Mujeres No-No

Mujeres no-no, las más afectadas por la desocupación y la desigualdad social.
¿Quiénes son?
Jóvenes que no pueden estudiar, no pueden trabajar, y no pueden insertarse en el mercado laboral.

Según el portal Los Andes, este tipo de problemática social está íntimamente relacionada con la perspectiva de género: las tareas domésticas, y en particular el cuidado de hijos, resultan un impedimento para el acceso al trabajo y a la formación para muchas mujeres: 2 de cada 10 no estudia, no trabaja ni busca trabajo, pero casi todas ellas cuidan.

Los estudios realizados por el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec) lo demuestran. Gimena de León, Magister en Política Social y Planificación e investigadora asociada del programa de Protección Social de Cippec, es autora del documento de trabajo “Jóvenes que cuidan: impactos en su inclusión social”, en el que sostiene que:

“Las responsabilidades de cuidado afectan no solo a las madres, sino a un conjunto importante de jóvenes. Casi 4 de cada 10 jóvenes en el país tiene responsabilidades de cuidado, sobre todo de niñxs.

Las mayores dificultades que enfrentan las jóvenes para continuar sus estudios o trabajar tienen consecuencias críticas para su autonomía, su empoderamiento y la construcción de su ciudadanía. Los lazos que genera la inclusión en las dos instituciones sociales clave, escuela y trabajo, son fundamentales para el desarrollo de las personas.

Las trayectorias escolares interrumpidas confinan a las jóvenes al ámbito doméstico, afectando la posibilidad de desarrollar un capital social y cultural necesario para su desarrollo personal”.

Como se afirma en el estudio de De León, aquellxs jóvenes (de estratos socioeconómicos más altos) que cuentan con la posibilidad de tercerizar el cuidado de sus hijxs, contratan niñeras, ayuda doméstica o distintos sistemas de cuidado privados. Así, pueden seguir realizando sus actividades sin necesidad de salirse del mercado laboral o de abandonar sus estudios.

Este tipo de situaciones afecta a las personas de menores ingresos, que se ven obligadas a recurrir a “mecanismos adaptativos” (compartir tareas de cuidado o retirar la participación de las mujeres en el mercado de trabajo), lo cual incrementa su vulnerabilidad.

El estudio también evidencia que fue la economía feminista la que señaló la relevancia del valor económico del trabajo no remunerado que realizan las mujeres, en la medida en que sostiene la organización productiva y la reproducción de la fuerza de trabajo de los países.

“Del universo de jóvenes que no estudian ni trabajan pero cuidan, el 95% está representado por mujeres. Lejos de tratarse de una población que “no hace nada” y que es conceptualizada a través de la visión peyorativa y estereotipada del término “Ni-Ni”, una parte importante de estas jóvenes realiza, de forma no remunerada, tareas de cuidado esenciales para el sostenimiento y la reproducción de la sociedad”.

La mayoría de quienes no han iniciado aún su vida reproductiva estudian, no buscan trabajo de forma desesperada, y no cuidan a otras personas. Quienes son padres y madres, en cambio, participan más en la fuerza de trabajo y en la provisión de cuidado.

Tener hijxs se relaciona de manera proporcional con una reducción del ingreso de las familias, ya que con lxs niñxs aparece un nuevo tipo de necesidades. La reducción del ingreso siempre impacta de forma negativa, en especial dentro del grupo de jóvenes que aún se encuentran en un período de transición y para nada establecidos; sin hogar propio, sin un trabajo formal y con su educación sin terminar.

El estudio afirma que (en términos de políticas que pueden prevenir la maternidad temprana, y en particular la no intencional), se debe señalar la importancia de abordar el acceso a medidas que permitan evitar el embarazo no planificado. Dada la alta incidencia de embarazo adolescente no intencional, es necesario tomar medidas respecto de la salud pública.

Por el rol que, en general, se le adjudica en la sociedad a las mujeres, no solo se pretende que sean madres, sino que también sean las únicas encargadas de cuidar a sus hijxs, a costa de abandonar su formación profesional. Esto no solo ocasiona una pérdida socioeconómica sino que también impacta en términos psicológicos, debido a que dejan de sentirse útiles, dejan de pensar en un futuro mejor, y dejan de lado sus derechos.

Según Sunkel y Pautassi, investigadorxs citadxs en el documento:

“La manera en que Argentina ha organizado la protección social ha sido un elemento fundamental que ha incidido –también– en reforzar el rol de las familias en el cuidado de las personas.

Siguiendo la trayectoria de la región, en el país ha predominado el patrón contributivo con el establecimiento de “seguros sociales”, que afianza un modelo “familiarista” en el sentido de que, asegurado el ingreso del “proveedor”, se supone que la familia puede hacerse cargo de la mayoría de las funciones relacionadas con el bienestar.

El “familiarismo” en América Latina combinó así el sesgo de la protección social hacia el hombre proveedor con la centralidad de la familia como responsable del bienestar de sus miembros.

Gran parte de la protección social en estos países ha descansado en los beneficios de la conformación de la familia nuclear tradicional para la provisión de bienes y servicios vinculados con el bienestar de sus miembros, reforzando los estereotipos de género. Esta modalidad cristalizó un modelo familiar con un varón proveedor y una ama de casa que recibiría la protección estipulada por el Estado en carácter de consorte.

Así, es en virtud del vínculo legal con el trabajador asalariado que las mujeres se constituyeron en beneficiarias pasivas e indirectas de la seguridad social“.

Todo lo predicho se encuentra vinculado con las políticas de salud sexual y reproductivas, y cómo se las implementa en el país.

En Argentina, el número de embarazos no deseados es alto; además de los debates y la lucha por la legalización del aborto, se busca que la Ley de educación sexual integral (ESI), en vigencia desde 2006, sea aplicada correctamente en todas las escuelas y establecimientos educativos del país, de manera obligatoria.

Acabar con este tipo de problemáticas sería estar un paso más cerca de acabar con la alta vulnerabilidad social y la desigualdad. Si las mujeres no tienen la posibilidad de terminar el colegio, no podrán tener estudios suficientes como para conseguir experiencia y por lo tanto solo realizarán trabajos precarios, que muchas veces no satisfarán la demanda de dinero que genera sostener un hogar y proyectos propios.


Fuentes

Los Andes
Cippec

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