#PoesíaVenenosa: La muda

“Yo misma puedo morir de ser ante mí. La soledad está mezclada en mi esencia”.

Clarice Lispector

 

—Solo quiero ir a las inexistencias del tiempo —le susurró Ángela con la cabeza sobre la almohada—. Quisiera quedarme así, con vos, en la nada, haciendo nada, en el vacío —hizo una pausa y se acomodó entre las sábanas—. El vacío me llena, me es, porque yo también soy el vacío. Estoy hecha de interminables vacíos, grandes, medianos, pequeñitos. Todos vacíos que ocupan un espacio dentro de mí.

Se detuvo a pensar por vez primera en todo lo que estaba diciendo sin pensar. Tenía los ojos fijos, bien abiertos, mirando más allá de la nada. Las ojeras delataban la noche en vela, pensando y repensando, llorando de a ratos, quizás, por el insoportable acto de solo existir.

—A veces quisiera que me hablaras. ¡Pero sos tan callado, S! Que tengo que andar adivinando lo que decís cuando no decís nada.

Su compañero no abría la boca ni para respirar.

—Me siento vigilada todo el tiempo, constantemente. Es como si todo el mundo viviera mi vida, excepto yo. Y yo, como siempre, no tengo fuerzas para decidir y me quedo quieta, dejándolos hacer. ¿No te parece de lo más ridículo e injusto, S? —esperó unos segundos por alguna respuesta, pero nada—. A mí sí, ¡pero no sé qué hacer para cambiarlo! Las cosas solo me son, solo me suceden. Yo no sucedo con ellas, yo no las hago a ellas, sino que ellas me hacen a mí. Es complicado de explicar y aún más difícil de entender. Pero vivirlo… ¡Uf! Vivirlo es imposible. Pero solo cuando se es consciente. Cuando soy consciente de lo que vivo es cuando más deseo morirme.

Se dio vuelta para mirarlo fijamente, intentando descifrar alguna expresión en su semblante.

—¿Qué harías vos si yo muriera, si yo dejara de existir?

Él no dijo nada.

—Quizás debería ser más como vos, entregarme a vos por completo, y así olvidar un poco lo que se siente ser yo.

Ángela percibió una mueca de aceptación en su compañero.

—Bien, entonces, decime qué es lo que tengo que hacer.

Y toda la habitación quedó en silencio y a oscuras, y Ángela no habló nunca más.

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