Encadenadas a la libertad

Libertad e Independencia.

Libertad e independencia.

No, no es una dirección. Son las palabras que reiteraron en sus respuestas todas las integrantes del grupo de moteras «GNeras» cuando en una encuesta se les preguntó: «¿Qué es lo que más te gusta de andar en moto?».

¿Por qué? ¿Por qué les gusta tanto andar en moto? Tanto que empezaron a acercarse, a reunirse, a pensar en proyectos. Todo, ¿gracias a una moto?

No sólo ellas lo dicen. «El aumento está relacionado con la autonomía que desde hace unos años tiene la mujer y con la búsqueda, según sus posibilidades económicas, de un medio de transporte propio para no depender de otro. Lograrlo genera una libertad única», informa Luly Dietrich, fundadora y directora de Mujeres al Volante, una comunidad de mujeres que manejan y se interesan por los autos, motos y bicicletas.

Sin embargo, no se trata sólo de eso.

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Este grupo de moteras nació de una acción individual, pero por una necesidad colectiva. Hacia fines de 2017, la fundadora del grupo, Romi, participaba de un grupo de Facebook de motos, en su mayoría integrado por hombres. Allí notaba que las mujeres que subían fotos con sus motos pero con «demasiada ropa» eran calificadas de «tortas» o «machonas», y las que hacían preguntas sobre mecánica, de «taradas».

Con ya motivos suficientes para denunciar el machismo en ese espacio, algo más le hizo decir basta. En el grupo comenzaron a circular de mano de algunos usuarios videos e imágenes pornográficas sin reparo alguno de la existencia de le otre. Este hecho decantó en que se formara el grupo de GNeras, integrado únicamente por mujeres, para encontrar compañeras de ruta.

La idea tardó en prender. Al principio, el grupo era reducido y se organizaban encuentros en la costanera para conocerse en persona, charlar sobre motos y sobre las anécdotas recopiladas arriba de ellas. Con el tiempo, más fueron acercándose a participar. El factor común, además de ser mujeres, era que todas sentían un trato «diferencial» en el ambiente motero por cuestión de género.

Con el pasar de los meses, el grupo comenzó a tener mayor circulación y muchas mujeres se sumaron. Hoy, se trata de un colectivo de más de 50 mujeres conectadas por RRSS y Whatsapp.

Retrocedamos un poco. ¿Por qué una mujer tuvo que abandonar un grupo donde se interactuaba a partir de un interés común? ¿Por qué el 100% de las integrantes encuestadas refiere haber detectado machismo en el ambiente motero? Porque es una realidad, que hoy quieren poner en crisis desde la unión, con libertad, independencia y sororidad, y eso molesta.

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De hecho, en diciembre de 2018, el grupo decidió realizar un escrito pidiendo respeto y empatía con las mujeres moteras, a raíz de un mensaje que circuló un integrante en un grupo de Whatsapp donde llamaba a los hombres a «cuidarse de ayudar a las mujeres en cualquier circunstancia» e incluso a no contratar empleadas mujeres, por el peligro que representa para ellos ser acusados de acoso o abuso.

Mirando un poco alrededor, las moteras vieron que no se identifican con las fotografías comerciales de mujeres en moto, que los discursos que circulan en los grupos en los que participan no las representan, que en la calle los comentarios machistas están a la orden de día ante cualquier incidente de tránsito que las involucre.

Romi no se reconoce como feminista y aclara que su intención nunca fue hacer un grupo feminista de motoqueras pero, sin embargo, el contexto les permitió darse cuenta de que era momento de unirse, de no tolerar más el machismo y la misoginia. Pudieron, gracias a esa convocatoria individual, pensarse como mujeres entre los motores, las máquinas y los talleres, sin permitir que nadie se atreviera a opinar sobre cómo se ven arriba de una moto, cómo manejan o si están o no calificadas para opinar de mecánica.

Desde siempre, la mujer y las «máquinas» sólo tuvieron una relación lujuriosa. La mujer es el adorno perfecto para las carreras de TC, las presentaciones de vehículos y las publicidades de vehículos familiares.

Incluso las películas que quisieron hacernos creer que rompían con estereotipos no hicieron más que acentuar el costado más machista del mundo de los motores. Claro es el ejemplo de la saga Transformers, donde la coprotagonista es una femme fatale que conduce motos y autos, y tiene vasto conocimiento de mecánica pero aun así son infaltables las escenas donde despliega todo su encanto femenino para la tribuna de testosterona.

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Desde este colectivo, las mujeres empoderadas ponen un freno a estos estereotipos a través de la unión, la sororidad y la heterogeneidad que las caracteriza. Si sos mujer, andás en moto y querés sumarte, sos bienvenida. Ese es su lema, porque entendieron que cuidarnos entre nosotras es prioritario y que la lucha, con compañeras, será revolución.

Imagen de portada vía Revista Colombia

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