Viviendo con el enemigo

Todos los días en las redes sociales vemos gente que habla de transfobia, pero ¿qué es realmente? Desde Escritura Feminista decidimos derribar algunos mitos, consultándole a quienes saben de primera mano de qué hablamos cuando hablamos de transfobia.

“La transfobia es el miedo, el odio, la falta de aceptación o la incomodidad frente a las personas transgénero, consideradas transgénero o cuya expresión de género no se ajusta a los roles de género tradicionales”, expresa la definición de Planned Parenthood.

Hace poco tiempo, cuando Florencia de la V ganó un premio Carlos como figura femenina destacada, vimos un episodio de transfobia en los medios. Carlos Caserta, un locutor cordobes, dijo que era una ofensa que se le entregara dicho reconocimiento.

“Sinceramente, no lo digo de malo. ¡No es mujer! ¡Tienen que respetar a la mujer, carajo! ¿Cómo puede ser que un trava sea más importante que una mujer? Y las mujeres, encima, no hacen nada, lo toman con gracia”.

Desde INADI, rechazaron las declaraciones y se pusieron en comunicación con el locutor para ofrecerle información y capacitación en el tema.

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“Para mí, transfobia es cada vez que alguien, durante mi vida fuera del armario y sobre todo cuando estaba en el instituto, utilizaba los pronombres incorrectos y mi deadname (nombre de nacimiento) adrede, a sabiendas de que me iba a hacer mal.

Se han burlado de mí, negándome que soy un chico, porque me gustan el maquillaje, las cosas rosas y los vestidos, o porque mi voz no es como la de un camionero y no mido dos metros”. Andrei

No reconocer la identidad de una persona es una de las caras más comunes de la transfobia. Es una manera de herir a la persona, de invisibilizar su verdadera identidad, de restarle importancia a su verdad.

Si salgo a tomar algo con una chica cis, no me toca a mí definir su orientación sexual. Sería confluencia de intereses, expuesta y explicitada por ambas. Sin embargo, ella reconoció que pasadas las pintas aún no se animaba a estar con una trans”. Donnatella

Otro de los casos frecuentes (y del cual más se habla en redes sociales), es la genitalidad. La no aceptación del otro por sus genitales. Los hombres no necesariamente tienen pene y las mujeres no tienen por qué tener vagina. Sin embargo, a mucha gente le cuesta aceptar eso a la hora de la sexualidad. Le gustan los hombres o las mujeres, pero solo si tienen el genital que “les corresponde”.

“Cuando sos un chico trans y en la calle te gritan, te chiflan, te tocan bocina y te siguen, te produce el doble de inseguridad, porque sabés que el doble de dolor lo vas a tener vos. Recordar que el ojo ajeno te sigue viendo como una mujer es realmente horrible”. Iván

La mirada del afuera duele. El saber que aún no te ven como realmente sos, como querés ser visto. Los afectos pueden ya haberse acomodado a la nueva realidad, al igual que el entorno más cercano, el que ves a diario. Pero el resto del mundo, no. Muchas veces, la gente ignora las identidades de los demás, decide no hacerles caso y actuar en base a lo que ellos consideran correcto.

La transfobia es lo peor que un ser humano pueda vivir, ya que lo primero de lo que se aleja es de los afectos. Para seguir y construirse solo, son conceptos que encasillan. Como que yo tenga que decir, porque aún no estoy mastomizado, que soy un varón transmasculino. El patriarcado es para nosotros, no te digo enemigo, pero lo peor que hemos padecido”. Tobías

La transfobia nace de un sistema que pretende perpetuar los roles de género, seguir con la idea de la mujer y el hombre “porque Dios/la naturaleza así lo quiso”, de que todo lo que se salga de los estándares impuestos está mal, equivocado, es una falta de respeto, de moral.

Aunque quisiéramos que no fuera así, hay una corriente ligada al feminismo que pregona esta práctica discriminatoria. Las denominadas “TERF” (“Trans Exclusionary Radical Feminists”, Feministas radicales transexclusivistas) son un grupo que se autoproclama feminista, pero que sin embargo, excluye a las identidades trans.

Desde hace muchos años, esa corriente busca quitarle derechos a las personas trans y no reconoce las identidades autopercibidas, sino que consideran que siguen perteneciendo al género asignado al nacer.

En Estados Unidos, la transfobia tiene forma de figura legal. Existe el llamado “trans panic” que permite a un agresor alegar que actuó de manera violenta por miedo y/o una supuesta confusión ante la identidad de quien es agredido.

Es hora de que dejemos de excluir a las diversas identidades. De que entendamos que el género de una persona no lo definen sus genitales, y mucho menos un tercero. El género se construye, y lo ideal sería poder hacerlo desde la libertad de poder elegir quién ser sin que nadie juzgue tu decisión.

Hay que acompañar a las personas transgénero, darles contención, y educar para que en un futuro nadie los tome por extraños, raros o personas que están fuera de la norma. La norma se rompió hace rato, la norma es lo que cada uno decida.

Si tu feminismo no incluye a las identidades trans, no es feminismo.

 


Fuentes:
Planned Parenthood
Psicología y Mente
Transadvocate
LGBT Bar

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