Escribir, un acto de resistencia a la muerte

Entrevista colaboración por Denise Griffith


Escribime, si aún pensás en el altruismo.

Y si se te apagan las velas,
si se terminan tus cervezas,
si no tenés con quién hacer la expedición
a aquel departamento.
Si precisás tomar café a la mañana.
Si existe sexo sin amor, y filtros en las palabras,
como primaveras.

Escribime si existe un margen para que el domingo

deje de ser un día suicida.

«Preferencias, Lado B» (fragmento)

Jazmin L. Rojas nació en septiembre de 1998, en Almirante Brown, Buenos Aires. Hoy reside en Temperley con un padre amoroso que la llena de comida tibia y canciones y visita a su madre, quien la espera con mate y galletitas. Disfruta de ser tía y amiga. Esta es su nueva vida después de la adolescencia y su desidia.

Con motivo de la publicación de su primer libro de poesía este año, desde la editorial Niña Pez, le hice algunas preguntas.

• El título del libro es «Escribir, un acto de resistencia a la muerte». ¿La escritura es un acto de resistencia a otras cosas también?

En principio, el título era «El arte es un acto de resistencia a la muerte». Por lo tanto, creo que cualquier forma artística lo es. Con la escritura, lo desarrollé más a nivel personal, de modo que creo que es subjetivo. En mi caso la escritura también representa una resistencia política, social, de cambio y de revolución.

• En el interior del libro se observan fotografías de personas y hay un foco hacia lo costumbrista y lo actual en tu poesía. ¿Qué otrxs autorxs de este estilo le recomendarías a quien disfrutó tu libro?

Recomendaría a Néstor Perlongher, por tener un estilo también «urbano» y ser inspiración para muchas de mis líneas. No me gusta caer en lo clásico, pero no puedo no nombrar a autores como Cortázar, Sábato, Galeano.
Además, recomendaría a mis compañeros autores de la editorial, donde hay excelentes títulos y material.

En la introducción decís «Escribo porque hay cosas que me duelen». ¿Cuándo descubriste que este era el camino para aliviar el dolor?

Creo que la escritura me descubrió a mí, más que yo a la escritura. Escribo desde que tengo uso de razón, así que no podría decir cuándo comenzó. Pero sí puedo decir cuándo se agudizó… Como dije en alguna parte del libro, esto nació por la falta de concentración estudiantil: siempre escribí en las horas libres del colegio, en la biblioteca.

Jazmín L. Rojas
«Soy una gran admiradora de los actos de resistencia, de cualquier índole».

• ¿Cómo manejás la intensidad en tu poesía, la dosis justa entre vida y muerte?

Me cuesta manejarlo, sinceramente. A veces me gana la dosis de muerte. Siempre digo que el camino del escritor es complicado, manejar los altos y bajos emocionales que nos dan. La capacidad de liberar el mejor material es dura de aceptar y reconocer. Creo que manejar la intensidad de la propia poesía es el camino más complicado en la vida de un escritor.

Últimamente, aprendí a darle su espacio a cada estadío, tanto la vida como la muerte. Respetar cuando el cerebro da impulsos de muerte, no dejar que me ganen, y disfrutar de cuando manda impulsos de plena vida.

Se ve que tus versos nacen de las entrañas y son transparentes, todo un acto de valentía. ¿Qué te motiva a ser fuerte y abrirte así en la escritura?

La motivación figura desde el título del libro: «resistencia». Soy una gran admiradora de los actos de resistencia, de cualquier índole. Abro las alas de mi poesía al mundo porque creo que es importante resistir, siempre. El poder intelectual generalmente está situado en el poder económico y mi motivación es demostrar que la clase trabajadora también tiene muchísimo potencial intelectual y emocional. La resistencia me hace fuerte. La que encontramos en la calle, en los poetas contemporáneos, en los músicos, las revistas, los movimientos sociales, de mujeres, de la juventud.

• ¡Cuánto amor hacia la música! También hacia las artes visuales. ¿Concebís a la literatura sin el acompañamiento de estas artes?

Sinceramente, no. Por lo menos en mi vida y mi crecimiento siempre vinieron de la mano. Siempre concebí a la música como una forma de poesía, desde los trece años cuando empecé con Spinetta, Charly García, Cerati, Piazzolla, y fue un gran descubrimiento literario para mí.

Esta introspección de «me leo mil quinientas veces al día», ¿la sentís conectada a tu escritura, al proceso de edición? ¿Sos muy crítica en ese sentido?

Sí, soy muy autocrítica y autoexigente. Me gusta leerme y corregirme, suelo leer muchos textos y poemas que escribí hace años y ver cómo cambió mi forma de entender las cosas, la vida, la muerte, el amor. Me siento conectada conmigo misma cuando compongo canciones, cuando escribo poemas, cuando leo el que fuera mi blog. Creo que parte del trabajo de autoaceptación del escritor se basa en leerse muchas veces, para descubrirse y mejorar.

Entre jóvenes se da mucho ir a slams de poesía, ¿participarías de uno?

Participé pocas veces, me gustan pero siempre fui muy tímida con respecto a mi obra. Me gusta mucho que existan estas movidas, porque a muchos jóvenes los ayuda a aceptarse y mostrarse en un entorno cálido y libre.


 

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