“Ponerle voz al dolor, poder hacer un manifiesto de mi lucha”

Por qué volvías cada verano (Editorial Madreselva) es una novela de no ficción para la que Belén López Peiró tuvo que reconocerse como víctima de abuso sexual.  Además, es una denuncia y una intervención política que nos interpela, pero por sobre todo es una muestra de valentía: el resultado de la decisión de una joven que no quiso callar más y que utilizó las herramientas a su alcance para hacerse escuchar.

Belén tiene 26 años, es periodista y comunicadora social. Desde chica encontró en la escritura una pasión.

“Primero en diarios íntimos: se te va por ahí trasladar las emociones a un papel. Después, me empezó a gustar mucho en la secundaria Lengua y Literatura, y decidí estudiar Periodismo, también porque mi mamá es periodista y un poco mamé eso en mi casa. Solo que yo me dediqué al periodismo político y social, y siempre escribí historias de un otro”.

Durante su infancia y adolescencia, Belén pasaba los veranos y algunos fines de semana en casa de sus tíos en Santa Lucía, un pueblo de la provincia de Buenos Aires. Entre los 13 y los 16 años, su tío, a quien quería como un padre, abusó de ella. Su libro la ayudó a reconstruirse y a la vez cierra de algún modo esa etapa.

Yo fui abusada pero yo no termino ahí, es parte de mi vida pero soy esta mujer que tenés adelante tuyo y que también hace un montón de cosas más”, declara Belén. “Desde el momento que vos ya no tenes rencor sino que entendés qué te paso, y ves que lo bueno es que pudiste transformar”.

En el proceso de reconstrucción, después que  logró hablar y tratar el tema con su familia y en terapia, encontró el incentivo para empezar a escribir.  

“A Sergio, que es quien coordinaba los grupos terapéuticos, siempre le contaba que me gustaba mucho escribir. Un día me dijo: ‘¿Por qué no volcás todo esto que vos sentís a un papel?’, y quizás primero lo empecé a hacer más como un ejercicio personal, hasta que después pensé: ‘Che, ¿y si me anoto en un taller de escritura?‘”.

Ese verano, Belén decidió aprovechar las vacaciones universitarias y anotarse en un taller dictado por Gabriela Cabezón Cámara. Fue para divertirse, para disfrutar su pasión por la escritura junto a gente que compartiera ese sentimiento. “Iba a un taller a escribir para mí”, sentencia. Belén escribía cuentos, relatos, historias, pero siempre de ficción.

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Foto: Lean Binetti.

Sin embargo, durante la cursada llegó una convocatoria de Abuelas de Plaza de Mayo que invitaba a escritores contemporáneos no editados a enviar relatos sobre identidad para publicarlos en un libro para adolescentes.

Yo quise escribir sobre lo que era identidad para mí y lo primero que escribí fue una de las voces que es la mía sobre el último abuso, el que pasa acá en capital y en el que llega mi papá. Lo mandé a Abuelas y me respondieron que les había encantado pero que no podían dárselo a chicos. Después, lo llevé a lo de Gaby y me dijo que dejara todo lo que estaba haciendo y escribiera sobre eso. Así fue que empecé a escribir”.

Belén descubrió que tenía un arma más poderosa que la de su tío policía. Después de la primera voz salieron muchas más, que no podía callar.

“Escribí mucho más de lo que aparece en el libro. Fue un proceso no solo de seleccionar y elegir sino también de ir uniendo, porque al principio escribía cosas muy suaves, usaba palabras como lolas o vagina porque sentía que seguía intentando suavizar la situación, hasta que entendí que no había forma de trasladar las cosas que sentía si no llamaba a las cosas por su nombre“.

Sobre la selección final del léxico más explicito y las voces citadas, la escritora dice que decidió publicar lo que más impacto generaba. “El abuso es eso, es un golpe al cuerpo”, reflexiona. Quería que el libro golpeara al lector, que le generase preguntas e incertidumbre. “Necesitaba poner en palabras algo que a mí me estaba pasando”.

Por qué volvías cada verano es una novela polifónica que incluye, además de la de Belén, las voces de familiares, conocidxs, abogadxs, médicxs, policías.

“Empecé a escribir voces que tenía en la cabeza que ni siquiera sabía de quiénes eran. Yo sentía que mi voz no podía entenderse si no la ponía en contexto, si no se enmarcaba con un coro de voces que podían completar la situación. Entiendo que un abuso no es solo el abuso, sino todo el marco, cómo llegaste ahí, qué pasó después, por qué no hablaste”.

