“Hasta el hueso” neoliberal en Netflix

“Hasta el hueso” cuenta la historia de la joven Ellen, a quien se presenta como una chica anoréxica al borde la muerte que es sometida por su familia a distintos tratamientos psiquiátricos, hasta dar con el psiquiatra William Beckham, cuyos métodos progresistas le “salvan la vida” a Ellen.

Es un película dramática que se promociona como “cautivadora, divertida y humana”. Se presenta a sí misma con aires de película comprometida y arriesgada, con la siguiente advertencia al comienzo: “Esta película fue creada por y con personas que han enfrentado desordenes alimenticios e incluye caracterizaciones realistas que podrían impresionar a la audiencia”.

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Este primer mensaje condiciona la mirada del espectador de dos formas. Primero, define que determinadas conductas alimenticias son desórdenes, lo cual nos lleva a pensar en trastorno y enfermedad mental. Luego, nos advierte que la película es “realista”, lo cual nos hace pensar que se dio una rigurosa investigación que hará de la ficción un testimonio que podríamos encontrar en la realidad.

La directora y la protagonista de la película fueron psiquiatrizadas por trastornos alimenticios. Pero esto no garantiza que ambas hayan podido tomar la distancia suficiente de sus problemas del pasado como para poder crear una obra de arte.

La película tiene varios errores gruesos, porque hace de un problema social, un problema individual de la protagonista. La película reproduce el discurso neoliberal “Si querés, podés”, que replica un “Si querés salir de la pobreza, podés” o, en este caso, “Si querés salir de la clínica psiquiátrica, podés”. Ideas muy perversas, dado que no depende solo de la voluntad individual salir de la pobreza, o de una clínica psiquiátrica.

La película hace lo que hace el machismo: culpar a la víctima. Es decir, nos propone que la joven Ellen no se cura porque no se quiere curar.

Si la película fuese coherente con el “realismo” que nos promete, tendría que haber incluido escenas donde se mostrasen los intereses económicos de los laboratorios que venden drogas psiquiátricas, y las “clínicas psiquiátricas” que les enseñan a las mujeres que se alimentan de formas extrañas que son enfermas crónicas.

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Por último, el personaje que interpreta Keanu Reeves, el psiquiatra Beckham, no es como promete la película realista, sino más bien un héroe que nunca encontraremos en la vida cotidiana, porque los héroes son parte de la fantasías épicas de Hollywood. Aparece como un médico progresista, copado y arriesgado, sin defectos ni contradicciones. Nada más alejado de la realidad psiquiátrica que día a día padecemos.

“Hasta el hueso” es una propuesta bien realizada, entretenida, pero no es más que un ejercicio terapéutico para la directora y la protagonista que ojalá, luego de verse en la pantalla grande, hayan podido comprender que el problema no son los individuos psiquiatrizados, sino la sociedad antipsicótica que no tolera la diversidad mental.

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