Escúchame también

El mundo se pinta de naranja con motivo de los 16 días de activismo contra la violencia de género, que se desarrolla cada año desde 1991 entre el 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, y el 10 de diciembre, Día de los Derechos Humanos.

Esta campaña internacional, promovida y coordinada por el Centro para el Liderazgo Global de las mujeres, se basa en valores feministas para reforzar y unir las voces en pos de la justicia social y la autodeterminación. Su trabajo se monta en el cruce entre género, derechos humanos y políticas económicas, utilizando estrategias para la transformación.

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Foto de UN Mujeres

¿El objetivo? Eliminar todas las formas de violencia de género. De la tarea participan más de 6000 organizaciones, y alrededor de 187 países.

Quienes impulsan esta campaña sostienen que, gracias al intenso trabajo de grupos feministas, el proyecto toma cada vez más visibilidad. Muchos movimientos creados recientemente, como #Niunamenos#MeToo y #TimesUp, entre otros, han ido ganando protagonismo ya que se trata de una problemática a resolver de manera urgente.

El tema de este año, propuesto por ÚNETE (únete para poner fin a la violencia contra las mujeres), es «Pinta el mundo de naranja #EscúchameTambién». La campaña es guiada por el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, quien pretende emprender una acción mundial para aumentar la concientización, promover esfuerzos de defensa de intereses y compartir conocimientos e innovaciones.

El color naranja encarna la lucha en contra de la violencia contra las mujeres y niñas: es símbolo del futuro brillante que se espera, libre de maltrato, como elemento unificador a nivel mundial. Iniciado y dirigido por la Red Mundial de Jóvenes ÚNETE, el Día Naranja convoca a activistas, gobiernos y socios de las Naciones Unidas a movilizar a la población y poner de relieve las cuestiones relacionadas con prevenir y poner fin a la violencia.

Existen dos cuestiones tocadas por la campaña Escúchame También cuya importancia resalta. Por un lado, la lucha contra el SIDA, conmemorada en todo el mundo el primero de diciembre, por la cual esta campaña busca unir fuerzas para visibilizar y concienciar acerca de la violencia que se ejerce contra las personas que viven con VIH. Por otro lado, el enfoque primordial que tiene el proyecto naranja en el trabajo con las sobrevivientes de violencia.

Según los esquemas promulgados por las Naciones Unidas, los principios esenciales de la campaña de defensa de intereses incluyen:

  • Rendir homenaje a los movimientos de mujeres y reconocer su liderazgo.
  • «Que nadie se quede atrás»: centrar la atención en los grupos de mujeres y niñas más desfavorecidos, con enfoque basado en los derechos humanos.
  • Plantear estrategias centradas en las sobrevivientes siguiendo el principio de «no hacer daño», para contar y divulgar la historia de las sobrevivientes sólo con su permiso y según las condiciones que hayan autorizado.
  • Remarcar la actividad multisectorial: todxs tienen una función esencial en el esfuerzo por acabar con la violencia, se requiere trabajar juntxs en todos los sectores.

A partir de la importancia que adquirieron como nuevos espacios públicos dominados por internautas que ahora tienen acceso a la creación de sus propios discursos (los hashtags o etiquetas), las redes sociales se convirtieron en la nueva forma de visibilizar o promulgar movimientos a través de lo digital. En este caso, las etiquetas que acompañan al proyecto son #EscúchameTambién  y #Orangetheworld.

Distintas organizaciones internacionales las han utilizado a lo largo de estos días para compartir imágenes que buscan reflejar problemáticas mundiales. En el caso de #EscúchameTambién, se trata de dar protagonismo a las voces de mujeres y niñas sobrevivientes a la violencia, defendiendo sus derechos día a día. No solo las instituciones se hicieron eco, sino también usuarios profesionales como Antonio Banderas, que publicó a través de su Twitter:

«Los hombres desempeñan un rol clave en la prevención de la violencia contra las mujeres y niñas. Necesitamos cambiar nuestra actitud, reconocer las señales de advertencia y convertirnos en sus defensores».

