Los ojos del presente

Las redes sociales no son novedad. Están presentes desde hace varios años, y cada vez son más. Se elimina una y aparece otra.

Latentes, a la espera de nuestro próximo posteo, en busca de una nueva foto, un nuevo comentario, e incluso alguna que otra crítica. Nuestra vida transcurre entre pantallas y perfiles, y gira como un espiral en torno a los likes.

Pero, las redes, no son lo que parecen, y tampoco son tan inocentes. Si bien tienen varios puntos a favor, las consecuencias que genera su uso indiscriminado, son fuertes y bastante negativas. Debajo de la posibilidad de comunicarse, la euforia de verse y encontrarse, el compartir con amigxs y sentirse a la par de lxs demás adolescentes, se esconde lo que puede resultar perjudicial para cada uno de los usuarios, vulnerables ante el panóptico digital que los vigila.
La adicción, el bullying, las dificultades para percibir la imagen corporal, la ansiedad y la depresión, son algunas de las secuelas que generan.

Segun Diario Uno casi el 100% de lxs jxvenes, desde los 16 años (o antes), usan internet; más específicamente las redes sociales. En el pasado solo eran utilizadas por adultos, pero eso fue cambiando, así como también la función que tienen hoy en día.

Lo principal de la cuestión, es la necesidad de estar presente. Básicamente lo que se entiende es que si no estás conectadx, estás desplazadx, serás rechazadx, y sentirse solx y aisladx genera temor.

El miedo a quedarse afuera es real, “Fear of missing out” (FOMO), es como se conoce a este fenómeno según El País, que explica cómo lxs adolescentes están bajo una presión constante para mantenerse activxs, lo que genera ansiedad por tratar de estar conectadxs el mayor tiempo posible y desencadena problemas emocionales y de sueño.

Dentro del grupo de redes más importante en la actualidad, la CNN confirma que Instagram es reconocida como la más perjudicial para la salud mental, sobre todo entre mujeres. Se las atrae a compararse con versiones poco realistas, imágenes photoshopeadas y cánones de belleza instaurados por la sociedad, que se propagan por la red y son constantemente legitimados.

Es fácil hacer que una simple relación se convierta en una angustiante realidad diaria. Las chicas dejan de confrontarse con lo que ven en una foto y comienzan a hacerlo en la vida real, con las personas que las rodean, con amigas, con anuncios, etc. Y, los sentimientos de insuficiencia, ansiedad (y futura depresión), pasan a formar parte de lo cotidiano. Se quiere llegar a una perfección inalcanzable, cada vez quieren más.

El conjunto de imágenes estereotipadas de jóvenes altas y flacas, depiladas, sin celulitis o estrías, de sonrisa perfecta y nariz respingada se inserta en la mente de la gente, las chicas lo quieren y el mundo lo aprueba.

Influenciadas por lo que ven, las adolescentes desesperan ante la diferencia que encuentran entre ellas y lo que se espera que sean, y muchas veces son víctimas de bullying por no lucir como se supone que deberían, como la sociedad espera que lo hagan o como está “aprobado” que lo hagan.

Por otro lado, a pesar de que suelen ser las mujeres las más vulneradas y criticadas virtualmente, los hombres también sufren las comparaciones y comparten los mismos problemas de autoestima. Todxs nos sentimos juzgadxs, incluso aunque solo sean nuestros ojos los que nos ven mal. Y, una simple foto de un cuerpo irreal, puede acecharnos hasta convertirse en enfermedad.

De hecho, no es casualidad que cuando (por diferentes problemas), alguien se interna en un hospital psiquiátrico, el primer requisito sea abandonar el celular, con la consiguiente desaparición de las redes.

Luján, de 20 años, consultada por Escritura Feminista, fue una persona que atravesó todo este proceso. Confirmó que seguir a un conjunto de reconocidas influencers o it girls, con supuesta vida perfecta y cuerpo perfecto, lograba producirle más ansiedad y angustia. Y, cuando la obligaron a deshacerse de las redes (especialmente de Instagram), sintió una plenitud que hace tiempo no experimentaba.

Todavía falta mucho para eliminar todos los prejuicios y estereotipos, pero a pesar de eso, siempre se apuesta al cambio. Actualmente se ven con más frecuencia personas de distintas edades, etnias y razas, justamente buscando generar inclusión, dando la posibilidad de identificarse con ellas.

Por eso, no hay que eliminar la diferencia, lo extraño o lo particular, no hay que convivir bajo una visión impuesta… hay que aceptar lo distinto y estar orgullosxs de lo que somos, y de cómo somos. Hay que tener una mirada más comprensiva y hacer de este presente un futuro mejor.

Y principalmente, hay que aprender a diferenciar entre lo real y la mentira de lo que se nos muestra.


Bibliografía: http://cnnespanol.cnn.com
https://cincodias.elpais.com


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