Compañera, yo te creo

Fotografía de portada: Mara Fredes

Hacerle una entrevista a Karen Maydana fue una experiencia muy amena para mí. Ella tiene 23 años, se desempeña como fotógrafa para el sitio web Rock and Ball y está cursando el ingreso para el Profesorado de Historia en la UNTREF.

Acordamos encontrarnos a las dos de la tarde en la estación de Ramos Mejía. Ella llegó puntual, me esperó en las escaleras a la salida del andén y me recibió amablemente (aún cuando quien escribe se presentó media hora después del horario pautado).

En camino al lugar donde íbamos a comenzar la entrevista, Karen me comentó sobre su profesión como fotógrafa: toma fotos en conciertos de rock y nunca deja de llevar su cámara cuando asiste a manifestaciones por Derechos Humanos o causas feministas, para retratar todo lo que percibe en las multitudinarias convocatorias.

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Karen en el #8M – Vía Instagram

Cursó la primaria y la secundaria en el colegio San José Obrero de Caseros, situado a pocas cuadras de su casa. Su mamá y sus tres hermanas mayores también realizaron sus estudios en el mencionado instituto, el cual está ubicado al lado de la parroquia homónima.

Los recuerdos de su infancia y su adolescencia están cargados de imágenes de angustia, pensamientos suicidas y dificultad para relacionarse con los demás. Frente a esta situación, empezó a realizar tratamiento psicológico y psiquiátrico a los 13 años.

Su persona y su vida sufrieron una transformación radical luego de que el cura de la parroquia de su colegio, Carlos José, abusara sexualmente de ella en la confesión previa a su primera comunión.

 


Escritura Feminista: Hay un punto de giro en tu vida cuando te encontrás en una situación de abuso dentro de la parroquia del instituto San José Obrero. ¿Qué edad tenías cuando ocurrió esto por primera vez?

Karen Maydana: Tenía nueve años. Quiero aclarar que la parroquia está al lado colegio, es decir, dentro del colegio hay comunicación con la iglesia (que se llama San José Obrero, como la escuela). No es que esté aislada. Yo sufrí mi primer abuso en la parroquia, en un banco de la iglesia, cuando tenía nueve años durante la primera confesión para tomar mi primera comunión, a manos de Carlos José.

E.F.: ¿Qué hiciste después de que pasara esto? ¿Se lo contaste a alguien? ¿Cómo te afectó personalmente? ¿Te angustió, lo tomaste como algo natural de parte de una autoridad?

K. M.: Empecé a tener recuerdos de eso recién a los dieciséis años. Tuve una suerte de bloqueo mental, los primeros recuerdos que tenía eran de su cara y de él tocándome la pierna derecha, pero no me acordaba mucho, sólo sabía que esa imagen me hacía sentir mal, me hacía sentir rara.

Lo seguía viendo porque él era amigo de toda la comunidad de la iglesia y del colegio, nos veíamos hasta en los cumpleaños de mis compañeras. Fue mucho el tiempo que lo seguí viendo, incluso de grande, y me causaba asco, rechazo; me daba miedo y no entendía por qué.

Cuando fui más grande, cuando tuve mis primeros contactos en cuanto a relaciones sexuales con varones, empezaron a venir los recuerdos.

E.F.: ¿Estabas sola con él en el confesionario de la iglesia cuando ocurrió?

K. M.: No, no estaba sola. La iglesia tiene muchos bancos, yo estaba en el de adelante de todo y él estaba ahí, al lado mío. También se estaban confesando mis otros compañeros, pero nadie vio nada.

E.F.: ¿Ocurrió más de una vez?

K. M.: Sí. En mi declaración judicial describí tres hechos, todos de la misma época. El tercero lo recordé hace poco y no sé si habrá pasado más veces, hubo mucho contacto con él. Todas las chicas de ese colegio tuvimos mucha relación y contacto con él.

E.F.: ¿Conocías compañeros o compañeras que hubiesen estado en una situación parecida antes de lo que te pasó a vos?

K. M.: No. En ese momento lo teníamos todos naturalizado. De hecho, vos le podés preguntar a cualquier persona y todos se lo veían venir, pero nadie dijo ni hizo nada. Por eso también el colegio y los maestros son cómplices, y la iglesia es responsable. Pero no, no sabía de ningún caso en aquel entonces.

E.F.: ¿Qué decidiste hacer? ¿Se lo contaste a alguien, les dijiste a tus papás?

K. M.: Cuando me vinieron los recuerdos me quise suicidar. Desde los trece años sufrí depresión. Toda mi vida, desde los nueve años, tuve problemas con mi cuerpo. Me cortaba y no entendía muy bien por qué. Cuando empecé a tener los primeros recuerdos, a los dieciséis, tuve el intento de suicidio.

Nunca se lo pude contar a nadie, hasta ahora. Recién el año pasado pude contarlo y a la semana hice la denuncia penal.

E.F.: ¿A quién se lo contaste?

