solidarizan con el dolor de otrxs, lxs compañerxs feministas en su gran magnitud, ya no perdonamos más.  No importan más las disculpas grabadas con cara de arrepentido. No nos interesan más los extensos comunicados pidiendo perdón a las mujeres cuyo dolor ahora, de repente y como por arte de magia, sienten hasta lo más profundo de su “auténtico ser varón”.

No viene al caso que lo que dijiste haya sido un dicho para reír a carcajada limpia durante tu adolescencia.  Acá lo único que importa e interesa es el dolor que causaste al abrir esa herida en aquellxs que tuvieron la desgracia de sufrir en carne propia lo que vos contaste con tanta gracia.

Al gran macho argentino, ni olvido ni perdón.

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