Chau estereotipos, hola equidad: el enfoque de género en la Gestión de Riesgos de Desastres

Artículo colaboración de Camila Franceschetti y Nancy Nuñez


Trepar un árbol o cruzar nadando un río son actos que, a primera vista, podríamos asociar a juegos de la infancia. Sin embargo, en muchos países se enseñan estas acciones de modo preventivo ante la probabilidad de desastres y, en algunos casos, solo los varones reciben este tipo de entrenamiento.

«Es sumamente importante involucrar a las mujeres en todo el proceso de la gestión del riesgo. Garantizar su presencia también conlleva a construir un mundo más igualitario», expresa la licenciada Schmipp*.

Distintas organizaciones internacionales han estudiado los fenómenos de desastre en las grandes catástrofes de los últimos años y han observado que el número de mujeres entre las víctimas fatales es mucho más alto que el de hombres. En su informe de 2010 sobre Género y Desastres, Naciones Unidas indicó que las mujeres y los niños están 14 veces más expuestos a morir durante un desastre que los hombres.

«Las razones que se trazan están vinculadas con los roles establecidos para las mujeres en estos contextos específicos. Es sumamente importante romper con los estereotipos y las falsas generalizaciones, reconociendo las capacidades de hombres y mujeres con el objetivo de impulsar procesos que fomenten la equidad», agrega Schmipp.

Un ejemplo latinoamericano es el terremoto de México ocurrido en septiembre de 2017: el número de mujeres muertas en la capital mexicana casi duplicó el de hombres. «Las mujeres fueron muy afectadas por una conjunción de motivos vinculados a su rol social que las encontró dentro de los edificios al momento del terremoto: la feminización del trabajo doméstico (remunerado y no remunerado) y la realización de tareas de cuidado, ya sea de hijos o adultos mayores. Además, se suma la limitación al acceso de información de alerta temprana».

En nuestro país, la temática de Gestión del Riesgo de Desastres es relativamente nueva. En el año 2016 se promulgó la ley 27.287 que ordena la creación de un Sistema Nacional para la Gestión Integral del Riesgo y la Protección Civil, donde por primera vez se reglamentó a nivel nacional el establecimiento de una regulación para fortalecer y optimizar las acciones destinadas a la reducción de riesgos, el manejo de la crisis y la recuperación.

Los desastres son producto de la relación de la sociedad con los sistemas de desarrollo y de riesgo no manejados, que se han ido configurando a lo largo de la historia y se han arraigado en las sociedades. «El punto es poner estas cuestiones sobre la agenda pública para llevarlo a que sea un tema para tratar socialmente», explica Constanza Schmipp.

Cabe destacar que en el año 2007 Eric Neumayer y Thomas Plümper realizaron un estudio (The Gendered Nature of Natural Disasters: The Impact of Catastrophic Events on the Gender Gap in Life Expectancy, 1981–2002) que analizó desastres en 141 países y reveló que el impacto desproporcionado en las mujeres está vinculado a su bajo nivel socioeconómico. A su vez, constataron que en sociedades donde mujeres y hombres tienen los mismos derechos (tanto sociales como económicos), los desastres causan el mismo porcentaje de muertes en ambos grupos.

Comparada con otros países, la Argentina tiene una geografía privilegiada. En su historia no ha atravesado tantas situaciones ni contextos de tsunamis, terremotos y huracanes. A pesar de ello, podemos reconocer grandes amenazas en nuestro territorio: las inundaciones representan el 60% del total de catástrofes que ocurren en nuestro país y causan el 95% de los daños económicos en tales circunstancias, según un informe publicado en 2016 por el Banco Mundial.

La vulnerabilidad social explica el estado de inseguridad provocado en las comunidades por el impacto de un evento económico y social de carácter traumático y el manejo que hacen de sus recursos para enfrentarlo. CEPAL advirtió, en su informe de 2001 sobre América Latina, que este factor es el principal determinante de los daños causados por desastres y que para revertir esa situación es necesario delinear estrategias de desarrollo sostenible.

Frente a este panorama, Argentina debe estar preparada para futuras situaciones de desastres y emergencias pero ¿se tiene en cuenta la cuestión de género? ¿Participan mujeres en los equipos de planificación de acciones de prevención de inundaciones en las ciudades? Los integrantes de las organizaciones que trabajan en la emergencia, ¿poseen formación con enfoque de género para realizar sus intervenciones?

Luego de un desastre, ¿se toman medidas para proteger a las mujeres y las niñas de daños físicos y psicosociales? En materia de infraestructura, ¿se piensa en espacios de saneamiento separados para hombres y mujeres o en el diseño y la construcción de asentamientos temporales?

Los gobiernos y los profesionales de la gestión del riesgo de desastres tienen la responsabilidad de alcanzar, proteger y empoderar a mujeres y niñas al igual que a hombres y niños antes, durante y después de los desastres.

Se puede tomar como ejemplo la prevención de situaciones de maltrato y acoso sexual, que suelen incrementarse durante los desastres. Un año después del terremoto de Haití ocurrido en 2010, Amnistía Internacional publicó el informe «Réplicas. Mujeres denuncian violencia sexual en los campamentos de Haití», que reveló que en los primeros 150 días tras el sismo se denunciaron más de 250 casos de abusos a mujeres y niñas en los albergues organizados en Puerto Príncipe.

En el año 2016, luego del terremoto que afectó a Ecuador se establecieron albergues y refugios para un total de 28.775 personas. Minimizar el riesgo de acoso y la violencia sexual fue una de las prioridades de los responsables. Para ello, se capacitó al personal en territorio con protocolos de actuación y se elaboraron guías operacionales para la gestión de albergues temporales con procedimientos y acciones con enfoque diferencial de edad, género y grupos con necesidades específicas (discapacidad, religión, cultura, etc).

Para Schmipp, el reto es analizar verdaderamente la exposición por situaciones laborales ligadas al género (como el caso de las mujeres mexicanas localizadas en edificios inseguros a determinada hora) y la vulnerabilidad. No sólo saber cuántas mujeres son, sino analizar su resiliencia económica, financiera, social. Incluir garantiza el desarrollo sostenible de la sociedad.

Para finalizar, la especialista considera que «El desafío está en nuestras manos y desde nuestros lugares institucionales, tanto al formar parte de entidades dedicadas a la atención en la emergencia como a las instituciones que se dedican a establecer protocolos, o normas institucionales, depende de nosotros el desarrollo de sociedades igualitarias».


*Constanza Schmipp es politóloga especializada en Reducción de Riesgos de Desastres y Desarrollo Local Sostenible en el Centro de Formación de la OIT. En los últimos años se dedicó a analizar las desigualdades de género en situaciones de desastres y emergencias.

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