Queremos ser Capitana Marvel

Las películas del universo cinematográfico de Marvel (UCM) tienen varias fortalezas: cuentan con importantes actores de Hollywood, cuatro de sus películas están entre las diez más taquilleras de toda la historia y lograron cambiar la manera de concebir al género de superhéroes. Sin embargo, tiene un gran defecto que amenaza con opacar todo lo demás: la falta de representación femenina es un factor constante en todas sus producciones.

Dicen que el mundo es de los valientes y para Marvel es así. El mundo es de los valientes y también de los varones blancos abnegados que están dispuestos a sacrificarlo todo, incluso sus propias vidas, para salvar al planeta de su inminente destrucción. Los demás son accesorios, ornamentales, prescindibles. Pueden colaborar y guiar al héroe, pero nunca alcanzarán la gloria de haber defendido —y eventualmente rescatado— a la humanidad.

La ideología se cuela en todos lados y el cine no es la excepción. Si una película de Marvel tiene una recaudación promedio de ochocientos millones de dólares, sería conveniente empezar a prestar atención a los mensajes que reproduce.

Las personas de color, las mujeres y la comunidad LGBT siempre fueron invisibilizadas en estas producciones. Black Panther, el primer superhéroe de color que protagonizó una película en el UCM, apenas lo logró en 2018. Las mujeres estaban representadas en personajes como Black Widow, quien parece solo existir para vestir un traje de látex con el que los espectadores pueden apreciar sus curvas.

Sin embargo, Marvel está comenzando a saldar su gran deuda pendiente. Con un mensaje feminista que es válido, aunque en la realización del filme a veces se siente un tanto sobreexplotado —para mí, perdonable—, llegó Capitana Marvel para mostrarle al mundo lo que se estaba perdiendo. Tuvimos que esperar más de diez años para poder ver a una heroína con papel protagónico en una película del UCM, pero mejor tarde que nunca.

Nos merecíamos a Capitana Marvel. Nos debían a una heroína que se abriera camino en un mundo dominado por hombres, quienes ponen constantemente en duda su capacidad, su fortaleza, su inteligencia y su poder.

Es poco probable que el cine cambie al mundo, pero sí lo refleja muy bien y logra reforzar los estereotipos y las normativas. Quizás, a quienes ya crecimos esta película nos pase sin más y sea tan solo un simple entretenimiento de domingo, pero el género de superhérores es consumido en gran parte por un público infantojuvenil. Son ellxs quienes tienen que verse representadxs en la pantalla grande para poder sentirse parte de una sociedad que busca que ninguna voz sea silenciada.

No solo los varones blancos pueden salvar al mundo. De hecho, no solo ellos lo hacen en la vida real. Yo ya crecí y sé que, aunque el cine no me las muestre, existen mujeres que dan la vida para cambiar el mundo. Pero es inevitable pensar en cómo me hubiera gustado tener diez años y ver Capitana Marvel para verme representada en Carol Danvers, quien pudo pilotear aviones de guerra en los años noventa cuando nadie creía en ella, y sentirme inspirada por su fuerza.

Quizás, hoy, alguna nena pueda jugar a ser Capitana Marvel así como los varones pretenden ser Capitán América o Hulk, algo que muchas de mi generación no pudimos hacer porque estábamos condenada a ser princesas.

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