Deconstruir desde la infancia para educar

Vivimos tiempos de cambios, pero es inevitable que a veces se sigan reproduciendo modelos normativos, patriarcales, que ponen a la niñez en una casilla de la cual es difícil  correrse. ¿Por qué los adultos siguen la corriente en las modas de turno a la hora de una celebración, una lectura o un simple juego?

La infancia es un lugar clave para el desarrollo de todas las personas. Por eso, desde que lx niñx nace se comienza a pensar en qué pasos se darán respecto de su educación, alimentación, aprendizaje y demás categorías en el modo de vida, según la libertad de cada madre y padre.

Lxs niñxs crecen en diferentes entornos, y puede decirse que desde muy pequeñxs comienzan a elegir. A diferencia de las crianzas de otras generaciones, lxs niñxs desde ya bastante tiempo hacen elección de sus juegos, de sus ropas, de lo que desean hacer. Pero ¿con total libertad? No, en el abanico presentado se juegan también el deseo, las creencias, la educación, la racionalización y la valoración de ciertos factores por parte de los padres.

Cada decisión tomada respecto de lxs hijxs no es un hecho aislado. Son parte también de algo previo que rodea a la maternidad–paternidad como algo macro, a los deseos puestos en ello así como a las proyecciones que se hacen en (o a veces, sobre) lxs hijxs. Además, vienen las negociaciones intrafamiliares entre la madre y el padre, y también para con lxs niñxs.

Es una constante negociación y una elección permanente, la formación de esas personas que al mismo tiempo tienen sus deseos y sus ganas propios. La pregunta que cabe hacerse aquí es: ¿realmente son escuchados los deseos de lxs niñxs? ¿Cómo reaccionan lxs xadres cuando lo que se desea no entra en los cánones prestablecidos? ¿Qué tan tolerables son la diferencia y el corrimiento de la norma social?

Muchas preguntas que no tienen respuestas acabadas, sino que están en construcción. Sin embargo, en estas semanas una nota del diario Página 12 trajo a debate los modos de festejo en los cumpleaños infantiles.

En la nota se plantea que las animadoras de la fiesta dividían a nenes y nenas: los varones jugaban al fútbol mientras las niñas eran llevadas a una sala de “spa” donde se les aplicaban cremas y se las maquillaba. Más tarde, se las reunía con los niños pero para que ellas desfilasen, y fueran abucheadas o aplaudidas según el caso.

Además, la nota planteaba la pregunta bomba: ¿qué pasaba si un varón no quería jugar al fútbol? Una niña relató a su madre que las animadoras le decían que le pondrían “el vestido de [las princesas de] Frozen”.

Desde el mismo salón de fiestas, que los propios padres alquilan, se promueve la sectorización de lxs niñxs por género y, más grave aún, se promueve a modo de juego la sexualización y la objetualización de las niñas, y el encasillamiento de lxs niñxs en general; se promueve el bullying (mediante abucheos), que puede marcarlos a lo largo de toda su vida, y se los obliga a pertenecer a un binarismo al cual tal vez algunx no se sienta parte.

Viendo este tipo de prácticas, pareciera que aún no se entiende lo que puede generar esto desde la infancia. No solo por reproducir un modelo que ya no es aceptable, sino además por exponer a lxs niñxs en actividades que debieran ser recreativas, divertidas y gozosas, pero acaban no siéndolo.

En vez de esto, aparece la represión del deseo de lx niñx, puesta al servicio del itinerario de los salones de fiestas y del marketing que atraviesa cada práctica por todos lados.

Hagamos una mínima lectura: ya no se juegan a juegos en donde todxs participen e inventen, se pongan de acuerdo o incluso se peleen (que es algo sano en lxs niñxs), sino que se da servido y empaquetado en cada juego, en cada festejo e incluso en cada consigna, lo que la infancia “debe hacer y ser”. Eso quita elección, y quita el derecho a expresarse.

No es fácil evadir las modas en los tiempos que corren, pero el entorno, es decir, las familias en su estructura, deben permitir la expansión de lxs niñxs en todos sus aspectos, y esto no será posible si los encasillamos. Una vez más, se debe recordar que no existen juegos, colores, vocabulario o vestimenta para uno u otro género.

Existen esas categorías en sí mismas y son utilizables para todos por igual, según gustos y deseos. Porque lo más importante en la infancia es la invitación a explorar, aprender, divertirse. Lo lúdico y la sociabilización con sus pares son constituyentes en las historias de lxs niñxs, y coartarlos o limitarlos no es más que ponerles delante de sus ojos la historia que ya queda vieja.

Los adultos debiéramos poder romper con el pensamiento arraigado a los pares binarios, con las prácticas arrastradas de la heteronorma y las celebraciones o reuniones sectorizadas. Porque, tarde o temprano, todxs deberán convivir en conjunto, en una sociedad que está pujando por el cambio de paradigmas.

 

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