Resistencia que incoMODA

Escritura Feminista abre un ciclo al interior del mundo de la moda para derribar los prejuicios y buscar qué hay detrás de cada prenda, qué significa lo que usamos para vestirnos, qué expresa cada marca y por qué lo hace. «Resistencia que incoModa» pretende hacerte preguntar de dónde vienen la remera y el pantalón que estás usando y por qué el sistema no quiere que te preguntes cuál es su procedencia, qué estereotipos oculta y cómo la cultura hegemónica se apropia de ellos.


Para empezar este recorrido, entrevistamos a dos estudiantes de la carrera de Diseño de indumentaria: Nina, que estudia en la Universidad de Buenos Aires, y Sol, de la Universidad de Palermo. Con ellas, pondremos en discusión lo que significa hacer moda, el desafío que representa para una estudiante iniciarse en este camino y cuál es el contexto que delimita la industria de la ropa en la actualidad, tanto en el mundo como en nuestro país.

El rol de unx diseñadorx de indumentaria

Nina supo desde chiquita que quería diseñar ropa y lo entendía como una herramienta de expresión, tal vez, en su momento, para llamar la atención. Ahora sabe que siempre estamos diciendo algo de nosotrxs mismxs a través de la ropa. Incluso cuando algo no nos gusta, siempre estamos comunicando algo propio.

«La realidad es que hasta hace menos de un año yo no quería tener nada que ver con la moda porque me parecía que era un sistema que lo único que hacía era perpetuar estereotipos de belleza hegemónica, hacernos odiarnos a nosotrxs mismxs y no aceptarnos. También acarrea un montón de problemas que tienen que ver con la precarización laboral y la masividad de los productos y de la indumentaria, que hace que se pierdan muchas cuestiones culturales únicas de cada civilización».

Como describe Agustina Curcio (2018) en su artículo «El feminismo y la moda», resulta imposible separar a lx diseñadorx de la sociedad. Para bien o para mal, su trabajo tiene una retroalimentación con el contexto en el que se sitúa: el entorno influye en su trabajo y su trabajo en el entorno. Curcio afirma que el diseño de indumentaria, más allá de su importancia funcional, tiene el potencial para modificar (o al menos impactar, en lo posible de manera positiva) la sociedad.

En este sentido, Nina entendió que la moda también puede tener una influencia positiva y ser una herramienta muy importante si se usa de una manera consciente. Además, atribuye esta mirada a su carrera ya que el enfoque social es muy fuerte, con materias que no están enfocadas en lo puramente comercial sino que le dan importancia al consumidor y a las necesidades de la sociedad.

En esta misma línea, Sol remarcó que su carrera en la UP está atravesada por la moda pero también tienen diversas perspectivas, desde analizar los desfiles y estar al tanto de las tendencias desde un punto más sociológico hasta una reflexión artística donde se ven movimientos artísticos y arquitectónicos. La idea es formarse desde diferentes lugares para poder sacar a flote la creatividad de cada persona.

Además, Nina señaló que en la FADU se tocan muchos temas de concientización social, como el slow fashion, la moda ética y sostenible y la ley de talles, pero no muchas personas se lo toman en serio. 

«Acá los talleres no están regulados, hay muchos clandestinos y se los contrata igual. También pasa a nivel mundial. Es gente que tiene los diseños y los manda a un taller X en Taiwán, en Indonesia. “Yo mando a hacer esto a tal taller y si tiene a las empleadas (que siempre son mujeres) hacinadas, respirando pelusa todo el día en jornadas de trabajo totalmente insalubres, bueno, ese no es mi problema”. Y vos sabés que, cuando estás pagando un centavo por prenda, las personas no están trabajando por un salario y condiciones dignas».

Durante su pasantía no paga para una marca muy famosa, Nina vivió experiencias no tan positivas en primera persona. El trato hacia las pasantes no era malo sino casi nulo. «Las encargadas nos tratan bien, pero la dueña no nos conoce. Por ejemplo, yo la crucé en un evento y pensé en saludarla pero ella ni siquiera me reconoció. Estoy trabajando gratis para la marca, como mínimo podés tratarme bien, saludarme, saber quien soy».

Esta marca, además de no promover ningún tipo de concientización sobre la industria de la moda, continúa los mandatos del fast fashion y la idea de alejar al consumidor de quienes fabrican la ropa y de los procesos de producción. Nina fue testigo de un hecho de discriminación muy puntual hacia una mujer tallerista que no cumplía con los «estándares de belleza» de la marca.

«Era una señora grande, y eso conlleva dolor de huesos y todos los problemas de salud que sabemos que una costurera de 65 años puede llegar a tener. Quiso salir por la entrada del local, ya que el depósito tiene una escalera empinada y al subir ya le había hecho mal, pero no la dejaron. Una encargada le dijo “No, la verdad es que prefiero que salgas por atrás”, a lo que la señora respondió “Sí, yo entiendo que no quieren que me vean”. La respuesta fue “No es que no queremos que te vean, es que no queremos que se vea el detrás de la magia”».

Si empieza con FAST, es perjudicial para la salud

El fast fashion (moda rápida) comenzó a ganar popularidad en los 80, transformando la industria de la moda a través de la producción dinámica distribuida «estratégicamente» alrededor del mundo con el fin de producir más en menos tiempo.

