La perra de Hiparquía

En el capítulo quinto de la segunda temporada de la serie catalana Merlí se hace referencia a la primera filósofa de la historia: Hiparquía. Sí, es inquietante enterarse de que existe una primera mujer filósofa (que no aparece en ningún plan de estudios de nuestro país, ya sea en la escuela secundaria o en la universidad) a través de una serie, pero así es.

Hiparquía, Hipárchîa o  Ἱππαρχία vivió entre los años 346 a. C. y 300 a. C. en Maronea de Tracia. Perteneció a la escuela de los cínicos junto a su esposo Crates de Tebas y su hermano Métrocles. En una época en la cual se legitimaba al ciudadano (hombre) libre de la polis, ella rompió con el esquema, fue contestataria y libertina. Se la considera, además de la primera filósofa, la primera feminista de la historia occidental.

¿Perros cínicos?

La escuela cínica a la que perteneció Hiparquía fue fundada por Antístenes. Además de ella, Crates y Métrocles, otro de sus filósofos más representativos fue Diógenes de Sinope, quien fuera su mentor.

El nombre de “cínicos” tiene dos orígenes diferentes asociados a sus fundadores. El primero viene del lugar donde Antístenes fundó la escuela y solía enseñar la filosofía, el santuario y gimnasio de Cinosargo, cuyo nombre significa kyon argos, es decir, “perro ágil” o “perro blanco”.

El segundo origen tiene que ver con el comportamiento de Antístenes y de Diógenes, que se asemejaba al de los perros, por lo cual la gente los apodaba con el nombre kynikos, la forma adjetiva de kyon (perro). Por tanto, kynikos o “cínicos” los calificaría como “similares al perro” o “perruno”.

Esta comparación viene dada por el modo de vida que habían elegido estos personajes, por su idea radical de libertad, su desvergüenza y sus continuos ataques a las tradiciones y los modos de vida sociales.

Otro Diógenes, no de Sinope sino de Laertes (o sea, “Laercio”) se dedicó a escribir sobre los grandes filósofos de la historia en el libro “Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres”, en el que le dedica un capítulo a Hiparquía, la única mujer filósofa que figura en el índice:

“También Hiparchia, hermana de Metrocles, se dejó llevar por los discursos de Crates: ambos eran naturales de Maronea. Agradábale tanto la vida y conversación de Crates, que ninguna ventaja de sus pretendientes, las riquezas, la nobleza, ni la hermosura la pudieron apartar de su propósito, pues Crates era todas estas cosas para ella.

Aun amenazaba a sus padres con que se quitaría la vida si no la casaban con él. Finalmente, como sus padres rogasen a Crates que la removiese de su resolución, hizo este cuanto pudo, mas nada consiguió. Sacó, por último, todos sus muebles a su presencia, y le dijo: ‘Mira, este es el esposo y estos sus bienes. Consulta contigo misma, pues no podrás ser mi compañera sin abrazar mi instituto’.

Eligiólo ella al punto, y tomando su vestido, andaba con Crates, usando públicamente su matrimonio, y concurriendo ambos a las cenas”.

El rol de la mujer en la antigua Grecia

Hiparquía eligió el camino que quería seguir, aun cuando la quitase de toda zona de confort y la confrontara con el mandato que se tenía para la mujer en aquel entonces.

“Las cortesanas existen para el placer; las concubinas, para los cuidados cotidianos; las esposas, para tener una descendencia legítima y una fiel guardiana del hogar”. Texto atribuido por Foucault a Demóstenes, Contra Neera.

La ética griega es una ética viril, es una ética de y para varones libres. A la mujer se la excluye del ámbito público, que es el ámbito natural de la actividad del ciudadano. Además, hay una partición de deberes-funciones que tienen al hombre, el hogar o la descendencia como destinatarios naturales.

El privilegio exclusivo de los hombres griegos era el de poder amar simultáneamente o uno tras otro a un muchacho o una muchacha sin por ello comprometer su misma naturaleza o la legitimidad de su deseo. En el matrimonio, conocía una única esposa pero fuera de la estructura matrimonial, el hombre tenía permitido un campo vasto y complejo de obtención de placer.

