#Reflexión Una lengua inclusiva

Soy escritor, pero también soy escritora y escritore. Hay en mi cuerpo aspectos femeninos y aspectos transgénero que se expresan de maneras sutiles en mis procesos creativos. No me ha surgido hasta ahora la necesidad de expresar los aspectos femeninos o transgénero de manera explicita con mi cuerpo.

En este sentido no coincido con la hipótesis que propone Valerie Solanas, en su manifiesto SCUM, sobre el varón como un ser que «es pasivo y desea ser una mujer».

Decidí escribir en primera persona porque creo que quienes más conocemos “la lengua” y “el lenguaje” somos las personas que necesitamos día a día trabajar con ellas.

Ante todo hay que establecer que cuando nos referimos a la lengua, estamos hablando de un idioma, lo que hablamos, escuchamos, leemos y escribimos, pero cuando nos referimos al lenguaje estamos hablando de un sistema de comunicación. Los animales tienen lenguaje, pero no tienen idioma.

El debate que propone el lenguaje inclusivo es sobre los cambios en el idioma tanto escrito como hablado.

El escritor trabaja reuniendo y amontando palabras con la ilusión de poder comunicar algo a sus semejantes. La escritora, también. Pero en mi caso, además de ser escritor, soy varón y tengo la obligación ética de reconocer que como escritor varón en una cultura machista me fue asignado un lugar de privilegio sólo por el hecho de usar mi nombre de varón.

La identidad en las personas que intentamos hacer arte es como el lenguaje, la materia de nuestro trabajo. Les escritores no sólo trabajamos con palabras, sino también con imágenes, emociones e ideas que suceden en nuestro cuerpo.

Una vez un filósofo aseguró que «nada sucede por fuera del lenguaje». Sin embargo, hay cosas que, mal que le pesen a este filósofo, sí lo hacen. Una de ellas es la creación, otra la alucinación y otra el delirio. Estos tres atributos de la naturaleza humana, además de suceder por fuera del lenguaje, son creadores de lenguaje.

En este sentido, el lenguaje inclusivo también es una creación y, como toda creación, necesita transformar estructuras preestablecidas. Antonin Artaud propuso en El teatro y su doble que desde el arte era posible borrar los límites artificiales entre cultura, vida y sociedad.

Quienes creemos que la creación artística puede hacer más bellas nuestras vidas celebramos los cambios en el idioma, más allá de que logremos o no incorporar esos cambios en nuestra vida cotidiana. Tenemos vínculos con personas que antes se referían a nosotros como amigo pero ahora lo hacen nombrándonos amigue, y cuando cambian la “o” por la “e”, sonríen.

Y esa sonrisa es suficiente.

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