“Seré ejecutada antes de poder cumplir mis sueños”

Una adolescente condenada a muerte y miles de repercusiones a lo largo del mundo.

Casos como el de Noura Hussein son habituales en países como Sudán, y es probable que si hubiera sucedido en otro momento o en otro marco social internacional, habría sido ignorado o condenado al olvido como tantos otros, pero ya no.

La consigna “No nos callamos más” también golpea al Medio Oriente, ya que este es el primer caso oriundo de esa zona con tanta trascendencia nacional y mundial.

La República del Sudán es uno de los 54 países que componen al continente africano. La mayor parte de la población es musulmana, criada en ambientes machistas y de pocos derechos para la mujer, quienes son obligadas a casarse a muy temprana edad aún contra su voluntad. Son lapidadas ante la presunción de adulterio, culpables hasta que se demuestre lo contrario.

Según Federico Gaon (columnista de infobae y facilitador en cuestiones de política internacional y de movimientos islámicos en el mundo árabe), Sudán es un país extremadamente patriarcal donde lo que dice el hombre se obedece, y donde a las mujeres se les impone qué hacer y qué no. Si son violadas, ellas serán las condenadas con la firme creencia de haber sido quienes sedujeron al hombre atacante.

Si quien cometió la violación es un familiar, la situación queda en secreto, pero si fue un extraño, la víctima podría ser obligada a casarse con él para evitar una serie de conflictos que incluyen la deshonra de tener a una mujer abusada dentro del clan familiar. La violación no es considerada un delito, por lo que las denuncias nunca son efectivas.

Esta serie de situaciones son frecuentes dentro de regiones de África del Norte, donde la edad legal para casarse es de solo 10 años y la violación conyugal es legítima. Es en este contexto en el cual se desarrolla la trágica historia de Noura, una adolescente de 19 años condenada a muerte por apuñalar a su esposo para evitar ser violada por segunda vez.

Noura fue obligada a casarse cuando apenas tenía 16 años, completamente en contra de su voluntad. Su único sueño era terminar de estudiar para lograr convertirse en maestra, la profesión que más anhelaba. Según Kractivist, la joven arrestada afirmó:

“Seré ejecutada antes de poder cumplir mis sueños. Soñé con alcanzar los niveles más altos de educación y cultura en mi vida. Yo quería unirme a la Facultad de Educación, conmemorar al Santo Corán. Me hubiera encantado ser profesora para educar a los jóvenes en mi pueblo. Mis sueños se convirtieron en una pesadilla, nunca esperé llegar a este destino”.

La adolescente logró evadir a su esposo durante 3 años, en los que estuvo a cuidado de su tía, pero por un engaño de su propio padre (quien inventó que la boda había sido cancelada), regresó a la casa familiar en donde fue entregada a su esposo, Abdulrahman Mohamed Hammad, en 2017.

A solo 6 días de la entrega, varios familiares se organizaron para abusar de ella dentro de su casa, ya que se negaba a consumar el matrimonio. Sarah ElHasan, una de las activistas que pide por su liberación, sostuvo:

“Ella no quería tener relaciones sexuales con él. Entonces, su marido reclutó a varios primos cercanos y los trajo a la casa, donde entre todos la sostuvieron mientras el marido la violaba”.

Pocos días después de la primera violación, y en un intento de llevar a cabo la segunda, Noura decidió defenderse: entre forcejeos, apuñaló a su esposo por la espalda y le causó la muerte. En estado de shock, buscó refugio en casa de sus familiares, quienes de inmediato la desheredaron y la entregaron a la policía que, tal como dicta la Sharia (ley religiosa del Islam), la encarceló sin dilación a espera de una futura sentencia.

Según Amnistía Internacional, se pudo comprobar a través de exámenes médicos que Noura había sufrido heridas, incluidos un mordisco y arañazos. Sin embargo, se abrió una causa en su contra caratulada como homicidio intencional y premeditado, y desde entonces ha estado encarcelada.

