La dignidad de las que luchan: Primer Encuentro Internacional de Mujeres

“Vivimos en estas montañas, las montañas del sureste mexicano.

Aquí nacimos,  aquí crecemos.  Aquí luchamos.  Aquí morimos.

Y vemos, por ejemplo, esos árboles que están allá y que ustedes dicen que es ‘bosque’, y nosotras le decimos ‘monte’. Bueno, pero lo sabemos que en ese bosque, en ese monte, hay muchos árboles que son diferentes. Pero también lo sabemos que cada pino o cada ocote no es igual, sino que cada uno es diferente.

Bueno, aquí estamos como un bosque o como un monte.

Todas somos mujeres. Pero lo sabemos que hay de diferentes colores, tamaños, lenguas, culturas, profesiones, pensamientos y formas de lucha.

Nos hace iguales la violencia y la muerte que nos hacen.

Así vemos de lo moderno de este pinche sistema capitalista.  Lo vemos que hizo bosque a las mujeres de todo el mundo con su violencia y su muerte que tienen la cara, el cuerpo y la cabeza pendeja del patriarcado.”

Así se daba inicio al Primer Encuentro Internacional, Político, Artístico, Deportivo y Cultural de Mujeres que Luchan, que tuvo lugar en el Caracol Morelia de Chiapas, México, durante los días 8, 9 y 10 de marzo.

El evento fue convocado y organizado por las mujeres del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y las palabras de bienvenida estuvieron a cargo de la Insurgenta Érika, aunque, como ella aclaró, no eran suyas, sino del colectivo. “Como hablo en nombre de mis compañeras, mi palabra va a estar revuelta porque somos de distintas edades y de distintas lenguas, y tenemos distintas historias”, explicó.

Participaron más de 10 mil mujeres, provenientes de 34 países del mundo y de 27 estados mexicanos. La convocatoria fue difundida el pasado 29 de diciembre, en el marco de la candidatura independiente a la presidencia de México para las elecciones federales de 2018 que alzó a Marichuy (o María de Jesús Patricio Martínez), una indígena nahua, médica tradicional y defensora de los derechos humanos.

Elegida por el Congreso Nacional Indígena para representar los intereses -históricamente ignorados- de las 56 comunidades originarias, Marichuy sería la primera presidenta mujer e indígena del país, en caso de llegar al cargo.

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Foto: Proceso.

La idea del encuentro fue que cada mujer o colectivo de mujeres que asistiera pudiera acercar su propuesta, arte, disciplina y conocimiento, para enriquecer en conjunto las experiencias de lucha de “todos los mundos”.

“[Al encuentro] lo organizamos desde abajo, o sea que primero hicimos reuniones y discusión en nuestros colectivos en los pueblos y comunidades.  Y ni modo de preguntarle a los compañeros porque ellos tampoco saben cómo hacer, porque, como ya dijimos, nunca se ha hecho algo así antes”, relataron en el acto de cierre.

 

¿Quiénes son las zapatistas?

Según el Atlas del Género que mide las brechas entre hombres y mujeres en México, poco más del 44% de las mujeres tiene una participación económica en la sociedad, mientras que en los hombres, ese número asciende al 78%. Con respecto a las presidencias municipales, la diferencia es aún mayor: casi el 91% las concentran varones; y en la Justicia, hay un 39% de mujeres juezas y magistradas contra un 61% de hombres.

Esa es la realidad de las ciudades y los pueblos mexicanos. En la milicia zapatista parece respirarse un aire diferente.

Hace 24 años, el EZLN, nutrido por diferentes pueblos originarios unidos bajo el legado de Emiliano Zapata, organizó su primer levantamiento armado. Tuvo como objetivo la toma de importantes ciudades del país para la fecha en que entraba en vigencia el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

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Foto: Pozol.

La mayoría de las ciudades tomadas fueron perdidas a manos de las Fuerzas Armadas estatales en cuestión de horas y, aunque el “mal gobierno” ofreció a lxs zapatistas varios acuerdos, su respuesta fue la traición y el desconocimiento de lo negociado.

Ya en aquel entonces, las mujeres zapatistas tenían voz y mando en las filas del ejército. “Ser miliciano es estar en tu casa, con tu familia. Ser insurgente es abandonar la casa. Pensé cuál de esos me gustaba más y pensé: ‘Pues, ser insurgente’, y venir a prepararme en el monte”, relataba la subteniente Amalia en el documental Las compañeras tienen grado, uno de los pocos materiales fílmicos que existen y que lograron captar la esencia de la vida zapatista, por la política comunicacional restringida que lxs caracteriza.

Organizadxs en Caracoles (bases operativas de gobierno indígena) y en la clandestinidad, la vida zapatista ofreció desde su inicio las mismas condiciones y responsabilidades a hombres y mujeres. Ejemplo de ello es la mítica figura de la Comandanta Ramona, “lo más beligerante, lo más agresivo, lo más intransigente y la mayor señal de guerra del Ejército Zapatista de Liberación Nacional”, según palabras del subcomandante Marcos. Impulsó la Ley Revolucionaria de las Mujeres, que equiparaba las posibilidades de tareas y crecimiento entre los géneros hacia dentro del EZLN y se convirtió en una heroína de guerra por sus hazañas militares.

“En el pueblo, una mujer sale casada o puta. Era mucho costo para una mujer indígena salir del pueblo. Apostaba más que un varón. Si ya no aguantaba más en la montaña (donde vive y se entrena el EZLN), no podía regresar como un varón a su comunidad otra vez”, explicaba un soldado zapatista.

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Foto: La Jornada

Tras abandonar la lucha armada el 12 de enero de 1994 -aunque no el entrenamiento y la preparación militar-, el arma más potente del EZLN fue siempre la organización popular y la poesía.

 

“Esa pequeña luz es para ti.

Llévala, hermana y compañera.

Cuando te sientas sola.

Cuando tengas miedo.

Cuando sientas que es muy dura la lucha, o sea la vida,

Préndela de nuevo en tu corazón, en tu pensamiento, en tus tripas.

Y no la quedes, compañera y hermana.

Llévala a las desaparecidas.

Llévala a las asesinadas.

Llévala a las presas.

Llévala a las violadas.

Llévala a las golpeadas.

Llévala a las acosadas.

Llévala a las violentadas de todas las formas.

Llévala a las migrantes.

Llévala a las explotadas.

Llévala a las muertas.

Llévala y dile a todas y cada una de ellas que no está sola, que vas a luchar por ella.

Que vas a luchar por la verdad y la justicia que merece su dolor.

Que vas a luchar porque el dolor que carga no se vuelva a repetir en otra mujer en cualquier mundo.

Llévala y conviértela en rabia, en coraje, en decisión.

Llévala y júntala con otras luces.

Llévala y, tal vez, luego llegue en tu pensamiento que no habrá ni verdad, ni justicia, ni libertad en el sistema capitalista patriarcal.

Entonces tal vez nos vamos a volver a ver para prenderle fuego al sistema.

Y tal vez vas a estar junto a nosotras cuidando que nadie apague ese fuego hasta que no queden más que cenizas.

Y entonces, hermana y compañera, ese día que será noche, tal vez podremos decir contigo:

‘Bueno, pues ahora sí vamos a empezar a construir el mundo que merecemos y necesitamos’”.

Palabras compartidas en la clausura del Primer Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan

 


Foto de portada: La Jornada

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