La mafia de la salud mental

“Sentarnos a esperar o negociar, como lo hicieron algunos dirigentes políticos y sindicales, era entregar el Hospital a los que querían cerrarlo y ponerle fin a la salud pública y gratuita. Por eso, decimos que también tenemos que celebrar una jornada histórica, donde confluimos trabajadores, trabajadoras y toda la comunidad, en defensa de los más vulnerables”.

Con esas palabras se expresa el comunicado publicado por personas que cobran un sueldo de los manicomios Borda, Moyano y Tobar García, para sostener su repudio a la represión ocurrida el 26 de abril de 2013 dentro del manicomio Borda.

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La represión violenta a trabajadores y prisioneros del manicomio Borda es repudiable, pero no permitamos que el árbol nos tape el bosque. La ley vigente N° 26.657 regula de forma clara y explicita el cierre de los manicomios.

También es repudiable que los trabajadores sigan hablando en nombre de los prisioneros políticos del manicomio Borda, a quienes no se permite ejercer su derecho constitucional a la libertad de expresión ya que se los mantiene drogados con pastillas psiquiátricas.

Los trabajadores del manicomio confunden las intenciones políticas con la función pública.  El intento de evitar el cierre de los manicomios en defensa de una supuesta “salud pública” atenta contra los derechos humanos de los presos políticos en los manicomios y contra los principios básicos de respeto hacia una democracia republicana en la que, nos guste o no, las leyes deben cumplirse.

ARTICULO 27. — Queda prohibida por la presente ley la creación de nuevos manicomios, neuropsiquiátricos o instituciones de internación monovalentes, públicos o privados. En el caso de los ya existentes se deben adaptar a los objetivos y principios expuestos, hasta su sustitución definitiva por los dispositivos alternativos. Esta adaptación y sustitución en ningún caso puede significar reducción de personal ni merma en los derechos adquiridos de los mismos.

Con la excusa de “defender a los más vulnerables”, los trabajadores de los manicomios se parecen cada vez más a los mafiosos que actúan por fuera de las leyes para “defender a los vecinos”, imponiendo sus propios códigos a todo el vecindario.

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En 1925, hace casi 100 años, Antonin Artaud expresaba en su “Carta a los directores de asilos de locos” lo mismo que hoy seguimos reclamando, lo que nos corresponde a todas las personas: el cierre de los manicomios.

Se sabe -nunca se sabrá lo suficiente- que los asilos, lejos de ser “asilos”, son cárceles horrendas donde los recluidos proveen mano de obra gratuita y cómoda, y donde la brutalidad es norma. Y ustedes toleran todo esto. El hospicio de alienados, bajo el amparo de la ciencia y de la justicia, es comparable a los cuarteles, a las cárceles, a los penales.

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