Mutilación y ablación genital femenina: tolerancia cero

La mutilación o ablación genital (MGF) es una práctica que existe a nivel mundial y vulnera los derechos de niñas y mujeres desde hace siglos. Esta aberración, que consiste en mutilar el clítoris, órgano sexual encargado de producir placer, representa una forma de tener el poder y el control sobre las niñas y las mujeres que conlleva consecuencias inhumanas.

Según informa la ONU, la ablación se practica en períodos que van desde la lactancia de las niñas hasta los quince años de edad. Más de 200 millones de niñas y mujeres vivas actualmente han sufrido la MGF en 30 países de África, Oriente Medio y Asia, donde se concentra esta práctica, aunque no son los únicos.

En Colombia, por ejemplo, esto sigue ocurriendo en el pueblo aborigen Emberá, debido a una migración de esclavxs procedentes de Mali desde la época colonial, impulsada y avalada por monjas católicas, que incitaban a las parteras a realizar la práctica «en nombre de Dios».

La ablación del clítoris es considerada por las Naciones Unidas una violación a los derechos humanos de mujeres y niñas, pero apenas desde 2012 impulsó a la sociedad  civil y los Estados implicados a luchar contra la eliminación de la práctica mediante una resolución. Colombia es uno de los países, junto a otras 17 naciones africanas, que tienen pendiente abandonar esta práctica. El plazo límite para su erradicación establecido por el Fondo de Población Naciones Unidas es el año 2030.

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En España, las mujeres también dan pelea contra esta práctica. Si bien en ese país no se realiza, ocurre que a niñas y mujeres migrantes que residen en Cataluña, Andalucía, Madrid, Comunidad Valenciana y Aragón, cuando van a sus países de origen sea de vacaciones, visita, o por cualquier otro motivo, se les quiere (en ocasiones con éxito) mutilar el clítoris.

Lxs progenitores no pueden descuidar a sus hijas, porque sus propias familias o personas de la comunidad pueden llevar adelante la mutilación. Unas 17.000 menores procedentes principalmente de Camerún, Gambia, Ghana, Guinea, Mauritania, Nigeria y Senegal, aunque con residencia en diferentes lugares de España, están hoy en riesgo de ser mutiladas

La ley española castiga a los padres de las niñas mutiladas con entre 6 y 12 años de prisión y la pérdida de la custodia de las menores. Por lo tanto, son ellas quienes sufren una doble victimización: en su país de origen, por la extirpación de su órgano, y en el país de residencia, por la condena y la separación de sus padres, quienes en muchos casos hacen lo imposible para preservar a sus hijas de semejante atrocidad.

No es solo una frase aquella que explica que todxs podemos vernos favorecidxs o perjudicadxs según el contexto donde nacemos y/o crecemos, y se refleja con claridad en una práctica que no para y que viene arrastrando trauma y sufrimiento hace cientos de años (incluso se dice que la práctica ya ocurría antes de las religiones).

Tipos de ablación y mutilación genital femenina. Fuente: Asociación Española de Ginecología y Obstetricia.

«La MGF es reconocida internacionalmente como una violación de los derechos humanos de las mujeres y niñas. Refleja una desigualdad entre los sexos muy arraigada, y constituye una forma extrema de discriminación de la mujer. Es practicada casi siempre en menores y constituye una violación de los derechos del niño. Asimismo, viola los derechos a la salud, la seguridad y la integridad física, el derecho a no ser sometido a torturas y tratos crueles, inhumanos o degradantes, y el derecho a la vida en los casos en que el procedimiento acaba produciendo la muerte», establece la Organización Mundial de la Salud.

Algunas de las consecuencias de la ablación según la OMS son:

  • infecciones urinarias (micción dolorosa, infecciones del tracto urinario);
  • problemas vaginales (leucorrea, prurito, vaginosis bacteriana y otras infecciones);
  • problemas menstruales (menstruaciones dolorosas, tránsito difícil de la sangre menstrual);
  • tejido y queloide cicatriciales;
  • problemas sexuales (coito doloroso, menor satisfacción);
  • mayor riesgo de complicaciones en el parto (parto difícil, hemorragia, cesárea, necesidad de reanimación del bebé) y de mortalidad neonatal;
  • necesidad de nuevas intervenciones quirúrgicas, por ejemplo, cuando después de haber sellado o estrechado la abertura vaginal (tipo 3) hay que practicar un corte para ensanchar la abertura y hacer posible el coito y el parto (desinfibulación); en ocasiones la zona genital es cosida repetidas veces, incluso después de que la mujer dé a luz, con lo que esta se ve sometida a aperturas y cierres sucesivos, cosa que acrecienta los riesgos tanto inmediatos como a largo plazo;
  • trastornos psicológicos (depresión, ansiedad, trastorno de estrés postraumático, escasa autoestima); y
  • complicaciones sanitarias de la mutilación genital femenina.

Es hora de que las mujeres de todo el mundo dejemos de sufrir por causa de las ideologías religiosas y en favor del bienestar de los hombres. La libertad debe ser para todas, sin distinción de ningún tipo. Los derechos humanos siguen siendo vulnerados. ¿Qué acciones tomaremos como país al respecto?

 


Fuentes:

Imágen de portada:

Laura Oliver Velasco, ganadora del concurso de ilustración de la “Campaña de Erradicación de la Mutilación Genital Femenina”

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