«A la vejez, Cilantro»: cómo repensarnos a través de amor

Cada sábado se apagan las luces y comienza la función. «A la vejez, cilantro» es una obra teatral para compartir, para divertirse mucho y también repensar un tema transcendental en la vida de todo ser humano: la vejez. Sea que nos falte mucho o poco, o porque tenemos pisando ese suelo a nuestros padres o abuelos, los textos y las actuaciones de esta obra no pasan inadvertidos: van variando entre la gracia y la sinceridad rotunda entre las amigas Marga y Ornella, que se encuentran en un geriátrico.

Ornella y Marga son dos mujeres que deben rondar la década número 7, o tal vez un poquito más. Son amigas de toda la vida, desde la escuela, y es allí en el geriátrico donde vuelven a encontrarse, donde son lo mejor que tienen ambas. Pero son muy distintas: Marga es una mujer que se considera de otra clase, con un apellido para repetir y sacar a relucir cuando algo no le gusta o no le cae en gracia. Ornella, en cambio, es una mujer honesta, que fue docente y que tiene una historia que contar.

Lo que ambas mujeres pudieron callar en otros momentos de su vida, ahora ya no lo quieren mantener guardado. «A la vejez, cilantro» es una comedia dramática con matices que sorprenden al público y es también un pequeño salvavidas para los tiempos que corren. ¿Por qué? Porque provoca las carcajadas en todo el público sin sacrificar los momentos que conmueven. Pareciera ser una obra pensada desde una historia mínima, desde esas personas que están ahí, que existen, que nos cruzamos todos los días y a veces no logramos ver.

A estas señoras que tanto divierten y conmueven las acompaña Elvirita, una enfermera joven que trabaja allí pero está estudiando porque quiere ser otra cosa. Es cómplice y al mismo tiempo muestra su costado pícaro, pero también deja ver lo que conlleva el trabajo de acompañar a personas mayores en un lugar así. Para completar el escenario se suma Lisandro, el nieto de una de ellas. Un hombre, al parecer, un tanto ortodoxo, metódico y con un dejo de misterio para descubrir.

Lisandro viene a mostrar un poco lo que hoy en día muchas mujeres queremos ir soltando. Cuando una no lo ve, la otra lo alerta: «Hay decirle a Lisandro, él tiene que saber», dice Elvira y le explica que si él no acepta las decisiones ajenas, o la vida tal como es, se va a quedar en el otoño (un lugar a dónde una de ellas manda a todas las personas y todos los recuerdos que no quiere en su vida).

Sobre todas las cosas, esta es una obra para repensar el amor, para pensarse dentro del amor y no por fuera. Tomar decisiones y aceptar las cosas como se dan. Que sea palpable el encuentro con otras personas y cómo eso alimenta toda nuestra historia. 

«A la vejez, cilantro» está hecha de forma autogestiva. Escrita y dirigida por Flavia Alcuaz (quien también se pone en los zapatos de Elvira), con asistencia de dirección de Fabián Asís, luces y sonido de Victoria Municoy y maquillaje a cargo de Carla Rod. Arriba del escenario están Graciela Rapaccini (Marga), Monona Candia (Ornella) y Adrián Flores (Lisandro).

Mañana es el último sábado de funciones programadas, pero ojalá se extienda. Son necesarios los refugios artísticos para hacerle frente a la realidad.

¿Cuándo? Sábado 22 de junio a las 21 h.

¿Dónde? CiPAE, calle 54 n° 1324, La Plata.

Valor de la entrada: $200.

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