K. M.: Primero se lo conté a dos amigas, en junio del año pasado. Y en julio se lo conté a una de mis hermanas para que me ayudase a contárselo a mi mamá. Al otro día nos sentamos y se lo conté. Ese fue el momento más difícil de mi vida. Después, sí, se lo conté al resto de los integrantes de mi familia.

E.F.: ¿Cuál es la situación actual del colegio? ¿Reconocen que el cura cometió estos abusos?

K. M.: Cuando nosotras hicimos la denuncia, el colegio no se comunicó con nosotras. No sabíamos nada, no recibimos apoyo, nada.

Actualmente, desde que se hizo público el caso, a los alumnos se les prohibió hablar del tema. La iglesia sí ya lo venía encubriendo y no sorprende, pero el colegio actuó peor porque se supone que es gente que yo conocía, que era como mi segunda casa, ¿no?

Cuando me quise suicidar, fueron los primeros en estar, y ahora que saben que yo me quise suicidar por algo que pasó ahí, que ellos tienen la culpa, no… No hicieron nada. Y encima prohíben a los alumnos hablar del tema, eso es gravísimo.

E.F.: ¿Cuál es la situación legal del cura ahora? ¿Él está preso?

K. M.: Sí. Cuando se hicieron las primeras denuncias penales él estaba prófugo, durante meses no pasó nada. El 10 de julio del año pasado salieron las dos primeras notas de las chicas en la televisión y eso apresuró un poco las cosas a nivel judicial, sacaron un pedido de captura.

El día 14 de julio se entregó en la fiscalía de San Martín con dos abogados. Ahora se encuentra en prisión preventiva. Estamos esperando porque es un proceso largo pero ya han pedido la excarcelación y están haciendo todo para largarlo. No podemos permitirlo.

 

E.F.: ¿Cómo te sentís en relación a los otros casos que salieron después que el tuyo? ¿Qué herramientas creés que pueden ayudar a otras chicas que hayan pasado por lo mismo y que no se sientan listas para contarlo?

K. M.: Yo me enteré hace poco de esto y me parece que está bueno contarlo porque necesitamos apoyo: hay un par de chicas que se quieren bajar del caso porque ya no soportan cómo nos trata la justicia, no lo soportan. Es difícil, la justicia es muy machista.

En mi caso, en la primera pericia me preguntaron si yo había hecho algo para provocarlo. ¡Yo tenía nueve años cuando me abusó! Me puse a llorar cuando me preguntaron eso. No sé si siguen un protocolo o qué, pero son muy fríos y siguen esa cultura de la violación de: “Bueno, pero si te pasó esto es porque vos hiciste algo”.

No, no, no hice nada. Yo, más o menos, me la banqué. Pero a otras chicas les hicieron otras preguntas feas, muy chocantes e inapropiadas. Tuvieron que cortar una de las declaraciones porque la denunciante se puso muy mal, la familia se enojó con el abogado del cura por lo inadecuado de lo que le dijo. Me enteré que otras chicas tuvieron que empezar de nuevo el tratamiento psiquiátrico y psicológico.

Nos ponen muchas trabas, tiene sentido que haya chicas que se quieran bajar. El tema es que sería un problema muy grave que se bajaran porque se desestabilizaría todo este proceso, toda la causa que veníamos encaminando.

Me tomo la responsabilidad de salir a visibilizarlo porque creo que soy la más entera, dentro de todo, de todas. Para que nos ayuden y dejen de cuestionar a las víctimas. Para nosotras no es divertido ir a la tele y decir: “Che, mirá, ¡abusaron de mí!”. Nadie se quiere hacer famoso por eso y es cruel sostener ese tipo de miradas.

Por eso entiendo a las chicas que no quieren salir a hablar, porque tenemos toda una sociedad detrás que no nos apoya. Si querés hablar te tenés que, encima, preparar para todos los comentarios de mierda que vienen atrás: “No, estás mintiendo”, “¿Estás segura? No sé si fue así”. La gente, en vez de escuchar, opta por cuestionarnos y apoyar al abusador, haciéndose cómplices.

Las entiendo, pero me gustaría decirle a cualquier chico o chica que haya pasado por una situación de abuso o violación que no se lo guarde, que lo hable. Por más que gran parte de la sociedad perpetúe la cultura de la violación, sea machista o esté en una situación de alineación en relación al patriarcado, van a encontrar un grupo, aunque sea pequeño, de gente que los va a apoyar como yo lo encontré ahora.

Recibí un montón de comentarios (para que te des una idea: chicas que eran amigas mías en la secundaria fueron a declarar a favor de él). Imaginate el dolor que me significó eso. Hoy, al final del día, no me interesa esa gente porque quien está sanando soy yo. Yo pude hablar, yo salgo a dar la cara y soy yo la que se está recuperando.

Hablar te ayuda a sanar, eso es lo que yo rescato.


Si fuiste víctima de abuso sexual por parte del cura Carlos José, podés acercarte a la fiscalía de San Martín, unidad 14 (Villa Ballester) o comunicarte con Karen mediante sus redes, Twitter e Instagram.

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