Esto no sucedía con las mujeres. La búsqueda de placer fuera del matrimonio entraba en un circuito de reprobación moral y social. El matrimonio era el ámbito natural de procreación, y tomaba la relación sexual sólo en su función reproductora; de allí que el lugar del placer estuviera fuera de este, pero que fuera cosa de hombres obtenerlo, gozarlo y administrarlo. En las mujeres, el primer gran tema de interés debía ser ofrecerle al marido una descendencia legítima, sana y noble.

En este contexto, Hiparquía rompió el esquema de todas las formas posibles: ella escogió a su compañero de vida, a su esposo, a quien amaba desde la base del conocimiento y la ideología que compartían. Tanto es así que consumó su matrimonio con Crates haciendo el amor en un portal público.

Esto parte de la enseñanza cínica (y su desprecio por lo convencional), en la que cualquier acción suficientemente virtuosa como para llevarse a cabo en privado, no sería menos virtuosa en público.

Pintura mural que muestra el Cínico filósofos Cajas y Hiparchia. Desde el jardín de la Villa Farnesina, el Museo delle Terme, Roma
Pintura mural que muestra a Hiparquía y a Crates. Jardín de la Villa Farnesina, Museo delle Terme, Roma.

 

Tanto Hiparquía como Crates se destacaron por llevar vidas en todos sus aspectos de acuerdo con el principio cínico de anaideia (falta del sentido del ridículo). El discípulo de Hiparquía y Crates, Zenón de Citio, fue el fundador del Estoicismo, que abogaba por la igualdad de sexos y el amor libre.

Tuvieron al menos un hijo, Pasicles, educado y criado desde su nacimiento según los valores del Cinismo. Según Eratóstenes y Diógenes Laercio, Hiparquia no abandonó su vida de ejercicio durante todo su embarazo, y cuando nació Pasicles, lo lavaba en la concha de una tortuga con agua fría; en ningún caso cambió su austera dieta.

Hiparquía, la perra feminista

El intercambio dialéctico más famoso de Hiparquía, donde defiende su posición como mujer filósofa y cínica, se da con Teodoro el Ateísta quien cuestionó la presencia de una mujer en un simposio, a lo cual ella argumentó:

“Lo que pudo hacer Teodoro sin reprensión de injusto, lo puede hacer Hiparchia sin reprensión de injusta”.

A esto, Teodoro tiró de su ropa para avergonzarla en público, pero Hiparquía no mostró señal alguna de alarma ni perturbación, debido a que su falta de sentido del ridículo era inmutable. Teodoro le respondió:

“¿Eres la que dejaste la tela y lanzadera?”.

Y la respuesta de Hiparquía fue:

“Yo soy, Teodoro: ¿te parece, por ventura, que he cuidado poco de mí en dar a las ciencias el tiempo que había de gastar en la tela?”.

Se dice que Hiparquía escribió tres libros: Hipótesis filosóficas, Epiqueremas y Cuestiones a Teodoro llamado el Ateo. Por desgracia, no se conserva ninguno de ellos.

“Yo, Hiparquía, prefiero a la muelle labor femenina

la vida viril que los cínicos llevan;

no me agrada la túnica sujeta con fíbulas; odio

las sandalias de suela gruesa y las redecillas

Brillantes. Me gustan la alforja y el bastón de viajero

y la manta que en tierra por la noche me cubre.

No me aventaja en verdad la menalia Atalanta,

que el saber a la vida montaraz sobrepuja”. 

Epigrama de Antipatro (II a. C.) dedicado a Hiparquía, titulado “A las mujeres”.


Fuentes

“Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres”, Diógenes Laercio.

Filosofía.org

Revista Nada

Mujeres en la Filosofía Antigua

“El estatuto político sexual de la mujer en la Grecia Clásica”, artículo de María Cecilia Colombani.

Un comentario en “La perra de Hiparquía

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