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La ilustración de portada, otra obra de Belén.

En el libro, Belén plasma a la perfección la falta de empatía de algunxs profesionales, y las trabas y los tiempos de la burocracia judicial y policial contra los que deben luchar las víctimas de abuso.

“Fue muy a propósito que las instituciones fueran una de las voces, porque juegan un rol fundamental. Hasta le puse la misma tipografía que me parecía que transmitía y denotaba esa realidad. Las voces de los protagonistas están atravesadas por la justicia, con su propia selección de léxico y los mecanismos que maneja. La voz judicial tiene una fuerza y un poder que ahogan“.

Todo ese desamparo del Estado, que muchas veces desalienta a continuar con el proceso, Belén lo conoce bien.

Su demanda, iniciada en 2014, todavía no se elevó a juicio. Ir a la justicia implica mucho más que enfrentar abogados y fiscales. Belén se considera afortunada por haber tenido la posibilidad económica de acceder a un abogado, una ginecóloga especialista, un grupo terapéutico y una psicóloga, y además por haber dado con especialistas preparados para acompañarla en un proceso como el suyo.

Otro tema recurrente en los casos de abuso, y que retoma el libro, es la negación o el no creer en la víctima.

“Siempre lo primero es culparla. Si le pasó es porque algo tuvo que hacer para provocarlo y si lo dice es porque quiere sacar algún rédito económico, fama, o por envidia. Se prefiere culpar a la víctima que incomodarse y decir ‘Voy a tener que cambiar algo para que esto no vuelva a pasar’, no les importa y eso es lo grave”.

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Foto: Lean Binetti.

Desde su propia experiencia y aprovechando el apoyo de su familia, que creyó desde un primer momento en ella, y las herramientas que tenía a su alcance, esta joven compuso esta necesaria obra que excede su caso personal.

“Me parece que las dos cosas, tanto el libro como la causa, son cosas que yo sentí que tenía que hacer. Más allá de mí, porque obviamente necesitaba curar cosas mías, pero también porque hay un montón de otras pibas que no lo pueden hacer“.

Para enfrentar la batalla, Belén debió reconocerse como víctima. Ahí entendés que hay otro que hizo algo que no correspondía, hizo algo sin pedir permiso”, reflexiona. “Después, cuando una pareja quiere tocarte y vos tenés que decidir si querés o no, ves que cuando eras chica se aprovecharon de la vulnerabilidad”. Nadie nace sabiéndolo, y para Belén fue necesario compartirlo. “Es una reconstrucción súper intensa”, afirma.

Es necesario todo un proceso desde que se empieza a entender que lo que pasó no estaba bien, y durante ese proceso la víctima puede dudar hasta de sus propios recuerdos. “A veces, eras tan chica que no sabés si te pasó o no te pasó”, explica Belén, y destaca la ayuda que representó el taller de escritura.

“En la intimidad pude reconstruirme, pero el momento en el que me di cuenta de que ya no era víctima y que podía hacer de mi vida, del sexo y de mi cuerpo lo que quisiera fue con el taller, porque creo que Gaby lo transmite en sus libros. Es una mujer que milita por la libertad en general, de cuerpo, de género.

Si me preguntás a quién admiro, no solo como escritora sino también como persona, es a ella. Me enseñó a ser más libre, me enseñó que podía tomar poder y apropiarme de mis palabras, ponerle voz al dolor, hacer un manifiesto de mi lucha”.

Belén está segura de que la posibilidad de publicar su libro y la recepción del público se dieron gracias al contexto actual: las chicas saben que sus derechos deben ser respetados y que su cuerpo no debe ser expropiado. Saben que tienen que luchar y que están acompañadas.

“El feminismo hace repensar todo: las cosas cotidianas, las relaciones de pareja, los gustos sexuales, cómo querés que te trate un profesor o un compañero de trabajo, cuánto querés ganar, por qué estás ganando menos que un compañero. Te hace repensar todo y tener la fuerza para luchar por lo que corresponde“, concluye.


El próximo domingo 13  de mayo a las 18 hs., Belén presentará Por qué volvías cada verano en el stand Orgullo y Prejuicio, pabellón Ocre, de la Feria del Libro.

Un comentario en ““Ponerle voz al dolor, poder hacer un manifiesto de mi lucha”

  1. Suerte Belen, leí tu libro y te felicito por tu coraje. Soy abuela de una niña abusada y comprendí tu bronca , tu dolor . Lo recomiendo. Fácil de leer. A vos Belen un abrazo enorme y fuerza querida !!!!!!

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