Electroshock: Brasil retrocederá por lo menos 15 años

La técnica de electroshock dejó de utilizarse hace, por lo menos, 15 años. Hoy, el gobierno de Bolsonaro busca implementarla de nuevo en áreas de salud mental y adicción a las drogas. Como todo gobierno de ultraderecha, avanza contra todo lo que atañe a derechos humanos y libertades individuales y colectivas.

La situación para la población de Brasil se agrava con el correr del tiempo. Desde su asunción, el gobierno presidido por Jair Bolsonaro no ha dejado de tomar medidas en contra de las mujeres, la comunidad LGBTI y los trabajadores.

¿De qué se trata?

La nueva propuesta se enmarca como «cambios en la política Nacional de Salud Mental y en la política Nacional sobre drogas», y apunta a volver a utilizar los electrochoques como forma de terapia en manicomios, incluso en pacientes menores de edad.

Como pasa en otros países, esta problemática también tiene su dimensión económica ya que se recortó el presupuesto en los Centros de Atención Psicosocial (CAPS), quienes ofrecen tratamientos más actuales y humanizados en caso de enfermedades mentales y  dependencia a sustancias químicas.

Desde el gobierno de Michel Temer (2016-2018) comenzaron los cambios en las políticas de salud. Ahora, al asumir Bolsonaro, se sigue retrocediendo en el tiempo. No es casualidad que esto ocurra: muchas de las comunidades terapéutica de Brasil están vinculadas a comunidades religiosas. El mismo presidente está vinculado a la Iglesia Evangelista. 

El gran problema entre líneas es que los electrochoques puedan usarse para la «normalización» de los cuerpos, en contra de las libertades. La comunidad LGBTI denuncia que se podrían usar sobre adultxs, adolescentes y niñxs homosexuales, como tratamiento de «cura» como ya ofrecen algunas comunidades terapéuticas porque ven en ellos una enfermedad, no una identidad sexual. 

La psiquiatra Nise da Silveira (1905-1999), importante figura femenina en Brasil durante el siglo XX, fue la primera en reemplazar estos métodos violentos por terapias artísticas y ocupacionales. Nise fue perseguida, acusada de subversión y de tener ligaduras con el comunismo por llevar adelante su tarea profesional. Además, estuvo detenida como presa política por 18 meses durante la dictadura de Vargas.

En los años 80 y 90 surgieron más grupos de lucha contra el método del electrochoque en Brasil, porque creían que el tratamiento no tenía efecto y en cambio era utilizado como método de tortura con los pacientes. 

¿A qué se consideran enfermedades mentales?

Las enfermedades mentales existen y pueden ser tratadas de diversas maneras y con equipos interdisciplinarios. Algunas necesitan medicalización y otras no. Eso depende de cada paciente y de cada caso en particular.

El problema en Brasil es que el mismo presidente considera una enfermedad mental, por ejemplo, la homosexualidad. Al asumir su mandato, anunció combatiría también toda «ideología de género». Cambiar las leyes para hostigar a lxs ciudadanxs, controlar sus actividades, sus pensamientos, sus deseos, sus libertades y sus elecciones es no solo una decisión política, sino también una forma de destruir las bases logradas durante gobiernos populares previos y por oposición fundar nuevas formas de control y de poder.

Los ataques de Bolsonaro, apoyados por el conservadurismo religioso y político, una vez más se cargan al sector de la sociedad más oprimido a lo largo de las historia: pobres, homosexuales, trabajadores y mujeres.

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