Ma(pa)ternidades: repensar la equidad de roles y funciones en cuanto a las tareas de cuidado

Desde Escritura Feminista, hablamos con Julieta Saulo, quien se define como “mujer, feminista y madre”. En ese orden y un poco mezclado. Se formó como psicóloga social y puericultora; hoy, es la Coordinadora General de los servicios de Puericultura de la Asociación Civil Argentina de Puericultura (ACADP). También es fundadora de Las Casildas y coordinadora del Observatorio de Violencia Obstétrica (OVO).

Julieta es docente y atiende en su consultorio particular a personas en etapa de gestación, puerperio y crianza. Además, coordina encuentros grupales sobre la temática con el eje en pensar el ma(pa)ternaje desde el deseo y no desde el mandato.

Escritura Feminista: ¿Cómo surge la Asociación Civil Argentina de Puericultura?

Julieta Saulo: ACADP es una entidad sin fines de lucro, que comenzó a gestarse a fines de 1999 ante la preocupación de un grupo de profesionales por la falta de respuestas a las inquietudes de muchas familias con respecto a la lactancia y crianza de sus hijos.

La necesidad de aportar opciones y alternativas al tema en cuestión fue creciendo. Poco a poco, profesionales de otras disciplinas con formación en este área fueron sumándose en un marco de capacitación acerca de puericultura y crianza; así se conformó la asociación, con el objeto de realizar una obra de interés general.

El propósito es promover, facilitar, favorecer, apoyar y proteger el embarazo, el nacimiento, la lactancia y la crianza, así como la realización de acciones que tiendan a la capacitación, la información, la difusión y la investigación acerca de estas temáticas en el ámbito de la República Argentina.

E. F.: ¿Qué es la Puericultura?

J. S.: La Puericultura comprende el conocimiento y la puesta en práctica de acciones que apunten a lograr el máximo desarrollo biopsicosocial de los niños y las niñas.

Enfocada en los primeros años de vida, difunde los beneficios de la lactancia materna, acompañando a las familias desde el embarazo hasta el destete, sin olvidar que la lactancia no es elegida por todas las familias.

En estos últimos casos, el proceso de acompañamiento puede darse de la misma manera ya que la prioridad y el foco está puesto en la instancia vincular, independientemente si se establece desde la lactancia materna o no.

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E. F.: ¿A qué rol suele estar asociada la mujer con respecto a la maternidad y la rutina familiar?

J. S.: Históricamente, la mujer ha sido asociada al ámbito doméstico y a las tareas de cuidado.

Con la incorporación de las mujeres al sistema productivo y de trabajo, luego de la Revolución Industrial, la mujer se vio escindida entre el mundo privado (doméstico) y el mundo público (laboral), siempre copado por los varones.

Así y todo, sigue siendo muy dificultoso para las mujeres, en la gran mayoría de los casos, poder ejercer un rol compartido en las tareas domésticas y de cuidado.

E. F.: Muchas mujeres en la actualidad tienen una profesión o trabajan fuera de la casa. Sin embargo, son quienes se hacen cargo del total de las tareas del hogar y de la crianza de lxs niñxs en el 80% de los casos. En este sentido, ¿cómo se vincula la cuestión económica en la disposición tradicional “familiar”?

J. S.: En Argentina, como en la mayoría de los países de la región, sucede un fenómeno muy particular: las mujeres sostenemos una doble jornada laboral, afuera y adentro de nuestros hogares. Esta situación afecta en mayor medida a las mujeres más pobres.

En nuestro país, las mujeres hacemos tres veces más trabajos domésticos y de cuidados no remunerados que los varones.

El promedio de horas semanales dedicadas al trabajo no remunerado, obtenidas entre diez países de la región, es de casi 14 horas en hombres y de alrededor de 40 horas en mujeres. Una variable que no podemos dejar de tener en cuenta es que, además, los varones ganan en promedio un 35% más que las mujeres.

Por lo tanto, es urgente repensar las tareas de cuidado desde una perspectiva más equitativa, ya que estas tareas invisibilizadas y no remuneradas son las que ofician como real sostén de las demás.

E. F.: Entendemos que su espacio fue el primero en acuñar el término de “ma(pa)ternidad”, ¿de qué se trata dicho concepto?

J. S.: Comenzamos a hablar de Ma(pa)ternidad cuando lanzamos junto a “Las Casildas” y Fundeco la campaña “Ma(pa)ternidades desde el deseo y no desde el mandato”.

Nos parece fundamental repensar la equidad de roles y funciones en cuanto a las tareas de cuidado. Por eso, nos atrevimos a utilizar ese neologismo en el lanzamiento de ese proyecto, incluyendo a mujeres y varones en situación de crianza y ma(pa)ternaje.

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E.F.: La concepción de “familia” tradicional está sufriendo una crisis, ¿qué se puede hacer para romper esta naturalización de roles en la vida cotidiana?

J. S.: Estamos atravesando un cambio de paradigmas total: no sólo el concepto de familia tradicional está en crisis, sino muchísimos mandatos que históricamente han delimitado y coaccionado nuestra historia y accionar. El mandato de la maternidad, por ejemplo, es uno de ellos. La heteronorma es otro.

Es muy común, hoy, como puericultoras, atender a familias comaternales o monoparentales, e implica revisar nuestro abordaje que también está influenciado por estos paradigmas que empiezan a caer.

Reconfirma que lo importante de nuestra profesión es poder acompañar a cada familia desde esas particularidades que la hacen única, tratando de no perpetuar mandatos históricos y asfixiantes sino conectar con el deseo y las posibilidades reales y no ideales de cada una de ellas.

E. F.: El movimiento feminista en Argentina marca una vanguardia a nivel mundial, pero la cultura machista aún sigue arraigada en la vida cotidiana ¿Con qué herramientas nos tenemos que hacer, hombres y mujeres, para enfrentar este cambio?

J. S.: Considero que la crianza es clave para poder deconstruir la cultura machista. Que una nena sepa que puede vestir de celeste y que un nene disfrute de jugar con una cocinita. Que podamos entender que no hay juguetes para nenes y juguetes para nenas.

Debemos revisar también los lineamientos institucionales ya que, las instituciones son grandes perpetuadoras de la estereotipia imperante, dividiendo los sectores de juego de los niños y las niñas desde una perspectiva sexista, el color de los delantales, el tipo de juego a los que pueden jugar, etc.

E. F.: Acontecemos a una extinción gradual de la “madre” y el “padre” como los conocemos, pero ¿qué surge en ese lugar?

J. S.: En realidad considero que lo que está en extinción es la rigidez y la estereotipia que abundaban en esos conceptos, no los conceptos en sí. Es decir, la madre abnegada que no puede conjugar su ser mujer con su ser madre está en extinción, así como el padre proveedor, rígido y desconectado totalmente con su emocionalidad y con la crianza de sus hijos e hijas.

Es interesante analizar cómo esos dos conceptos son producto de una gran construcción cultural. Basta hacer un raconto, por ejemplo, del rol del varón durante el parto de un hijo o una hija que se muestra en el cine: se lo ubica afuera de la sala, fumando un cigarrillo.

E. F.: ¿Es necesario abrir los espacios de deconstrucción y debate también a los hombres?

J. S.: Totalmente, es necesario incluirnos y también es necesario que ellos puedan generar espacios propios de deconstrucción. Es urgente que puedan replantearse los privilegios históricos que han tenido por el sólo hecho de ser hombres.

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