#Entrevista a Benito Cerati: “Imagino un futuro inclusivo y equitativo”

¿Quién dijo que todo está perdido? Benito Cerati forma parte de una generación que puja por un cambio en la forma de relacionarnos: poder ejercer el derecho de ser quien uno es y amar en libertad sin ser juzgado son bandera y consiga. En entrevista exclusiva para Escritura Feminista, nos habla de su música pero también de su percepción sobre los géneros y las identidades.

Un poco de música

Escritura Feminista: ¿Cómo es el proceso creativo? ¿Componés primero la música o las letras?

Benito Cerati: Mi estilo ha mutado con los años, pero yo escribo mucho. Siempre después del día hago una poesía si es que me inspiró mucho algún evento en particular. Por otro lado, siempre hago canciones instrumentales. Cuando llega la hora de pensar en un disco, lo que hago es juntar las dos cosas. Muy pocas veces he hecho las cosas en conjunto o pensando música en base a la letra o viceversa.

E. F.: ¿Hay algo que decidas comunicar con tu música de forma consciente o simplemente fluye?

B. C.: Mi música añeja conmigo, y refleja mucho de mis momentos personales.

En mi primer disco, yo pensaba que escribía letras super random y sin sentido, y con los años me di cuenta de que es el disco donde más hablo de mí, es decir, mi disco más personal lo escribí sin darme cuenta.

Mi segundo disco es también bastante personal, pero con la diferencia de que está escrito conscientemente desde adentro, entonces es más conciso; también en ese disco empecé a incluir conciencia social pero quizás a un nivel personal.

Nuestro tercer disco, que saldrá en unos meses, marca la primera vez que exteriorizo algo que para mí es importante: me leo deconstruido y descentrado, quizás arreglado por dentro y listo para salir a hablar de todo. Comunico muchas cosas esta vez, y veo a mi banda no solo como una banda sino como un vehículo para unificar, para sanar heridas, para aportar mi grano de arena en este mundo segregado.

E. F.: Dijiste en reiteradas ocasiones que no te interesa lo masivo. ¿Por qué? ¿La excelencia artística y la masividad no van de la mano? ¿Qué pasaría si te encontraras con la masividad sin buscarla?

B. C.: En realidad, no me interesa promocionar y quemar la cabeza con mi mensaje; yo estoy comunicando emociones y equidad, desde mí. No me interesa pagar desmedidamente para aparecer en la tele o tocar en estadios junto a grandes.

Nunca fue mi interés, y la escena masiva está llena de proyectos armados para vender, como si fueran productos más que música. A veces cuando escucho canciones en la radio es como si estuviera viendo comerciales de venta rápida: no siento ninguna emoción.

Si mi música llega a la masividad es porque mi mensaje realmente llegó a un nivel masivo, y lo tomaré si viene naturalmente, no renegaré de eso; dudo que pase, a como están las cosas. Pero de todas maneras no venderé ni un miligramo de mi ser o de mi arte para ser mas escuchado. Es así como yo funciono.

E. F.: Tu último disco, “Alien Head”, es de 2016. ¿Tenés programada alguna presentación con él o ya estás enfocado en algún nuevo proyecto?

B. C.: Estamos terminando de mezclar nuestro nuevo disco. Hice una pausa en la que tuve muchas experiencias enriquecedoras en otros ambientes y un descubrimiento personal enorme que fue a la par de la grabación. En unos meses saldrá y saldremos de vuelta a tocar.

Géneros e identidades

E. F.: Se percibe en tu música y en tu búsqueda estética mucha libertad, ¿creciste en un ambiente donde podías ser quien querías sin problema o es algo que incorporaste en tu vida adulta?

B. C.: Hay algo inherente en mí, para bien o para mal, que es que siempre fui yo mismo. Independientemente del ambiente, siempre actué de la manera que me dio ganas, y eso muchas veces me ha traído dolor o ansiedad y me he sentido excluido en mi niñez y adolescencia.

De parte de la familia de mi padre siempre fueron abiertos y nunca ha habido ningún problema; celebraban mis “locuras” y mi forma de ser único. La familia de mi madre fue siempre más estricta y parte de una clase social alta, más ensimismados, y siempre me sentí más desconectado con esa rama.

En mi vida adulta me encuentro libre de gran parte de mis miedos e inhibiciones y conceptos de cómo yo mismo TENÍA que ser, y estoy dejándome fluir con lo que venga, diciendo lo que pienso y perdiéndole el miedo a perder el control de las cosas.

E. F.: De tus intervenciones en las redes sociales se desprende que tenés inquietudes sobre las categorías de género, ¿creés que caminamos hacia un mundo de mayor libertad en este aspecto?

B. C.: De chico me parecían fascinantes los conceptos de la androginia y el mundo drag, lo sentía como un superpoder y amaba la idea de poder ser de distintos géneros o tener distintas personalidades, dependiendo de la situación o de cómo me sintiera en el momento. Descubrir de grande que eso existe me ha reconectado con aquello que en mi infancia me encantaba tanto.

Sí, creo que hemos creado una grieta en el frasco social en el que nos metieron. Hay que darle visibilidad a estas cosas, sin ponerse extremista sino valorar lo que elija cada uno mientras eso que elija no dañe la validez de identidad de otras personas.

E. F.: ¿Te definís de alguna manera? ¿De género fluido, demigénero? ¿Con qué pronombre te identificas? ¿Por qué?

B. C.: Aprendí que, en mí, las definiciones no sirven. Hay cosas concretas, tengo los genitales y la biología que tengo, la voz que tengo… Pero así como el color de pelo y los ojos cambian con la edad, el cuerpo también va cambiando, así también mi identidad.