En este sistema, la población mundial se divide en consumidores, que compran mucha más ropa de la que realmente necesitan porque es muy barata, y personas subcontratadas, que fabrican estas prendan y venden su fuerza de trabajo a un costo también muy barato.

Dentro de las principales empresas que adoptaron este modelo como ventaja competitiva y que lo transforman día a día se encuentran las filiales del grupo Inditex, como Zara, Bershka, Stradivarius; H&M, New Look, Forever 21 y Primark, entre otras.

Fuente: Aula Magna

La moda rápida es la segunda industria más contaminante del mundo debido a los tóxicos que utiliza, los residuos continuos que genera y el gasto energético. Nimeria, una marca de ropa sustentable, describe este impacto en 3 niveles:

  • Impacto medioambiental
  • Impacto social y económico: para poder producir a tan bajo coste, los sueldos de lxs trabajadorxs son exprimidos al máximo y sus condiciones laborales son pésimas.
  • Impacto en tu felicidad: a través del marketing y la publicidad buscan venderte la felicidad con su ropa y hacerte creer que una compra impulsiva te va a ayudar cuando en realidad vas a sentir el efecto contrario: el remordimiento del comprador.

¿Quién hizo mi ropa?

El 24 de abril de 2013 en Rana Plaza, Bangladesh, colapsó el edificio en el que trabajaban más de 3500 personas para la industria de la moda y murieron 1138 de ellas. Este accidente no sólo se convirtió en uno de los más mortales de los últimos años, sino que marcó el inicio de medidas contundentes pero cuyo cumplimiento debemos seguir exigiendo.

A partir de este hecho surgió la campaña «Fashion Revolution», fundada por Carry Somers y Orsola de Castro, que sumó a profesionales de todo el mundo, desde diseñadores y fabricantes hasta consumidores. Su misión es concientizar para cambiar la manera en que se produce y consume la ropa, y crear una «industria limpia» en su más amplio sentido.

Con la intención de problematizar la industria de la moda, «Fashion Revolution» lanzó una campaña en redes para que las personas se tomen una selfie con la ropa al revés y la publiquen con la pregunta ¿Quién hizo mi ropa? etiquetando a la marca en cuestión y acompañada de los hashtags #WhoMadeMyClothes y #QuienHizoMiRopa.

Resistencia que incomoda

En este pantallazo por la industria de la moda se puso en debate el sistema por el cual se rige la moda rápida para cuestionar y concientizar sobre el hecho de que hay personas que están sufriendo el verdadero costo de una prenda barata. Como lo demuestra el documental «The True Cost», quienes pagan el precio de esta ropa son las poblaciones más vulnerables: mujeres y niños de los países más pobres del mundo.

Proponemos las voces de dos personas que están formándose como profesionales para el diseño de la indumentaria porque esto puede cambiarse, puede resistirse. Sol y Nina tienen ideas y proyectos a futuro que tendrán en cuenta valores éticos y sustentables, así como los tiene el slow fashion.

Nina quiere centrarse en la moda andrógina porque, para ella, hay una concepción errada sobre la idea de que la ropa de varón está hecha para varón y sólo ellos pueden usarla, pero la ropa no tiene género. Le gustaría que cualquiera use cualquier cosa que marque su estilo, que comuniquen algo con lo que se ponen y no sea porque «está de moda».

A Sol le gustaría producir una sastrería dirigida al público joven, que no esté tan cerrada a ámbitos formales o a la clase alta. Sería una reinvención de la sastrería para que les llegue a todxs. Además, quiere trabajar con talleres donde no se explote a personas y se usen materiales que no provoquen un impacto ambiental negativo.

Como ellas tienen sus sueños, hay muchas marcas en nuestro país que están cambiando la forma de pensar la moda y adaptarse al slow fashion (moda sostenible), que según la plataforma Moda para bien es una toma de conciencia y un enfoque de la moda que considera los procesos y los recursos necesarios para confeccionar prendas de vestir, con particular énfasis en la sostenibilidad. Se trata de comprar prendas de mejor calidad, que durarán más tiempo, y que valoren el trato justo de las personas, los animales y el planeta.

Algunos de sus principios son:

  1. HECHO A MANO/ARTESANAL: elaborado a través de técnicas tradicionales o manuales, sin que intervenga un proceso industrial. 
  2. INTERCAMBIO JUSTO: precios accesibles para consumidorxs y condiciones y pago justo para productorxs/trabajadorxs. 
  3. ECO-FRIENDLY/RECICLABLE: producción que no dañe el medio ambiente y preferentemente pueda ser reciclada o biodegradable. 
  4. LOCAL/NACIONAL: se apoya a la industria de moda nacional. 
  5. USADO/VINTAGE: el ciclo de esa prenda sigue y no se corta innecesariamente. 
  6. ORGÁNICO: similar al punto 3, se usan materiales orgánicos y ecológicos (tales como el bambú, el lino, o el algodón orgánico).

Te invitamos a reflexionar sobre las prendas que usás, a cuestionar, a preguntarte quién hizo tu ropa, a buscar alternativas y, si tenés un emprendimiento o conocés alguno, a comentarlo y compartirlo. La información es poder y entre todxs podemos resistir e incomodar a quienes nos imponen seguir un camino sin siquiera saber de dónde viene.

 

 


Fuentes:

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