Según ONU Mujeres, 1 de cada 3 mujeres sufre violencia a lo largo de su vida, independientemente de su estatus social, clase, raza, país o grupo de edad. Para muchas, denunciar puede tener consecuencias fatales. Combatir la discriminación y la violencia contra las mujeres y las niñas es un objetivo fundamental de esta organización.

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Foto del sitio web de ONU Mujeres

El sitio web provisto por ONU Mujeres cuenta con una sección interactiva en donde, con motivo de poder alzar las voces de quienes sufrieron violencia de género, se brinda la posibilidad de contar experiencias sufridas en torno a esta problemática. La página está repleta de pequeños relatos de todo tipo provenientes de personas a lo largo del mundo, usuarios amateurs, profesionales, sobrevivientes, defensoras y activistas.

Estas pequeñas historias se pueden compartir a través de las redes y son en su mayoría mensajes de apoyo.

«Te creo. Con amor, tus hermanas» – J.
«Levántense, crean a las mujeres, apoyen a las sobrevivientes #EscúchameTambién» – Lisa.
«Mujeres, rompan la noche. Levántense como el sol» – Pavana Reddy, poeta.
«Su piel sana, pero su corazón recuerda» – Faye.
«Yo escapé de la violencia, mis recuerdos no» – Sobreviviente.
«Una noche negra no determina tu futuro» – Anónimo.

La violencia de género no solo se manifiesta de forma física, aunque esa sea una de las formas más habituales en que se ve representada. Según ONU Mujeres, además del maltrato físico, la violencia también puede ser sexual y psicológica. Es violencia la ejercida por un compañero sentimental, la violencia sexual y el acoso, la trata de seres humanos, la mutilación genital femenina y el matrimonio infantil.

La violencia ejercida por un compañero sentimental se refleja en cualquier conducta por parte del cónyuge, la pareja actual o la anterior, que causa daño físico, sexual o psicológico.

La violencia sexual es todo acto sexual o tentativa, comentario o insinuaciones no deseados u otros actos de acoso sexual, que incluyen atentar contra la sexualidad de una persona, sea cual fuere la relación entre víctima y victimario, y sean cuales fueren las circunstancias.

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Imagen Pictoline

Los actos de violencia sexual pueden ocurrir en forma de avances sexuales no deseados que comprenden: pedir sexo a cambio de favores, la convivencia o el matrimonio forzados (incluido el matrimonio infantil), la violación dentro del matrimonio o de otro tipo de relación, por parte de extraños, durante un conflicto armado o contra menores.

La trata de seres humanos y explotación sexual es la adquisición y explotación de personas por medios como la fuerza, la estafa, la coacción o el engaño. El 71% de todas las víctimas de trata a nivel mundial son mujeres y niñas, mientras que 3 de cada 4 víctimas de trata son utilizadas para la explotación sexual.

Por último, la mutilación genital femenina incluye procedimientos que alteran o causan intencionadamente lesiones en los órganos genitales femeninos por motivos no médicos. Además del dolor físico y psicológico extremo, la práctica conlleva muchos riesgos sanitarios que pueden derivar en la muerte.

«Ya sea en el hogar, en la calle o en los conflictos armados, la violencia contra las mujeres y las niñas es una violación de los derechos humanos de proporciones pandémicas que ocurre en espacios públicos y privados» – ONU MUJERES.

Las historias compartidas por ONU corresponden a sobrevivientes de la violencia de género. Uno de estos casos es el de Emmanuella Zandi Mudherwa, hoy de 21 años de edad, que fundó su propia organización sin fines de lucro: «Ma Voisine» (Mi vecina), en Kinshasa, Congo.

Promueve el empoderamiento de las niñas por las niñas, tiene alrededor de 12.000 miembros en todo el país y colabora con ONU Mujeres en iniciativas para generar conciencia sobre la violencia de género.

