El género de la resistencia

La marcha de Ni Una Menos y los plenarios por el aborto legal, seguro y gratuito llenaron las calles de color verde y violeta, de cantos y algunas “indignantes” paredes pintadas. Las mujeres coparon la ciudad con las expresiones más diversas, y como en todo acto de denuncia, el arte está presente y grita.

Desirée Duval forma parte de AÚLLA, el colectivo de mujeres artistas, y es tan fuerte como la loba que las representa. Sus dos pasiones son las artes escénicas y la moda; es actriz desde su infancia, directora y empresaria textil. Su amor por la creación, sus ideales de lucha y la búsqueda de la igualdad de género se fusionan en sus dos proyectos más grandes: su compañía de arte La Inefable y su marca de ropa unisex WTTJ.

Desde su adolescencia, Desirée sentía que no se reflejaba en aquellas consignas sobre lo que tenía que hacer o dejar de hacer. Motivada por sus deseos de independencia, comenzó a indagar en el feminismo y terminó de darle forma a algunas de las cuestiones que tanto había cuestionado de chica. Se propuso ocupar todos esos terrenos donde la mujer no tenía voz ni voto y llevarse a sus compañeras consigo.

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Fuente: x.

Escritura Feminista: ¿Por qué se creó AÚLLA?

Desirée Duval: Este colectivo nace por la falta de igualdad en el cupo laboral dentro del ambiente artístico. En teatros oficiales, como el San Martín o el Cervantes, trabajaba un 15% de mujeres contra un 85% de varones. Solo te encontrabas mujeres en el área de vestuario, algunas asistentes de dirección, actrices (obviamente, porque las necesitaban), pero en los puestos directivos no.

Entonces Aúlla nace para protestar, para impulsar movimientos y presentar leyes de cupo laboral femenino y demás, por lo menos dentro del ambiente artístico.

El primer movimiento que hicimos juntas fue un escrache en “Argentores”. Cuando entrás ahí, encontrás toda una pared dedicada a todos los dramaturgos de la historia argentina y después de la universal. Si te ponías a ver con atención, no estaban las mujeres. Creo que la única mujer era Griselda Gambaro y la pusieron porque ya hubiera dado vergüenza negarla.

Dentro del espacio artístico, que se supone el espacio más “progre” socialmente, nos encontramos con que todos los jurados eran hombres, todos los sueldos con guita eran para hombres. Todos los directivos eran hombres. Todos los premios a la dramaturgia y a la puesta en escena eran para los hombres.

En un comienzo, AÚLLA era una sigla. Después se terminó orientando al tema del grito, el alarido, la denuncia. ¿Qué hacemos? Aullamos. Aullamos dolor.

E.F.: Además, utilizan la imagen de la loba. ¿Cuál es su significado?

D.D.: Cuando decidíamos el nombre, pensamos en la actitud que tiene la tigresa con sus crías, la actitud de lucha contra el león. Nos interesaba ir a lo salvaje. Alguien trajo el concepto de la loba y su relación con la luna llena, sus aullidos.

El aullido es desde los genitales. La loba puede llegar a despedazar a un macho si le toca a las crías. Se manejan en manada y salen en determinados horarios para cuidarse entre ellas. La naturaleza de la loba es algo impresionante, es natural.

E.F.: ¿Por qué es tan importante manifestarse en la calle?

D.D.: Porque nos tenemos que hacer dueñas de la calle, tenemos que salir a conquistarla. Una amiga me expresó estar un poco asustada porque “las marchas están terminando mal, y están saliendo a buscar a las pibas”. Debemos decir no, cuidarnos como manada de lobas.

Cada vez que salimos a la calle organizamos un circuito de seguridad. “¿Te vas?”, “¿Con quién te vas?”, “¿Para dónde te vas?”, “Avisá cuando llegues”. Tenemos un listado de todas las AÚLLA que participarán en cada marcha, y cada una que se va la vamos tachando.

Causa mucho rechazo que la mujer se haga dueña de la calle.

El ámbito del hombre, patriarcalmente, es la calle: es estar todo el día fuera y volver con plata en los bolsillos, volver a las 9 y que esté la comida hecha. Si la mujer sale a la calle, es para llevar a los chicos a tenis e irlos a buscar.

¿Cuál es el lugar de mayor hostigamiento contra las mujeres? La calle. Salís con 12, 20, 35 años y tenés que soportar que el hombre cómodamente te diga que te haría 5 hijos. Les da mucho miedo vernos en la calle. ¿Qué pasa? Nos plantamos de otra manera, ya no somos visitantes. La calle es mía.

Es lo mismo que digo con la mujer en los ámbitos de negocios: es importante que la mujer maneje guita. La mujer tiene que copar los lugares de poder. No es por un tema en sí de la plata, sino de conquista de este territorio que no era ni en pedo pensado para la mujer y ahora sí.

