A falta de ESI, afuera el tabú: Sex Education

Artículo de opinión por Evelyn Eckerdt


Ambientada en los noventa, Sex Education es la nueva apuesta de Netflix: una serie que al fin toca los temas de los que nadie quiere hablar.

Creada por Laurie Nunn en Reino Unido, la tira aborda los temas de (principalmente) sexo, género, anticoncepción y aborto entre otros aún considerados tabú. Frente al riesgo de caer en la típica serie juvenil de escuela secundaria, Sex Education nos ofrece variedad de personajes complejos, bien construidos de principio a fin y para nada forzados, reunidos en una ficción donde la educación sexual es la base de una comedia ácida con un guión original.

¡Cuidado! Esta nota contiene spoilers.

La serie es protagonizada por Ottis Milburn (interpretado por Asa Butterfield, conocido por su protagónico en la película «El niño del pijama rayas»), un chico de dieciséis años, virgen y cuya madre es terapeuta sexual. Gillian Anderson, la famosa actriz de «Los expedientes secretos X», encarna el papel de una madre abierta y a la vez sobreprotectora que se preocupa por las dificultades de su hijo para experimentar su propia sexualidad.

La historia se desarrolla en la escuela donde Ottis cursa sus estudios. Si bien el escenario es un típico cliché, los personajes bien construidos son los encargados de darle a la serie su originalidad: el punto de partida está en nuestro protagonista, quien junto a Maeve Wiley (Emma Mackey) decide abrir una consultoría sexual en la que los alumnos puedan hablar de los temas que los inquietan. Y sí, nuestro querido Ottis será quien les aconseje cómo resolver las problemáticas que surgen.

Aunque tenemos los típicos ingredientes de una secundaria, la serie se encarga de contar una historia profunda a partir de cada personaje, desarrollándolos de principio a fin y haciendo que el espectador sienta empatía en los ocho capítulos que dura esta primera temporada.

El sexo no es un tabú

Si bien ciertas escenas son muy gráficas, la serie intenta mostrar relaciones sexuales sin los tabúes tradicionales. La utilización de profiláctico en las escenas presta a una lectura entre líneas de la guionista para el público (muy joven) al que apunta. Nada está ahí porque sí.

La serie aborda la diversidad sexual en toda su gama de colores con una naturalidad genial, donde ninguna escena resulta forzada. Eric Effiong (Ncuti Gatwa), el mejor amigo de Ottis, es «el chico gay» que termina protagonizando las mejores escenas de la serie: es encantador por donde lo mires, completamente libre y seguro de sí mismo, en contraste con nuestro protagonista que elige intentar pasar desapercibido. Eric es perseguido por el acoso de Adam, quien encarna el papel del hijo del director, con todos los estereotipos clásicos del bullying escolar.

Hablar de aborto y feminismo desde una ficción

La visión que la serie toma sobre el aborto parte de la historia de Maeve, quien también sufre bullying, y nos habla no sólo del machismo en la sociedad sino también de los pasillos de las escuelas en nuestros tiempos: como un «chisme» termina siendo algo que acosa al personaje durante toda la trama.

Maeve tiene una relación con el chico popular, deportista y más querido del colegio. Tienen encuentros secretos donde solo mantienen relaciones y ella deja en claro que ese es su único interés con él. Sin embargo, luego de hacerse una prueba de embarazo que le da positivo, decide no contarle al chico sobre la situación y acude a una clínica para practicarse un aborto. En la entrada de este lugar nos encontraremos con la imagen de un grupo religioso en contra de la libertad de decisión sobre los cuerpos.

En este capítulo se da uno de los mejores diálogos. Luego de haberse llevado a cabo el aborto, una paciente adulta le dice a nuestra protagonista:

«Mira, cariño, no te preocupes. Tengo tres hijos y siento más culpa por los que tuve que por los que decidí no tener. Es mejor no ser madre, a ser una mala madre».

El mensaje del consentimiento también está presente en cada línea del guion. A pesar que la serie ha sido «polémica» por lo gráfico en las escenas de sexo entre jóvenes, nos deja en claro la necesidad de una educación sexual integral, para que hablar de sexualidad no sea un tabú para nadie y se den las herramientas necesarias para disfrutar de una sexualidad plena y sana.

En cuanto a la violencia patriarcal, la serie tampoco hace vista gorda. En numerosas escenas podemos sonreír les feministas degustando frases y situaciones donde la sororidad se vuelve protagonista para combatir problemas como la difusión de nudes sin consentimiento, el bullying y los problemas familiares.

¿Por qué deberías verla?

  • Para les amantes del estilo vintage: a pesar de que la historia se desarrolla en la actualidad, la ambientación es súper noventosa.
  • En consonancia con lo anterior, los outfits de les protagonistas son exquisitos para les amantes nostálgiques.
  • Realización bien jugada. Un ejemplo de ello es una de las tomas en la que Ottis está encerrado en el baño intentando masturbarse: la cámara hace un acercamiento y el fondo se ve completamente borroso, para permitir al espectador sentir el mareo del protagonista y con eso la incomodidad de la situación misma.
  • El soundtrack de la serie le hace justicia a cada una de las escenas, con tomas trabajadas de principio a fin para sentirse casi parte de las emociones que les protagonistas van experimentando a lo largo de la trama.

La producción ya confirmó una segunda temporada para este 2019, dando un pequeño adelanto de la nueva reputación de Ottis y su terapia sexual al estilo de Chicas pesadas. Sin dudas, la serie del verano.

 

 

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