La educación también muere

Hace apenas unos días, nos enteramos de la muerte de personas a raíz de la explosión de una garrafa por una pérdida de gas en la Escuela N° 49 Nicolás Avellaneda de Moreno. Se trata de la vicedirectora Sandra Calamano y un auxiliar llamado Rubén Rodríguez.

La desidia del Estado ha provocado dos muertes más. El ajuste económico en materia de educación, el desmembramiento de ministerios y secretarías, y la persecución contra los docentes por parar en sus actividades a modo de reclamo son hechos a los que todos debemos enfrentarnos hoy.

Antes de que los alumnos entraran a la escuela, Sandra y Rubén estaban preparando todo para hacer el desayuno. En ese momento se produjo la tragedia. No era el comedor de la escuela el lugar donde se produjo la explosión, sino en un salón donde funcionaba la orquesta. No se produjeron más muertes que la de los docentes solo por el horario en el que ocurrieron los hechos.

El día anterior a lo ocurrido, la vicedirectora se había quedado en la escuela a la espera de que los organismos correspondientes se hicieran presentes en el lugar, ya que habían sido avisados con anterioridad de que había pérdidas de gas. Pero no hubo nadie que respondiera.

Cada escuela tiene sus necesidades particulares y también esas que son comunes a cualquier institución. Con el recorte de presupuesto por parte del gobierno provincial, se hace cada día menos soportable transitar la realidad de alumnos y docentes, y así se desmorona uno de las pilares fundamentales para la conformación de todo ser humano: el acceso a la educación.

Sandra y Rubén se hacen visibles por una tragedia. Mientras los docentes hacen paros por no ser convocados a paritarias, también son perseguidos, reprimidos, y en la mayoría de los casos, no perciben ni siquiera sus sueldos en tiempo y forma.

Es hora de entender y repensar quiénes tienen acceso a la educación y a qué tipo de educación. El deber es mejorar la educación pública y gratuita, y ese deber debe ejercerlo el Estado. Un Estado que ya no hace agua, sino que resulta inexistente, cuando no se hace presente en ninguna de las demandas de las clases trabajadoras.

Mientras tanto, hay dos familias que perdieron a sus seres queridos, y eso nunca tiene vuelta atrás. Solo podemos acompañar el dolor y no callarnos.

Recordemos las palabras del gran educador Paulo Freire.

“Cuanto más pienso en la práctica educativa y reconozco la responsabilidad que ella nos exige, más me convenzo de nuestro deber de luchar para que ella sea realmente respetada. Si no somos tratados con dignidad y decencia por la administración privada o pública de la educación, es difícil que se concrete el respeto que como maestros debemos a los educandos”.

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