La historia de Emmanuella se vio marcada cuando a sus 7 años en Goma, provincia de Kivu del Norte (zona de conflicto armado), dos soldados hicieron que ella y su hermano los siguieran cuando se dirigían a la escuela. Los maltrataron físicamente y abusaron de ella durante horas. Emmanuella sostiene que sangraba por todas partes y que, después de ese calvario, la devolvieron nuevamente con su hermano en el medio de la nada.

Después de una larga lucha en el hospital, su propia comunidad la rechazó por haber sido violada; en la escuela la obligaban a sentarse en la última fila, dejando un espacio entre su pupitre y el resto de lxs alumnxs. A los 13 años, comenzó a ser víctima de abuso sexual repetido por parte de un primo con el que vivía.

Su vida dio un giro cuando a sus 15 años contó lo que le sucedía en un programa de radio comunitario en el que trabajaba. Hoy sostiene que ese fue el inicio de su recuperación, pero que causó un gran problema para ella y para su familia dentro de su comunidad. Le dieron la espalda, la secuestraron durante días para que no hablara. Sin embargo, eso nunca la detuvo.

«Creo que lo más difícil de soportar es cómo te mira la gente cuando no te creen. Realmente las muchachas no tienen un lugar en esta sociedad. […] Se dice que tenemos un índice bajo de representación de mujeres en la toma de decisiones. Esto se debe a que cuando las niñas están creciendo se les dice que no deben expresarse, que no tienen que llamar la atención ni decir lo que piensan.

Mi sueño es ver cómo las niñas y las jóvenes hacen cosas para ellas mismas y para su comunidad. No quiero que se nos perciba como personas débiles que necesitan compasión. Sí, fui una víctima. Sí, he sobrevivido a la violencia. Pero no quiero que se nos llame sobrevivientes. En cambio, quiero que se nos vea como vencedoras. ¡Quiero que todas las sobrevivientes sean reconocidas como vencedoras!».

 

El yugo de la violencia doméstica

Conforme estadísticas de años previos, alrededor de 49 países carecen de leyes que protejan a las mujeres de la violencia doméstica. Según estadísticas formales provistas por la División de Estadísticas de la ONU, menos del 40% de las mujeres que experimentan violencia buscan ayuda de algún tipo y, si lo hacen, no suelen dirigirse a instituciones sino a su círculo íntimo de familiares y/o amigxs.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que a nivel mundial, hasta un 38% de los asesinatos de mujeres son cometidos por una pareja masculina. El apoyo de la comunidad es crucial en los primeros momentos en que una mujer abandona el ciclo de violencia, que puede afectar negativamente la salud física, mental, sexual y reproductiva de las mujeres.

«¿Me quieres ver destrozada?
Cabeza agachada y ojos bajos,
hombros caídos como lágrimas,
debilitados por mi llanto desconsolado.

Puedes dispararme con tus palabras,
puedes herirme con tus ojos,
puedes matarme con tu odio,
y aún así, como el aire, me levanto.

¿Mi sensualidad te molesta?
¿Surge como una sorpresa
que yo baile como si tuviera diamantes
ahí, donde se encuentran mis muslos?

De las barracas de vergüenza de la historia
yo me levanto
desde el pasado enraizado en dolor
yo me levanto
soy un negro océano, amplio e inquieto,
manando
me extiendo, sobre la marea,
dejando atrás noches de temor, de terror,
me levanto,
a un amanecer maravillosamente claro,
me levanto,
brindado los regalos legados por mis ancestros.
Yo soy el sueño y la esperanza del esclavo.
Me levanto.
Me levanto.
Me levanto.»

Maya Angelou

 


Para más información sobre #EscúchameTambién y Orange the world, dirigirse a Facebook, Twitter mediante la utilización de las etiquetas o a los enlaces referidos a continuación.

Fuentes

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