E.F.: Ustedes llevan a las marchas una gran bandera con siluetas dibujadas donde se recuestan, y otras las levantan. ¿Qué significa su performance?

D.D.: Significa una lucha presente por todas esas que no están. Marchamos y luchamos por las que ya no lo pueden hacer. Cada nombre que está ahí no lo lloramos; nos levantamos, marchamos y seguimos luchando. Las resucitamos en fuerza, en poder. Lo que fue dolor, lo reciclamos energéticamente.

E.F.: ¿Qué pasa dentro tuyo cuando tomas el lugar de una de las chicas que ya no está?

D.D.: Tristeza. Me ha pasado sentir que puedo ser una, que puedo ser la de mañana. Me estoy acostando en la silueta de un nombre, un apellido, un DNI de una persona que fue asesinada por el solo hecho de ser mujer. Pero me paro, y salgo a gritar, salgo a aullar por ella. Es muy loco.

Nos traemos y nos resucitamos. Eso es algo muy rico, la sororidad que tenemos con las que no están, con las que están y con las que vendrán. Es una de las características principales del movimiento feminista.

No sé cuántos hombres tienen el privilegio de que los traigan y los resuciten energéticamente. Nosotras sí lo hacemos entre nosotras.

E. F.: ¿Por qué el arte es tan importante en tu vida y en la lucha?

D.D.: Todo lo que hago, para mí, es un acontecimiento político y no encuentro otra forma de hacerlo que no sea partir de lo artístico. Es mi forma de lucha. Y si vos sabés usar esa herramienta, y lo haces de forma consciente, es una gran forma de hacer política sin necesidad de pararte en una mesa y dar un discurso.

Crecí leyendo obras, novelas, clásicos que claramente hablan de problemas políticos y sociales. En la antigüedad, el teatro era el lugar donde se discutían los temas sociales, donde los actores representaban lo que estaba pasando para que la gente lo viera y tomase cartas en el asunto.

El teatro es el reflejo de la sociedad. Me encanta crear mundos porque me encanta crear esa realidad paralela que no deja de ser una realidad. Hacemos uso de la obra de teatro como excusa para mostrar un paralelismo que probablemente afuera no quieran ver o quieran esquivar.

E.F.: Para vos, ¿qué es ser artista?

D.D.: Ser artista es crear algo con un discurso. El artista no hace entretenimiento para que te rías un rato, sin generar pensamiento. El artista genera un acontecimiento artístico. Activa tu pensamiento. Te saca de tu lugar de confort, te deja preguntas y te hace decir “La puta madre, no sé si quería meterme en esto”. Eso es arte. El artista para mí es alguien que tiene una gran responsabilidad social.

E.F.: ¿Qué es el feminismo?

D.D.: Es la igualdad en sí. Es buscar la igualdad en todo concepto, tanto para el género masculino como para el femenino. Por eso es puntualmente por lo que lucho, para que no haya diferencias.

E.F.: ¿Podrías comentarnos algún caso particular de sexismo que hayas vivido en tu carrera como actriz?

D.D.: Cuando tenía 17 años, un productor me ofreció acostarse conmigo.

Si no eras flaca y estereotipada, si no te vestías como te tenías que vestir y mostrabas lo que tenías que mostrar, si no decías lo que tenías que decir y tenías relaciones con hombres que no te interesaban, no entrabas a ese mundo.

E.F.: ¿Qué le dirías a las mujeres que no se sienten representadas por el feminismo?

D.D: Que pueden decir eso porque muchas feministas les abrieron el paso para que puedan opinar.

El feminismo es hermandad, es sororidad, es compasión. No es odio. Vamos a seguir conquistando, y cuando nadie se de cuenta, ninguna mujer se va a encontrar diciendo “No, yo no soy feminista”.

Si no sos feminista ahora, si no podés declararte feminista ahora, en un par de años va a pasar. No por vos, quizás, pero sí por tu hija, por tu sobrina, por quien sea. Cuando te des cuenta de que ella tiene que tener los mismos derechos.

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Fuente: Martina Tortonesi.

Hay muchas feministas que plantean al género femenino como el género oprimido. Para mí, somos el género de la resistencia. Somos las que resisten en carne, las que están seteadas para resistir, las que se bancan los golpes, las que se bancan el dolor del parto.

Es como los pibes de la villa que no se enferman nunca y andan en patas con 4 grados bajo cero. Esos pibes ya generaron otros anticuerpos. Nosotras también. Andá a decirle a un hombre que menstrúe una vez por mes, a hablarle de los dolores. Los hombres ven sangre y se mueren. Anda a explicarles el dolor de un parto. No existe.

Somos demasiado fuertes y ante eso hay mucho miedo, mucha “psicopateada”. Te comen la cabeza para no te des cuenta de tu fuerza, es así.


Foto de portada: Martina Tortonesi.

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