Un derecho loco y revolucionario

La ley nacional de salud mental y adicciones vigente para todas las personas residentes en Argentina asegura que

ARTICULO 7° — El Estado reconoce a las personas con padecimiento mental los siguientes derechos:

n) Derecho a que el padecimiento mental no sea considerado un estado inmodificable.

Si bien la ley fue sancionada en el año 2010, este derecho aún no se ha implementado por varios motivos.

Por un lado, los trabajadores de la salud mental no han modificado sus prácticas debido a diversos temores individuales y resistencias al cambio. Por otro lado, es más fácil darle medicación psiquiátrica a una persona de por vida, porque el trabajador (ya sea psicólogo o psiquiatra) se garantiza un cliente vitalicio.

Las organizaciones familiares y de usuarios de servicios de salud mental aún no han constituido una masa critica, suficiente para darle difusión nacional a la problemática, para plantar la semilla de un cambio que, desde la perspectiva de los derechos humanos, resulta revolucionario.

Reconocer el derecho a que el padecimiento mental no sea considerado un estado inmodificable equivale a eliminar la cronicidad de las psicosis.

¿Qué significa la cronicidad? Que una persona que recibe el diagnostico de trastorno de bipolaridad o de esquizofrenia se ve obligada a aceptar una enfermedad crónica, es decir, para toda la vida. En los consultorios esto es en extremo común, a pesar de ser ilegal.

Hoy, en Argentina, es ilegal decirle a un usuario de servicio de salud mental que su trastorno lo acompañará toda la vida, porque todos tenemos derecho a que el padecimiento mental sea considerado un estado que se puede modificar. Pero ese derecho solo se puede ejercer en la medida de que el trabajador de la salud mental esté dispuesto a darle el alta a sus pacientes.

Son cada vez más importantes las asociaciones de usuarios y ex usuarios de servicios de salud mental, porque desde ellas se logrará empoderar a esta nueva minoría en emergencia. El conocimiento y el empoderamiento de personas usuarias y ex usuarias es, en definitiva, lo que logrará las transformaciones sociales y culturales que permitan, como exige la ley, cerrar los manicomios.

Ya existen, en la ciudad de Buenos Aires, dispositivos sustitutivos como el grupo de apoyo mutuo en salud mental, un espacio coordinado y autogestionado exclusivamente por personas neurodivergentes, que en muchos casos sobrevivieron a la tortura en manicomios.

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