En la Corte de Omdurman, el propio juez sugirió a la familia del difunto que perdonara a Noura, pero ellos se negaron. Frente a la elección entre una compensación económica y la pena de muerte, optaron por la segunda. Luego de estar aprehendida desde el asesinato en 2017, la semana pasada fue hecha pública su sentencia de muerte.

El pasado jueves 10 de mayo, Noura Hussein fue condenada a la horca. Su equipo legal cuenta con solo 15 días para apelar. Los simpatizantes de Noura, a diferencia de sus familiares, sí estuvieron presentes durante el fallo: colmaron la sala del tribunal en Omburman e inundaron el pasillo exterior. Muchas de las asistentes fueron mujeres musulmanas cansadas de este tipo de injusticias

Uno de los defensores de la joven, Adil Mohamed Al-Imam (quien donó sus servicios después de que el abogado original abandonara el caso), sostuvo que Noura no solo fue abandonada por la justicia, sino también por su familia, aunque lo positivo es que las circunstancias tomaron dimensión internacional y las asociaciones en defensa de la mujer se pusieron de su lado.

Desde el día de la condena, los simpatizantes de la causa de la adolescente lanzaron la campaña “Justicia por Noura” con la intención de que se frene el abuso que está a punto de ser cometido, en espera de que todo llegue a oídos del presidente sudanés, Omar Al-Bashir, el único con el poder necesario para dictar una orden de indulto.

Tara Carey, de Equality Now (ONG que acompaña a Noura) afirma:

“Noura no es una criminal; es una víctima y debería ser tratada como tal. En otros países, a las víctimas de violación o violencia doméstica como ella se les provee de servicios para que atraviesen el trauma de su experiencia. La criminalización de Noura por defenderse de un ataque y, en particular, la pena de muerte, violan sus derechos bajo la Constitución de Sudán y las leyes internacionales”.

Se han desarrollado distintos hashtags, como #JusticeforNoura (Justicia para Noura) y #SaveNoura (Salven a Noura), que ponen de manifiesto la inmoralidad con la que se está tratando el caso.

Asimismo, fue abierta una petición al gobierno de Sudán en Change.org con el fin de evitar la sentencia. Para el día viernes 11, más de 100 000 personas habían dejado su firma en la página, y durante el día de ayer fueron superadas las 400 000 adhesiones.

En Twitter, el hashtag #JusticeForNoura se ha vuelto muy popular entre los usuarios que esperan ayudar a través de la movilización generada, para lograr una intervención positiva que acompañe la apelación de los abogados.

Algunos piden que se trate de convencer a la familia del atacante para que le otorgue el perdón a Noura y pueda salvarse de la ejecución. Sin embargo, es algo que muchos ven imposible debido a que, cuando se confirmó la sentencia de muerte, los familiares aplaudieron y festejaron hasta dejar el tribunal.

Acontecimientos como el de Hussein demuestran que las mujeres aún sufren el maltrato patriarcal, en especial en sociedades machistas y misóginas, pero que cada vez son más las que se oponen a seguir viviendo de la misma manera.

La usuaria de Instagram @bsonblast (una joven sudanesa llamada Sara) actualiza a diario la información sobre la situación de Noura. Durante la semana pasada, inició una campaña en la que proponía a personas de todo el mundo que le enviasen cartas por correo electrónico, para traducirlas y dárselas a Hussein.

En diálogo con Escritura Feminista, Sara afirma que el impacto positivo que una palabra de apoyo puede tener es inconmensurable. Además, plantea que este tipo de casos son frecuentes, y que no se trata de situaciones aisladas sino propias del tipo de cultura y de sociedad en que viven.

Sara sostiene que no habrá mayores avances en el caso hasta que los abogados apelen dentro de unos 12 días, pero cualquier actualización será informada en su perfil.

“La pena de muerte es la forma más extrema de pena cruel, inhumana y degradante, e imponérsela a una víctima de violación no hace más que poner de manifiesto la incapacidad de las autoridades para reconocer la violencia que soportó esta mujer”. Seif Magango, Director de Amnistía Internacional para África Oriental.

 


Fuentes:

Imagen de portada: La Vanguardia.

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