Lo que hace interesante mi vida es que nunca estoy igual, voy fluctuando, siento que tengo muchas ramas y todas esas soy yo, y en ciertos momentos de mi vida decido darle más prioridad o explorar una de esas ramas a fondo y después adquirirlas y seguir hacia otro lado. Soy una especie de coleccionista.

Si sucedió algo es que abrí las puertas a una cantidad increíble de emociones y gustos y sensaciones que tenía bloqueadas porque “no eran de hombre” y de ahí nació todo un mundo nuevo, mi necesidad de exteriorizar esto, de romper moldes de género e identidad y relajar un poco la idea de qué es ser un hombre y qué es ser una mujer.

No me siento menos hombre por tener un montón de características socialmente conocidas como “femeninas”. Nunca tuve un problema inaguantable con mi cuerpo, pero si hubiera en el futuro algo que me transformara en distintos géneros, sé que puedo cambiar a mi gusto.

Con pronombres estoy bien con cualquier cosa. Por costumbre o comodidad, reacciono más al pronombre masculino, pero muchos amigos (sobre todo de la comunidad LGBT+) me tratan en femenino o en neutro y no me molesta.

E. F.: Hay una movida que propone la inclusión del género no binario para la documentación legal. ¿Estás al tanto? ¿Qué opinás?

B. C.: Opino que está perfecto. Cada uno debe ser respetado por cómo se siente. Ayudará a descontracturar mucha pena, culpa y agonía debido a la represión que existe y la poca bola que se les da.

E. F.: ¿Cómo ves las movilizaciones feministas recientes? ¿Te sentís interpelado?

B. C.: Me parece que está cambiando todo muy rápido para bien. Todo lo que está pasando a nivel mundial me enorgullece y me hace sentir optimista acerca del futuro. Imagino un futuro inclusivo y equitativo. Quizás falte, pero hay que seguir levantando la voz como estamos haciendo y se llegará a algo armonioso.

La clave es no empantanarse en una ideología extremista o negadora y entender que cualquier ser humano es capaz de ser una buena persona.

Las mujeres y las minorías que han sido presionadas por mucho tiempo tenemos que levantarnos y hacernos respetar, no callar nada. Este es el momento y somos nosotros los que lo tenemos que hacer para que las generaciones futuras no sufran lo que nosotros aún tenemos que sufrir.

Lo de minoría es por ahora: quién sabe si cuando todos tengamos los mismos derechos y la libertad para ser como deseamos, descubramos que en realidad somos todos bisexuales o todos sin género, y que todo es construcción en base a lo que se le impone al sexo biológico.

E. F.: Llegó al Congreso el proyecto para la despenalización del aborto, ¿tenés alguna posición tomada? ¿Cuál y por qué?

B. C.: El derecho al aborto es algo que siento ridículo estar aún debatiendo. Que no sea legal me parece arcaico y no correspondiente con los tiempos en los que vivimos. Cada vez que sale el debate del aborto, yo veo tan claro todo que me resulta hasta surreal que sea un tema polémico.

E. F.: En las redes sociales aparecés como “Vanity Sex”, ¿quién es?

B. C.: Para canalizar partes de mí, siempre he creado alteregos que después integro a mi vida, pero mi proceso es siempre crear un personaje aislado con ciertas cualidades mías enterradas, que muestro por ahí hasta que me animo a integrarlas a mí mismo en serio, para así sentirme más completo.

Vanity Sex existe desde que tengo 19 años, y es el personaje en el que llevo la androginia al extremo. Siempre fue un personaje interno, pero hace poquito lo exterioricé. Es desde este personaje que incluyo la imagen, la vanidad y lo carnal. En un sentido, representa cómo muchas veces solo elegimos tener sexo para sentirnos deseados, hermosos, no por amor. Ese falso sentir me inspiró a crear el personaje.

Hay algo también en el ambiente drag que es un poco la cultura de llevar al extremo rasgos, resaltar y hacer de uno una versión “2.0”, lo cual requiere de un cierto nivel de vanidad (no como algo negativo) y un concepto de belleza y arte relacionadas que me parece impresionante.

Vanity Sex es sobre eso, sobre la cultura drag; es la unificación de los géneros, o más bien, el desdibujo de los géneros.

E. F.: ¿Cómo te llevás con las interacciones en las redes sociales? ¿Te considerás influencer? ¿Por qué?

B. C.: De chico, me escondía mucho en redes, música y videojuegos para escapar de realidades dolorosas que vivía. Conozco los beneficios y las contras de todo eso, y me han ayudado más que perjudicado, quizás porque siempre supe cuándo parar o a dónde ir y a dónde no. Siento que las redes me han ayudado mucho a no sentirme solo y a darme cuenta que existe gente que está en la misma lucha que uno.

No me considero influencer, para nada. Me siento al mismo nivel que todos y con ninguna capacitación para llevar la bandera de absolutamente nada. Sí promuevo la libertad de ser uno mismo, pero para eso uno no tiene que estar pendiente de otros. Uno mismo tiene que ser su propio influencer, de última.

Iría en contra de mis principios y me haría sentir mal si me diera cuenta de que alguien me imita en todo lo que hago. El concepto de influencer me asusta. Muchas veces he leído (y esto lo digo sin soberbia) que me dicen “quiero ser como vos” y yo les contesto “si querés ser como yo, sé vos”.

E. F.: Por último ¿hacia dónde vas?

         B. C.: Hacia mí.

 

 


*La imagen de portada corresponde a una captura del videoclip de Zero Kill, “El final de una relación normal”.

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